Se cumplen 60 ańos del dia en que la Patria le ganó una crucial elecciňn a los partidos.
Aquel 24 de febrero del 46 el coronel Perón jugó con las reglas que le había impuesto el enemigo, pero logró asegurarse que el arbitro fuera imparcial.
Asi, con un aparato armado con saldos y retazos, en pocos meses, derrotó a la gran coalición sinárquica, integrada por casi todos y casi todo…poder mundial, políticos, dinero, prensa…
Aquel 24 de febrero se completň el ciclo triunfal de la Revolución Nacional, iniciado el 4 de junio de 1943, asumido y convalidado por el pueblo argentino el 17 de octubre de 1945.
Esas tres jornadas redentoras forman un solo e inseparable haz, siendo imposible entenderlas en toda su dimensiňn separadamente.
Como alguna vez nos explicaron que en política dos mas dos no son cuatro, nos permitěmos sumar 4 y 17 para alcanzar este 24…
Sabemos que el tema disgusta al democratismo tardío de la llamada -renovación peronista, deseosa de ocultar el verdadero origen del movimiento del que se sirvió, con el fin de ser bien recibida en los salones europeos de las internacionales partidarias y aprobada por los comisarios del -pensamiento politicamente correcto.
Todavía recordamos las palabras de Antonio Cafiero en la Constituyente del 94 aludiendo al 4 de junio como un golpe mas, magnificamente contestadas en aquella ocasión con el joven convencional Nuńez. Y ni que hablar de los Grosso, los Manzano, los Corach…y tantos otros alérgicos a la Revolución Nacional.
Pero fue Juan Domingo Perón quien siempre estableció sin dudas ni disimulos la correspondiente correlación entre estos tres hechos históricos.
En el magnifico discurso que propaló por radio -desde San Vicente- como cierre de la campańa del 46, afirmó -nosotros, los revolucionarios de junio, queremos dignificar la vida de la República.
Tras la portentosa victoria resolvió asumir el gobierno el dia 4 de junio, como homenaje a la revolución, lo que reiteró tras la reelección, en 1952.
Los ańos no cambiaron sus convicciones. En 1974, en su mensaje a la asamblea mundial de países no alineados reivindicó el origen juniano del movimiento.
Fue la Revolución la que dio fuerza y sentido a la histórica movilizacion que determinó aquel gran triunfo electoral.
La fórmula Perón-Quijano venció a sus contendientes en todo el pais, menos en San Luis, San Juan, Córdoba y Corrientes. La Capital Federal y la provincia de Buenos Aires fueron decisivas, mal que le pese a cierto revisionismo siempre dispuesto a criticar a -los porteńos.
También fue importante la incorporación al padrón de casi un millón de jóvenes qure votaron por primera vez. Sobre ellos trabajo intensamente la FUBA, controlada por los comunistas, pero también lo hizo la juventud nacionalista que había logrado un alto grado organizativo en la Alianza -ALN- la que solo en la ciudad de Buenos Aires contaba con mas de 20 fortines.
Eduardo Colom, uno de los primeros grandes dirigentes del peronismo -provenía del yrigoyenismo, por entonces director del diario La Epoca testimonió sobre la Alianza Libertadora Nacionalista: -el 12 de octubre (del 45) tuvo un papel destacado al obstaculizar la demostración oligárquico-comunista de plaza San Martín y evitar que gravitase en la solución del problema político e institucional planteado.
En ese acto, entre seńoras y seńorones platudos, el dirigente Peter pidió la horca para los peronistas y quienes los ayudaban.
El plan frustrado era tomar el Círculo Militar y luego la Casa de Gobierno, pero la decidida acción de los aliancistas -en total inferioridad numérica- arruinó estos propósitos de las tropas de Braden.
Unas semanas antes el tristemente célebre embajador norteamericano Spruille Braden, agasajado en el Plaza Hotel por la runfla democrática también atacó a la juventud nacionalista: -Hace algún tiempo, cuando el éxito parecía acompańar a los ejércitos nazis, el canciller de uno de los gobiernos satélites del Eje -el guaso se refería asi a la Argentina- se creyó en el caso de hacer méritos ante sus jefes extranjeros, y de pasada, hacer leńa de un arbol que él y los suyos creían ya caido. A tal efecto organizó una –espontánea- manifestación en contra de una de las Naciones Unidas. Seleccionó entre sus huestes a dos o tres centenares de nacionalistas y les dio la orden expresa de exigir con gritos, con insultos y con piedras la inmediata reintegración a la soberaněa patria de cierto famoso territorio… Asi se refirió a la Islas Malvinas. Los supuestos argentinos agasajadores aplaudieron a rabiar.
Braden era brutal pero tenía una gran garra política, que ya había demostrado al fogonear la guerra paraguayo-boliviana o al derrocar presidentes en centroamérica. El fue el virtual jefe de campańa de la Unión Democrática. Ademas, estaba en ganador por el triunfo aliado y creía que se llevaría todo por delante también aqui, por lo que el historiador Felix Luna lo motejó -el bůfalo. Su ayudante de campo, y para algunos su cerebro gris, era un republicano espańol que había peleado duro por el ejercito rojo en la guerra civil, de apellido Durán, a quien se seńalaba como uno de los que apretó el gatillo en el incidente del 17 de octubre en el que fue muerto el estudiante Darwin Passaponti.
El diario El Laborista lo acusň en su tapa con un título catastrofe: UN YANKI, UN ESPAŃOL Y UN CUBANO OGANIZAN LA GUERRA CIVIL EN LA ARGENTINA. Durán manejaba la conspiraciňn desde un cómodo departamento en Pueyrredón y French.
Pero, como suele suceder, detrás de todo estaba la inteligencia inglesa, por entonces también ocupada en terminar de armar la CIA. Gran Bretańa retiró su embajador en Buenos Aires el 30 de junio del 44 y con eso dio la seńal de largada del plan para desestabilizar a los revolucionarios de junio, el que culminó con los hechos de octubre del 45.
Un testimonio, insospechable de properonismo, como el del escritor y periodista Tomas Eloy Martinez (habitual columnista de La Nación) publicado en la década del 70 en La Opiniňn que dirigía don Jacobo Timmerman, dice esto sobre Braden: -Enfrente estaban Perón, los nacionalistas que habían defendido una neutralidad sospechosa, y la turba que solo entendía el lenguaje de los punteros de comité. Y estos también respaldaban a Braden. El bocado parecía de fácil digestión para el embajador.
Braden hacía campańa. En un acto en el Museo Social Argentino arremetió: -No existe un paěs en el mundo en que los nazis se encuentren tan fuertes como aquí. Horacio Rivarola, Carlos Saavedra Lamas, Adolfo Bioy, Leopoldo Melo y los generales liberales Rawson, Espíndola y Mohr estaban entre los que, regocijados, aplaudieron la infame chicana.
Meses despues, prudentemente retirado de Buenos Aires pero premiado con un cargo en el Departamento de Estado, desde el que seguía manejando a los dirigentes de la Uniňn Democrŕtica, Braden anunció sanciones económicas e intervención militar en la Argentina si ganaba Juan Perón.
En concordancia con el -búfalo, desde Buenos Aires, Alvaro Yunque, Sábato, Victoria Ocampo, Noble, Perette, Větolo (el que nos encajó el plan Conintes, como ministro de Frondizi) y muchos mas también pidieron publicamente a la ONU que -se bloqueara a la Argentina para extirpar de raiz el nazifascismo. Mas antipatria, imposible…
El 30 de enero del 46 los socialistas reafirmaron su definiciňn por la Unión Democrática.
En un acto en la Recoleta en homenaje a Aristóbulo del Valle, organizado por la Juventud del PS, el histriónico Alfredo Palacios -luego embajador de Aramburu y Rojas- recibió ovaciones cuando con voz cavernosa y enfática se dedicó a denigrar a Juan Perón.
Con las acusaciones de nazismo en realidad se buscaba demonizar al movimiento nacional para arrinconarlo y hasta justificar la eliminaciňn física de sus militantes.
En esta tarea andaba principalmente el Partido Comunista.
Fueron muchos los muertos en aquella campańa electoral, que se hizo a pulmón. No existían las empresas de pegadores de afiches y pintores de paredes. No había activistas rentados ni droga. Cada noche de aquel verano del 46 fue una batalla entre los defensores y enemigos del coronel.
El 9 de febrero del 46 la Unión Democrática proclamó su fórmula José Tamborini-Enrique Mosca -ambos radicales- en plaza Congreso. Alli se reunió una multitud pocas veces vista antes en Buenos Aires.
En el palco, sobre las escalinatas del palacio, un enorme cartel sentenciaba: POR LA LIBERTAD, CONTRA EL NAZISMO, firmado por la UCR, y los partidos Socialista, Comunista y Democrata Progresista.
Esa noche festejaron, ya que consideraban la demostraciňn el anticipo de la victoria.
Tres dias despues llegó la otra proclamación: Perón-Quijano. Este, don Hortensio, era un tranquilo correntino de Goya, radical de la linea de Marcelo Torcuato de Alvear, descendiente de argentinos que habían peleado braviamente por la patria en la Guerra del Paraguay.
La concentraciňn fue en el Obelisco.
Enfrente -sobre Cerrito- tenía su sede a medio terminar el Partido Laborista (la conocě en los ańos 60 y seguía en ese estado). También se reunió una multitud. Llovió, pero como golpeaba el calor la gente lo festejó: -Aunque caiga el chaparrón somos todos de Perón, improvisó el gentio.
Perón, que contra muchos pronósticos estaba seguro de su triunfo, adelantó una jugada: recibió a corresponsales de diarios norteamericanos y separ la política oficial de ese paěs de las acciones de Spruille Braden. The New York Times tituló al dia siguiente: -Perňn nos ofrece ahora un ramo de olivo.
Cabe anotar que un par de ańos despues casi Braden va a la cárcel, acusado por el implacable senador Mac Carthy de colaborar con el comunismo, en lo que no andaba muy descaminado…
Asi se llegň a un final que parecía ser -cabeza a cabeza. La prensa grande se jugó con todo en las últimas horas sin preocuparse por respetar la veda electoral.
El mismo domingo 24 Clarěn colocó en tapa una gran foto de Tamborini con la leyenda -La Constitución será mi guía de gobierno.
En la tarde anterior La Razón proclamó en su título central -mańana el pais votará por la libertad y la democracia. Y ya durante la jornada electoral Crítica lanzó ANTICIPASE UN APLASTANTE TRIUNFO DE LA DEMOCRACIA.
Gracias a Dios la victoria fue de la Patria…El 24 de febrero de 1946 triunfň -el enorme ejercito civil de la Nueva Argentina, como definiň el coronel Perňn en su memorable discurso de cierre de campańa.
Americo Rial
