Por: Luis Mayobanex Rodríguez (Fecha publicación:28/04/2003)
Pretextando la presencia de unos 53 dominicanos/as supuestamente comunistas,
en una insurrección popular de decenas de miles de combatientes, el gobierno
de los Estados Unidos invadió a la República Dominicana el 28 de abril del
1965, cuatro (4) días después de iniciado el movimiento civico-militar que
echo abajo el gobierno de facto encabezado por Donald Read Cabral.
El temor extremo al surgimiento de un fenómeno socio-político semejante al
conocido por la sociedad cubana en el 1959, junto a la naturaleza agresora y
expansionista del imperialismo, motivo en grado sustancial a la
administración encabezada por Lyndon B. Johnson a ordenar el desembargo de
la 82 División Aerotransportada y violar así, por segunda ocasión en el
siglo XX, la soberanía y la integridad territorial de la nación dominicana.
Mas que nada, la invasión norteamericana buscaba preservar su dominio sobre
nuestro suelo; reforzar y ampliar los intereses de clases propios y de la
reacción nativa y apuntalar la innominiosa condición neocolonial impuesta
históricamente a la nación.
En la política global estadounidense, la derrota del movimiento insurgente
dominicano se inscribía en una estrategia de desaliento, subyugación y
derrota de otros ensayos liberadores en gestación y/o en desarrollo en el
sub-continente.
Buscaban en las calles de Santo Domingo, a la vez que aniquilar el
movimiento patriótico y antiimperialista criollo, reafirmar su superioridad
política-militar frente a la insurgencia de Venezuela, Perú, Colombia y
Brasil, para solo hacer mención de algunos casos en los que el destino de
estos pueblos marchaba en la punta del fusil.
Además de abortar el mas genuino esfuerzo de nuestro pueblo por edificar su
propia democracia y forjarse su propio destino, la decisión de los EE.UU.
expresaba su inquebrantable voluntad de mantener bajo su esfera de
influencia, control y explotación una región política, económica y
geográficamente importante en su estrategia de dominación mundial, y en su
dinámica de disputa y confrontación con la ex-Unión Soviética.
Considerados en esta perspectiva, los acontecimientos que tomaban curso en
la capital de esa pequeña nación del Caribe adquirían una connotación
internacional y sus resultados, de alguna manera, impactarían en la
subjetividad del movimiento antiimperialista y de liberación nacional de
nuestro sub-continente.
El poderío militar norteamericano, a pesar de la valentía y la determinación
de lucha de nuestro pueblo, no solo impidió la reposición del gobierno
democrático depuesto el 25 de septiembre de 1963, sino que marcaría y
condicionaría el proceso de ‘negociación’ que se desarrollo y que buscaba,
tal y como lo logro, darle legitimidad a la acción emprendida por las tropas
de ocupación agrupadas en la Fuerza Interamericana de Paz.
En ese marco, tenemos que valorar la instalación del gobierno provisional
encabezado por Héctor García Godoy. Esta provisionalidad, iniciada el 3 de
septiembre de 1965, producto del Acta Institucional firmadas por las partes,
seria, en la palabra del Canciller del gobierno en armas Jottin Cury,
’sangrienta, pues bajo la encubridora tutela de las tropas extranjeras, y
amparados tras el pretexto de rencores latentes, grupos armados al servicio
de las fuerzas dominantes iniciaron una cacería despiadada, cayendo en ella
centenares de combatientes constitucionalistas’.
La represión de los combatientes de Abril, la no reintegración a las fuerzas
armadas de los ex-militares constitucionalistas y el exilio forzado o
voluntario de una parte del mismo, mostraba la determinación norteamericana
de destruir la expresión mas vibrante y combativa del pensamiento
antiimperialista, propósito que en cierta forma fue facilitado por una
temeraria conducta de los patriotas y revolucionarios dominicanos propia de
una táctica política ofensiva, lo que no reflejaba conciencia de que la
contrarrevolución se había impuesto y que tanto política como militarmente
las fuerzas revolucionarias habían sido derrotadas.
Como parte de los acuerdos derivados del proceso de negociación, el gobierno
de García Godoy montaría elecciones en un periodo no mayor de 9 meses. Estas
elecciones ‘libres y democráticas’, se realizarían bajo la presencia de las
tropas invasoras, ya que, y a pesar del reclamo del Gobierno Constitucional
presidido por el Coronel Camano Deno de que se retiraran antes de la
instalación del Gobierno Provisional, en el Articulo 10 del Acta
Institucional se estableció que, después de tomar posesión, ‘ el Gobierno
Provisional iniciaraSnegociaciones con la Décima Reunión de Consulta de
Ministros de Relaciones Exteriores, sobre la forma y la fecha del retiro de
la Fuerza Interamericana de Paz del territorio nacional’.
Es así como el 1ero. de julio de 1966, producto de un proceso electoral de
por si mediatizado y carente de contenido democrático, resultaría electo
como presidente de la República Dominicana Joaquín Balaguer, personaje que
desde el golpe de estado de 1963 constituía un componente esencial en la
estrategia de dominación de los Estados Unidos y en la nueva etapa histórica
que le tocaría vivir a nuestro heroico pueblo.
Una de las consecuencias mas visibles y trágicas de la intervención
norteamericana seria el diseño y aplicación, a través del gobierno que se
inauguraba, de una estrategia de contrainsurgencia que fragmentaria y
atomizaría el movimiento revolucionario dominicano. Como parte de esta
estrategia, millares de dirigentes, militantes y colaboradores de la causa
libertaria y emancipadora serian asesinados, decenas de miles encarcelados y
torturados y centenares de deportados durante 12 anos de gobiernos
ininterrumpidos de Balaguer.
En este tramo histórico de dolor, heroísmo y traición, los mecanismos de
inteligencia y de asesoría militar de los EE.UU. desempeñarían un papel
estelar, correspondiéndole a los aparatos represivos nacionales el
deshonroso papel de verdugos y ejecutores. Serian útiles, los primeros, en
el diseño de la política de división y represión del movimiento
antiimperialista nacional, a la vez que determinante en el necesario y
obligatorio proceso de recomposición de las Fuerzas Armadas y la Policía
Nacional. Su unificación, bajo el mando norteamericano y el anticomunismo
como doctrina, seria crucial para el desenvolvimiento del Estado como
mecanismo de control y dominación.
Con la instauración del gobierno de Balaguer la sociedad dominicana
conocería, además, de un enorme incremento en el volumen de inversión del
capital extranjero, particularmente norteamericano; un descarado saqueo de
las riquezas no renovables del país y un elevado nivel de explotación de una
amplia franja de su fuerza trabajadora.
La expansión que conoció el capitalismo en los anos posteriores a la Guerra
de Abril y el acelerado proceso de acumulación de bienes, capitales y
riquezas por los capitalistas extranjeros y la franja mas poderosa de la
burguesía criolla, así como la diversificación de sus inversiones, se hizo a
costa de un agravamiento en las condiciones de vida del pueblo trabajador.
De igual manera, en la invasión norteamericana y el reforzamiento de su
dominio y control sobre nuestra vida política, militar, cultural y económica
encontramos una razón fundamental del masivo proceso migratorio de los/as
dominicanos/as hacia distintas regiones y países del mundo, particularmente
hacia los Estados Unidos donde se ha establecido una comunidad que solo
desde el ángulo demográfico representa una de las mas grandes minorías.
38 anos después de la invasión, la presencia de Washington en nuestra vida
nacional prosigue siendo determinante. Políticamente la Embajada tiene la
ultima palabra en toda situación de crisis y en materia económica seguimos
sujetos a los dictámenes y orientaciones de los mecanismos financieros
internacionales controlados por los EE.UU..
La historia de intervención que arrastra nuestro pueblo, con su funesta
consecuencia, es una referencia a considerar al evaluar el comportamiento
actual del imperio hacia Irak. En este caso mas que Saddam Hussein, en el
nuestro fueron 53 supuestos comunistas, se busca controlar una nación con un
inestimable recurso natural y fortalecer la presencia política-militar en
una región esencial en el desenvolvimiento de la economía mundial.
Como en el ayer, EE.UU. usa el escenario particular de Irak para afirmarse
en la realidad mundial como la primera e inequívoca potencia militar y
proyectar, al mismo tiempo, una incuestionable voluntad de usar tal
condición contra quien ose disputar su supremacía.
En República Dominicana, en el 1965, en Irak en el 2003, la formula del
gobierno de transición, celebración de elecciones y escogencia libre de las
nuevas autoridades, así como la retirada paulatina de la parte mas visible
de las soldadesca invasoras, se repite; farsa que al final se convertirá en
tragedia.
Su imposición en el ayer y su presencia permanente, jamás suprimirán la
utopía de la igualdad ni el espíritu de rebeldía frente a la injusticia.




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