FAIR Fairness & Accuracy In Reporting, 20 de junio de 2003
Los programas de entrevista del domingo por la mañana como This Week de ABC o News Sunday de Fox a menudo ocupan las noticias durante días. Como importantes funcionarios gubernamentales predominan en las listas de invitados a los programas, ocurre a menudo que las ediciones del lunes de los principales periódicos informan sobre entrevistas realizadas en las charlas del domingo.
Lo interesante es que la edición de “Meet the Press” de NBC del 15 de junio fue poco usual por la poca sensación que provocó. El ex general Wesley Clark declaró al presentador Tim Russert que los funcionarios de la administración Bush se habían empeñado en una campaña para implicar a Sadam Husein en los ataques del 11 de septiembre -a partir de ese mismo día. Clark dijo que lo habían convocado el 11 de septiembre y lo habían presionado para que vinculara a Bagdad con los ataques terroristas, pero que se negó a hacerlo por falta de evidencia.
Sigue la trascripción del diálogo:
CLARK: “Hubo un esfuerzo concertado durante el otoño de 2001, que comenzó de inmediato después del 11-S, para culpar a Sadam Husein por el 11-S y el problema del terrorismo.”
RUSSERT: “De quién? ¿Quién lo hizo?”
CLARK: “Bueno, provino de la Casa Blanca, vino de la gente cercana a la Casa Blanca. Llegó de todas partes. Me llamaron el 11-S. Yo estaba en CNN, y me llamaron a mi casa diciendo: ‘Tienes que decir que esto está relacionado. Que es terrorismo de estado. Hay que relacionar esto con Sadam Husein’. Yo dije: ‘Pero - estoy dispuesto a decirlo, ¿pero qué evidencia tienen?’ Y nunca me la dieron.”
La afirmación de Clark confirma una noticia de Evening News de CBS que fue emitida el 4 de septiembre de 2002. Como informara el corresponsal David Martin: “Apenas cinco horas después de que el vuelo 77 de American Airlines se lanzara sobre el Pentágono, el secretario de defensa instruyó a sus colaboradores que comenzaran a pensar en un ataque contra Irak, aunque no existía ninguna evidencia que asociara a Sadam Husein con los ataques”. Según CBS, los apuntes de ese día de un asesor del Pentágono citan a Rumsfeld solicitando “rápido la mejor información posible” para “juzgar si valiese la pena atacar a SH al mismo tiempo, no sólo a UBL.” (Las iniciales SH y UBL, representan a Sadam Husein y a Osama bin Laden.) Las notas pasan luego a citar a Rumsfeld exigiendo, lo que no presagiaba nada bueno, que la reacción de la administración “sea masiva… que arrase con todo, lo que tenga que ver y lo que no.”
A pesar de lo que implicaba, el informe de Martin provocó sobre todo silencio cuando fue transmitido. Ahora, nueve meses más tarde, los medios informan sobre revelaciones dañinas respecto a la inteligencia de la administración Bush sobre Irak, pero siguen extrañamente poco inclinados a presentar materiales que sugieran que la información adulterada de los servicios de inteligencia -y por ello la guerra- podrían haber sido el resultado de un engaño deliberado, en lugar de pura incompetencia. El público merece un informe más detallado sobre el asunto.
Si desea alentar a los medios noticiosos a investigar esta historia, por favor vea la lista (en inglés) de FAIR Media en http://www.fair.org/media-contact-list.html
El engaño permanente
Alberto Piris
Estrella Digital
Las mentiras, engaños y falsedades en que se basó el gobierno de EEUU - y, con él, los fieles aliados que en las Azores apoyaron la señal de ataque - para invadir y ocupar Iraq, van saliendo progresivamente a la luz, como era inevitable. Sorprende la rapidez con que esto ocurre y también la insensibilidad de las opiniones públicas, incluida la española, al ir descubriendo la manipulación a la que sistemáticamente fueron sometidas, sin sentirse por ello indignadas y escarmentadas. El enorme poder de los grandes monopolios mediáticos ha contribuido a la aceptación pasiva de tan permanente engaño, aunque son algunos grandes diarios de EEUU y el Reino Unido los que han iniciado la campaña de desenmascaramiento.
Que los tapujos se vayan descubriendo es debido, sobre todo, a la incontinencia verbal de algunos altos cargos de la Administración Bush, cuya arrogancia les permite exponer con toda crudeza la realidad de los hechos. El Vicesecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, ha ayudado mucho a que se sepa algo de la verdad. Declaró, imperturbable, que la acusación de que Iraq poseía armas de destrucción masiva había sido una simple “excusa burocrática” para reforzar el apoyo popular a la guerra. No solo popular: el presidente del Gobierno de España lo creyó a pie juntillas y así lo manifestó en tono persuasivo en el Congreso de los Diputados. Wolfowitz dejó también claro que “la principal diferencia entre Corea del Norte e Irak es que económicamente EEUU no tenía otra opción en Irak, porque este país nada sobre un mar de petróleo.” No podía decirse con menos rodeos.
Pese a las afirmaciones de que el pueblo iraquí estaba esperando con ilusión la llegada de los libertadores estadounidenses, la realidad de los hechos fue muy distinta. Incluso hoy, transcurridos más de dos meses desde la toma de Bagdad, el Administrador norteamericano de Iraq, Paul Bremer, ha declarado que las dificultades para apresar a Sadam Husein o descubrir su cadáver están fomentando la resistencia armada a la ocupación. ¿Tan amado por su pueblo era el dictador? O más bien ¿no será que los acumulados errores de los ocupantes y su falta de previsión están haciendo que los iraquíes empiecen a echar de menos al sanguinario sátrapa? Porque es inconsistente la idea de que, liberados de un régimen dictatorial que no vaciló en asesinar a muchos ciudadanos, la sola esperanza del regreso de Sadam pueda inflamar a un pueblo y alzarlo en armas. A no ser que el desintegrado partido Baaz le produzca ahora la nostalgia de unas pasadas condiciones de vida mejores que las que tiene bajo la ocupación militar de EEUU y las inciertas perspectivas que ésta ofrece. Lo que sería una sangrante paradoja, difícil de explicar en Washington.
El Pentágono había planeado bastante bien su guerra, a pesar de algunos contratiempos iniciales. El éxito militar final lo ha confirmado, como era de esperar, dada su aplastante superioridad. Pero olvidó prever lo que habría que hacer después, aparte de asegurar los suministros petrolíferos. Uno de sus altos funcionarios ha declarado: “Estos tipos [los combatientes irregulares iraquíes] están aumentado su resistencia, se están haciendo molestos y hay que preguntarse qué es lo que les impulsa”. ¿Por qué no se lo preguntaron antes de iniciar la invasión? La arrogancia del poder incuestionable puede llegar a cegar a quienes todo lo confían a la fuerza abrumadora de sus armas.
Aun cuestionados por una polémica en tono menor, surgida en el Congreso de EEUU, los beneficios empresariales que producirá la ocupación de Iraq también van saliendo a la luz. La reconstrucción de lo destruido va a suponer enormes ingresos, de cuantía suficientemente imprecisa, de los que se aprovecharán sobre todo dos empresas estadounidenses, vinculadas con el Gobierno. La extracción de petróleo ha comenzado esta semana, y con tal motivo se pone fin al programa de la ONU “petróleo por alimentos”, del que se venían lucrando bastantes empresas rusas, chinas y francesas. Los vencedores militares lo quieren todo y exigen también el monopolio de las ganancias empresariales: todo para EEUU. Y algunas migajas para ciertos aliados que a ellas se han hecho merecedores.
Ciertos indicios empiezan a apuntar peligrosamente a Irán, país contra el que se están dando ya algunos de los primeros pasos que condujeron a la invasión de Iraq. ¿Se repetirán los mismos engaños y las mismas mentiras? Para que resulten de nuevo creíbles habrá que seguir insistiendo en la vigencia de esa guerra contra el terrorismo que proclamó Bush, sin fin previsible, a cuyo conjuro cesa toda crítica y se exalta la unidad ciega de todos tras el gobierno que se arropa en la bandera y convoca a la defensa de la patria. El resultado parece evidente: la guerra permanente requerirá el engaño permanente.
* General de Artillería en la Reserva. Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM). albepir@mundofree.com
General de EE.UU. condena los fracasos en Irak
Ed Vulliamy
The Observer
Una de las personalidades más experimentadas y respetadas en una generación de guerra y mantenimiento de la paz acusó ayer a la administración de EE.UU. de “no haberse preparado para las consecuencias de la victoria” en Irak.
A fines de una semana que vivió el desarrollo de una guerra de desgaste contra los militares de EE.UU. el general William Nash declaró a The Observer que EE.UU. había “perdido su oportunidad” después de derribar el régimen de Sadam Husein y que se estaba embarcando en un gasto a largo plazo de personal y dólares para el que no se había preparado.
“Es un esfuerzo que no fue comprendido, para comenzar, por la administración”, dijo.
El general de división William L. Nash, U.S. Army, es el general comandante en retiro de la 1ª. División Blindada.
Nash sirvió en la guerra de Vietnam y en la Operación Tormenta del Desierto (la primera Guerra del Golfo) antes de llegar a comandante de las fuerzas de EE.UU. en Bosnia y ser luego un celebrado administrador de Asuntos Civiles de la ONU en Kosovo.
Actualmente es miembro sénior del Consejo de Relaciones Exteriores en Washington, especializado en la prevención de conflictos.
En una de las críticas más abiertas provenientes de una persona de su posición, Nash dijo que EE.UU. “no ha comprendido la mentalidad y las actitudes del pueblo iraquí y la profundidad de la hostilidad hacia EE.UU. en gran parte del país”
“Va mucho más allá y es más profundo que sólo las consecuencias de la guerra”, agregó. “Proviene de 12 años de sanciones, Israel y los palestinos, y de una cantidad de temas.”
Como resultado, dice, “ahora vemos la reaparición de una oposición militar razonablemente organizada -en pequeña escala, pero podría escalar.”
No bastó que EE.UU. presumiera que las fuerzas que ahora están acosando y matando a soldados estadounidenses se limitaban necesariamente a lo que llamó un residuo del régimen de Sadam. “Lo que confrontamos hoy en día es una confluencia de varias fuerzas que canalizan el descontento del pueblo”, dijo Nash.
“No se puede saber quién está tras la última granada lanzada por cohete. Podría ser un padre cuya hija ha sido matada, o podría ser un líder político que trata de conquistar partidarios, o podría ser lo que queda de Sadam. De todas maneras, están comenzando a converger.”
Dijo: “la oportunidad que ocurrió con la caída de Sadam no fue aprovechada en términos de establecer la estabilidad”.
“En toda la región -e Irak es típico- existe la idea de que EE.UU. puede hacer lo que le dé la gana. Así que si EE.UU. decide proteger los campos petrolíferos y el ministerio del petróleo, puede hacerlo.
“Y si EE.UU. no suministra electricidad y agua, o no protege los suministros médicos, es porque no quiere hacerlo o no le importa.”
Nash no quiere hacer comparaciones con Vietnam: “Hay muchas más cosas que eran diferentes en Vietnam que similitudes. Con la excepción, tal vez, de la palabra ‘atolladero’. Tal vez es lo único que es idéntico.”
Nueva York, 22 de junio de 2003
© Guardian Newspapers Limited 2003




0 responses so far ↓
There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.
You must log in to post a comment.