Altermedia Castellano
Altermedia Castellano: In a time of universal deceit, telling the truth is a revolutionary act. (George Orwell)


Conexión EE UU-Irak-Israel-Sionismo

26/1/2005 12:06 am · Post your comment (No Comments)

¿Por qué fue EEUU a la guerra contra Irak en marzo de 2003 con proyectos más amplios para atacar a Siria, Irán y probablemente al Líbano? Ninguna de las justificaciones dadas hasta entonces proporcionó la más mínima prueba. No se descubrieron armas de destrucción masiva. No ha sido establecido ningún lazo entre Irak y Al Qaeda. No existía ninguna amenaza para la seguridad estadounidense. Muchos de los aliados estadounidenses pasados y presentes tienen historiales de derechos humanos iguales o peores que los de Irak. La guerra, conquista, ocupación, matanzas y vil tortura sistemática y encarcelamiento de miles de iraquíes han suscitado la hostilidad e indignación de cientos de millones de cristianos, musulmanes y librepensadores de todo el mundo, desacreditando completamente a todo el establecimiento político de Washington y del exterior. Las compañías petroleras estadounidenses no han podido beneficiarse ante la creciente resistencia anticolonial, sus inversiones por todo el Oriente Medio y Asia Central Meridional están bajo sitio. Los países de la OPEC rechazaron durante algún tiempo las presiones estadounidenses y de la UE para bombear más petróleo a fin de bajar su astronómico precio – en parte como respuesta hostil a la invasión estadounidense de Irak.

¿Quién se benefició entonces de la guerra estadounidense? Examinando los beneficiarios podemos tener una idea de quién tenía motivos para promover este crimen contra la humanidad. El único beneficiario principal de la guerra es el Estado de Israel, que logró que EEUU destruyera a su adversario árabe más consistente en Oriente Medio - el régimen que prestaba más apoyo político a la resistencia Palestina. Junto con Irán y Siria formaban el mayor obstáculo a los planes expansionistas israelíes para expulsar a los palestinos y conquistar y ocupar toda Palestina. El plan para “democratizar” Oriente Medio propuesto por los sionistas estadounidenses en el gobierno significaba en esencia un control conjunto por EEUU e Israel de todo Oriente Medio por medio de una serie de guerras.(1)

¿Cuáles eran los obstáculos para un Gran Israel? En primer lugar la Intifada, el levantamiento de los palestinos que rechazaron ser expulsados de su país y lograron infligir pérdidas al impostor Pueblo Elegido de Dios (Israel es según la ley un estado exclusivamente judío, habitado por inmigrantes principalmente de Europa y sus hijos, y gobernado mediante el dogma religioso exclusivista). En Segundo lugar Hizbollah había infligido una derrota estratégica militar y política a Israel, forzando a Israel y a sus aliados clientes mercenarios cristianos Maronitas libaneses a evacuar el sur del Líbano. En tercer lugar Irak, Irán y Siria, los tres países que eran más consecuentes en su oposición a la anexión y dominación regional israelí, estaban desarrollando lazos económicos y políticos con multitud de países y sobre todo, en lo que respecta a los contratos de petróleo, firmando acuerdos comerciales y de explotación con Japón, China, Rusia así como con corporaciones de Europa Occidental. Las esperanzas de Israel para compartir la co-prosperidad de la esfera económica de dominación de Washington basada en los serviles regímenes árabes clientelares eran cada vez más dudosas. En cuarto lugar el régimen iraquí se estaba recuperando lentamente, a pesar de la década de boicot estadounidense-europeo y su agresión militar constante. Con el tiempo agotándose, los israelíes y sus agentes sionistas en la administración de Bush se percataron de que estaba en el horizonte un acuerdo para terminar el boicot y normalizar las relaciones con Irak. Finalmente, había una profunda crisis interna en Israel sobre el coste económico y la inseguridad personal que conllevaba la política de asentamientos criminales y represión salvaje en los territorios ocupados. La emigración de Israel superaba a la inmigración, su política de bienestar judío estaba hecha cisco, y cientos de reservistas en activo rehusaban prestar servicio militar en la sucia guerra colonial.

Una serie de guerras estadounidenses contra regímenes independientes árabes, empezando por Irak, entraba claramente dentro de los intereses del estado israelí y así fue percibido por el régimen de Sharon, su policía secreta (Mossad), el ejército israelí y los sionistas derechistas que ocupaban puestos influyentes en Washington.

¿Cómo consiguió el estado israelí influir sobre el estado imperial estadounidense para que librara una serie de guerras, que pondrían en peligro sus propios intereses económicos y de seguridad imperiales, y promoverían los de Israel?

La respuesta más directa se encuentra en el papel desempeñado por funcionarios clave pro sionistas en y alrededor de los puestos de estrategia política más importantes de la administración de Bush. Estos funcionarios estadounidenses desde antiguo mantenían lazos ideológicos y políticos con el estado israelí, incluso en puestos de asesoramiento político. A lo largo de la mayor parte de sus carreras políticas se habían dedicado a fomentar los intereses estatales de Israel en EEUU. Aunque el diseño y la ejecución de la estrategia bélica estadounidense estaban en manos de militaristas civiles sionistas del Pentágono sólo lograron tener éxito gracias al poderoso apoyo ejercido por los acólitos de Sharon en las principales organizaciones judías estadounidenses. Los Presidentes de las principales organizaciones judías, la Liga Anti-difamación, AIPAC, y millares de sus activistas - doctores, dentistas, filántropos, agentes inmobiliarios, financieros, periodistas, magnates de los medios y académicos - actuaron concertados con políticos clave judíos e ideólogos para presionar a favor de la guerra, porque según aducían, estaba en el interés del estado de Israel destruir a Saddam Hussein y el aparato de estado del secular Partido Baaz.

ISRAEL Y EEUU: UNA RELACIÓN ÚNICA

Las relaciones US-Israel han sido descritas de diversas maneras. Los políticos se refieren a Israel como el aliado más confiable de Estados Unidos en Oriente Medio, si no en el mundo. Otros hablan de Israel como un aliado estratégico. Algunos hablan de que Israel y Estados Unidos comparten valores democráticos comunes en la guerra contra el terrorismo. Los críticos de la izquierda, hablan de Israel como de un instrumento del imperialismo estadounidense para minar el nacionalismo árabe, y un baluarte contra el terrorismo fundamentalista islámico. Unos pocos escritores señalan la “excesiva influencia” que los gobiernos israelíes ejercen sobre la política del gobierno estadounidense por medio de poderosos grupos de presión e individuos judíos en los medios de comunicación, círculos financieros y gubernamentales.

Aunque hay algo de verdad en la mayor parte de lo anteriormente expuesto, existe un aspecto único en esta relación entre una potencia imperial como EEUU y una potencia regional como Israel. A diferencia de la relación de Washington con la UE, Japón y Oceanía, es Israel quien presiona y consigue la transferencia enorme de recursos financieros (2,8 mil millones de dólares por año, 84 mil millones de dólares en 30 años) (2). Israel consigue el armamento más moderno y transferencias de tecnología, la entrada irrestricta en los mercados estadounidenses, la entrada libre de inmigrantes, el compromiso incondicional del apoyo estadounidense en caso de guerra y represión del pueblo colonizado y los vetos estadounidenses garantizados contra cualquier resolución de las Naciones Unidas.

Desde el ángulo de las relaciones interestatales, es el más pequeño poder regional que extrae tributo del Imperio, un resultado de apariencia única o paradójica. La explicación de esta paradoja se encuentra en el poderoso e influyente papel de los judíos pro Israel en sectores estratégicos de la economía estadounidense, partidos políticos, Congreso y Poder Ejecutivo. El equivalente más cercano respecto de antiguos imperios pasados es el de influyentes colonos blancos de las colonias, que por sus vínculos con la metrópoli eran capaces de conseguir subvenciones y relaciones comerciales especiales.

Los “colonos” israelíes en Estados Unidos han invertido y donado miles de millones de dólares a Israel, en algunos casos desviando fondos de las cuotas sindicales de trabajadores mal pagados, para comprar bonos israelíes utilizados para financiar nuevos asentamientos coloniales en los territorios ocupados. En otros casos judíos fugitivos del sistema judicial estadounidense han recibido protección del estado israelí, sobre todo estafadores financieros súper ricos como Mark Rich y hasta gángsteres y asesinos. Las ocasionales peticiones oficiales de extradición del Ministerio de Justicia estadounidense han sido intencionadamente ignoradas.

El imperio colonizado se ha salido de su ruta para encubrir su subordinación a su supuesto aliado pero, de hecho, poder hegemónico.

La relación US-israelí es la primera de la historia moderna en la cual el país imperial encubre un importante asalto militar deliberado de un supuesto aliado. En 1967, el ‘USS Liberty’, un barco de reconocimiento y comunicaciones, fue bombardeado y ametrallado por aviones de combate israelíes en aguas internacionales durante casi una hora, matando e hiriendo a cientos de marineros y oficiales. Los mensajes israelíes interceptados así como la bandera estadounidense que ondeaba claramente prueban que fue un acto deliberado de agresión. Washington actuó como lo haría cualquier líder del Tercer Mundo que afronta un ataque embarazoso de su hegemón: Hizo callar a los oficiales navales testigos del ataque y discretamente recibió una compensación y disculpa pro forma. Aparte del hecho de que se trató de una acción sin precedentes en las relaciones militares y diplomáticas estadounidenses con un aliado, no hay ningún caso en la historia de un país imperial que encubra un asalto efectuado por un aliado regional (3). Por el contrario, circunstancias similares han ido seguidas de respuestas diplomáticas y bélicas. Esta anomalía aparente no puede de ningún modo ser explicada por debilidad militar o fracasos diplomáticos: Washington tiene armas muy superiores y sus diplomáticos pueden ejercer representación poderosa ante aliados o adversarios, cuando existe voluntad política. El lobby judío-americano, gente del Congreso, los medios de comunicación y los magnates de Wall Street estratégicamente situados en el sistema político económico estadounidense lograron que el Presidente Johnson actuara como un sujeto dócil. No fue necesaria ninguna presión directa para que un mando político hegemonizado actuara, aparentemente según sus propias estimaciones, habiendo aprendido las reglas del juego político. La de Israel-EEUU es una relación única que ni incluso un ataque militar no provocado podría poner en cuestión. Como todos los poderes hegemonizados, Washington amenazó a los testigos navales estadounidenses con un consejo de guerra si hablaban, en tanto mimaba a sus atacantes de Tel Aviv (4).

Otro ejemplo de la relación asimétrica se encuentra en uno de los casos de espionaje más importantes habidos durante la Guerra Fría, en el que estuvo implicado un agente israelí, Jonathan Pollard y el Pentágono. Durante varios años Pollard robó y duplicó sacos de documentos confidenciales sobre el espionaje, contraespionaje, planes estratégicos, armamento militar estadounidenses y los entregó a sus tratantes israelíes. Este fue el mayor caso de espionaje realizado contra EEUU por ningún aliado en la historia reciente. Pollard y su esposa fueron condenados en 1986. El Gobierno estadounidense protestó en privado al gobierno israelí. Los israelíes por otra parte, a través de sus aliados judío-americanos organizaron un grupo de presión para que hiciera propaganda a su favor. Finalmente todos los altos mandos israelíes y los cabilderos judío-americanos hicieron campaña a favor de su perdón, y casi lo lograron con el Presidente Clinton.

La desigual relación es claramente evidente en el caso de un importante fugitivo de la justicia, Marc Rich. Financiero y comerciante, fue procesado por la Corte Federal de EEUU por varios casos de estafa y fraude a clientes. Huyó a Suiza y posteriormente obtuvo pasaporte y ciudadanía israelí, invirtiendo enormes sumas de su mal ganada fortuna en industrias israelíes e instituciones benéficas. A pesar de la gravedad de los cargos, Rich se codeó con los líderes políticos más importantes de Israel y su élite económica. En el año 2000, el Primer Ministro de Israel y numerosas personalidades judías pro israelíes, incluida la ex esposa de Rich convencieron a Clinton de que lo perdonara. Aunque se levantó un clamor sobre la conexión entre el perdón de Rich y los más de 100.000 dólares de contribución de su esposa al Partido Demócrata, la subyacente relación de subordinación a la influencia israelí y el poder del cabildeo israelí en Estados Unidos fueron claramente más importantes. Vale la pena observar que es extraordinariamente insólito que un Presidente estadounidense consulte a un gobernante extranjero (como consultó Clinton a Barak) en relación con un acusado de estafa. Es algo sin precedentes perdonar a un fugitivo procesado que huyó de su proceso y nunca cumplió pena alguna.

El poder de Israel se manifiesta en las numerosas peregrinaciones anuales que los políticos influyentes estadounidenses hacen a Israel para declarar su lealtad al estado israelí, incluso durante períodos intensivos de represión de la gente rebelde sometida (5). Por el contrario, los sátrapas estadounidenses del mini-imperio israelí aplaudieron la invasión de Líbano por el estado judío, su sangrienta represión de las Intifadas I y II y se opusieron a cualquier mediación internacional para impedir más masacres israelíes, sacrificando la credibilidad de las Naciones Unidas.

En las votaciones de Naciones Unidas, incluso en el Consejo de Seguridad, a pesar de las aplastantes pruebas de violaciones de derechos humanos presentadas por la aliada UE, Washington ha trabajado duramente en servicio de su hegemón. Sacrificando la credibilidad internacional y enajenando deliberadamente a otras 150 naciones Washington etiquetó las críticas al racismo israelí como “antisemitismo”. Esto no marca el punto culminante del servilismo de Washington a Israel.

El caso más reciente y quizás el más importante de servilismo estadounidense ocurrió en los meses anteriores y posteriores al ataque del 11 de setiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El 12 de diciembre de 2001 Fox News se enteró, por fuentes del espionaje estadounidense e investigadores federales, de que 60 israelíes dedicados durante mucho tiempo a espiar a funcionarios del gobierno estadounidense estaban detenidos desde el 11-S. Muchos de los detenidos eran militares israelíes en activo u operativos del espionaje israelí. Fueron arrestados bajo la ley antiterrorista ‘Patriot’. Muchos fallaron las preguntas del polígrafo relativas a actividades de vigilancia en contra y en el interior de los Estados Unidos. Pero lo que es más grave, investigadores federales tienen razones para creer que los operativos israelíes recabaron de antemano inteligencia sobre los ataques del 11-S y no la compartieron con su aliado de Washington. El grado de participación israelí en el 11 de setiembre es un secreto celosamente guardado. Un investigador federal muy bien situado le dijo a Fox News que existen “relaciones”. Cuando le pidieron que proporcionara detalles, el investigador federal se negó “Las pruebas que vinculan a estos israelíes con el 11-S son material clasificado. No puedo hablarle acerca de las pruebas que han sido recogidas. Es información clasificada (6).”

Nada ejemplifica el poder de Israel sobre Washington como este caso de espionaje israelí. Incluso en el caso del peor bombardeo de la historia de EEUU, Washington suprime pruebas recogidas federalmente que vinculan a espías israelíes conocidos con posibles evidencias de conocimiento previo. Estas pruebas podrían claramente suscitar preguntas sobre los vínculos y lazos entre élites políticas y económicas así como minar relaciones estratégicas en Oriente Medio. Lo que es más importante, abocarían al gobierno de Bush contra el cabildo judío-americano y sus poderosas redes informales y formales en los medios de comunicación, finanzas, y en el gobierno. Fox News obtuvo numerosos documentos clasificados de investigadores federales probablemente frustrados por los encubrimientos del espionaje israelí por parte de líderes políticos de Washington. Estos documentos desenterrados por Cameron revelan que incluso antes del 11-S, por lo menos otros 140 israelíes habían sido detenidos o arrestados en una investigación secreta de espionaje israelí a gran escala y durante mucho tiempo en EEUU. Ni uno solo de los principales medios de información impresos o electrónicos informó sobre estas detenciones. Ni el Presidente ni ningún líder del Congreso hablaron claro sobre el penetrante y sostenido esfuerzo israelí para obtener información clave militar y de espionaje estadounidense.

Los documentos clasificados detallan “cientos de incidentes en ciudades y pueblos de todo el país” que, según indican los investigadores, podrían ser una actividad organizada de los israelíes para recabar inteligencia. Los agentes israelíes tomaron como objetivo y se infiltraron en bases militares, Administración de Vigilancia de Drogas, FBI y docenas de instalaciones gubernamentales e incluso oficinas secretas y casas particulares no declaradas del personal de seguridad y de inteligencia, según indican los documentos Federales citados por Fox News. El documento de la General Accounting Office (un brazo indagatorio del Congreso estadounidense) refiriéndose a Israel como “País A”; decía “el gobierno del País A está llevando a cabo la operación más agresiva de espionaje contra EEUU que ningún otro aliado estadounidense.” Un informe de Defense Intelligence decía que Israel tiene “apetito voraz por información… De modo agresivo recopila tecnología militar e industrial y EEUU es alta prioridad.”

El informe de Fox News escrito por Carl Cameron apareció brevemente en el sitio de Fox News en Internet (12 diciembre 2001) y luego desapareció - no hubo seguimiento. Ninguno de los otros medios de comunicación de masas recogió este importante informe de espionaje. Sin duda poderosas influencias pro israelíes en los medios de comunicación tuvieron que ver con ello. Más que por “presión” directa, la hegemonía israelí “persuade” e “intimida” considerablemente a los medios y a los líderes políticos para que funcionen con la máxima discreción con el fin de limitar los reportajes sobre la apropiación de información estratégica por parte de Israel.

Aunque la red de agentes israelíes está a veces sujeta a detención, interrogación y expulsión, el estado israelí y los ministros responsables jamás son condenados públicamente, ni tampoco hay ninguna respuesta diplomática oficial como la retirada simbólica temporal del Embajador estadounidense.

El símil más cercano al comportamiento estadounidense hacia los espías israelíes es la respuesta al espionaje estadounidense por parte de los países tercermundistas pobres y dependientes. En ese contexto los dóciles gobernantes calladamente piden al Embajador que modere a algunos de los agentes más agresivos.

Pregunta sin Contestar: El 11 de septiembre y los israelíes

Después de setiembre circularon rumores por todo el Oriente Arabe de que el bombardeo fue un complot israelí para incitar a Washington a que atacara a adversarios Musulmanes Arabes. Estas historias y sus autores no proporcionaban nada más que pruebas circunstanciales, a saber, que la campaña antiterrorismo de Bush legitimaba la represión “antiterrorista” de Sharon hacia los Palestinos. Las historias que implicaban a Israel fueron desestimadas por completo por todos los medios de comunicación y líderes políticos de todo el espectro. Ahora los investigadores federales estadounidenses revelan que los israelíes pueden haber sabido del ataque antes de que ocurriera y no lo comunicaron.

Esto plantea la cuestión de las relaciones entre los terroristas árabes y la policía secreta israelí. ¿Infiltraron el grupo los israelíes o recabaron información sobre ellos? (7) La información confidencial de los investigadores federales probablemente podría aclarar estas preguntas vitales. Pero, ¿se hará alguna vez pública la información confidencial? Lo más probable es que no. Por la misma razón que ello expondría la influencia israelí en EEUU a través de sus agentes secretos y lo que es más importante a través de su poderoso grupo de presión extranjero y aliados en el gobierno y las finanzas. La ausencia de declaraciones públicas sobre el posible conocimiento del 11-S por parte de Israel es indicativa de la vasta, ubicua y agresiva naturaleza de sus poderosos partidarios de la Diáspora (8). Considerando la enorme importancia política y económica que los medios de comunicación han dado al 11-S, y los arrolladores poderes, financiación e instituciones creadas sobre el tema de la seguridad nacional, es asombroso que no se haya hecho ninguna mención sobre las redes de espionaje de Israel que operan en las esferas más delicadas del contraterrorismo de Estados Unidos.

Desde luego no es asombroso si entendemos correctamente la “relación única” entre el imperio estadounidense e Israel, un poder regional.

Cuestiones Teóricas

La relación entre EEUU -una potencia imperial global- e Israel, un poder regional, nos proporciona un modelo único de relaciones interestatales. En este caso el poder regional exige tributo (2,8 mil millones de dólares anuales en contribuciones directas del Congreso estadounidense), libre acceso a los mercados estadounidenses, protección de procesamiento o extradición a EEUU de criminales judíos extranjeros, mientras se dedica al espionaje intenso y al blanqueo de dinero. Además Israel establece límites a la política estadounidense sobre Oriente Medio, en los foros internacionales. La posición hegemónica de Israel ha durado, tanto bajo presidencias Demócratas como bajo Republicanas, durante casi medio siglo. En otras palabras es una relación estructural histórica, no basada en personalidades, o en configuraciones particulares transitorias de estrategia política.

Varias hipótesis surgen de un examen de esta relación única.

La primera se deriva del hecho de que el estado territorial israelí tiene poco poder de persuasión, alcance económico o poder militar en comparación con las mayores potencias (Europa y EEUU). El poder de Israel está basado en la Diáspora, las muy estructuradas y políticamente y económicamente poderosas redes judías que tienen acceso directo e indirecto a los centros de poder y propaganda del país imperial más poderoso del mundo. El tributo es exigido por medio de la influencia de estos “colonialistas internos” que funcionan en el nivel de formadores de opinión de los medios de comunicación y a través del Congreso y la Presidencia. Cerca del 50 % de la financiación del Partido Demócrata proviene de judíos pro-israelíes. Por cada dólar gastado por las redes judías en influenciar los resultados del voto, el estado israelí recibe 50 dólares en ayuda para financiar la construcción y el armamento del asentamiento colonial en los Territorios Ocupados completo con piscinas, jardineros Rumanos y criadas Filipinas.

Por medio de las redes extranjeras el estado israelí puede intervenir directamente y establecer los parámetros de la ayuda externa estadounidense en Oriente Medio. Las redes exteriores desempeñan un papel principal en la formación del debate interno sobre la política estadounidense hacia Israel. La propaganda asociando la represión israelí de los Palestinos como respuesta correcta de las víctimas del Holocausto ha sido repetida y difundida por todas partes en los medios de comunicación. Desde las alturas de la red a la sala de juntas de abogados, y la sala de espera del doctor los miembros de la red atacan agresivamente tildando de “antisemita” a cualquier voz crítica. Por intimidación local e intervención maliciosa en las profesiones, los fanáticos defienden la política israelí y sus líderes y aportan dinero, organizan a los votantes y se presentan a las elecciones. Una vez llegan al poder sintonizan con las necesidades políticas israelíes.

El fenómeno de expatriados extranjeros intentando influir sobre un poder imperial no es un fenómeno exclusivamente judío. Los cubanos exiliados en Miami ejercen importante influencia sobre los dos partidos principales. Pero en ningún otro caso ha llevado dicha vinculación al establecimiento de una relación hegemónica duradera: Un imperio colonizado por un poder regional, los Estados Unidos pagando tributo a Israel y sujetos a las anteojeras ideológicas de sus colonos extranjeros.

Muchas cuestiones siguen pendientes de respuesta mientras el imperio prosigue agresivamente su expansión militar y las voces internas de la represión estrechan los términos del debate público.

A medida que los colonos extienden su influencia por todas las esferas políticas e intelectuales, se sienten más confiados en la afirmación de la superioridad de Israel sobre Estados Unidos en particular en las áreas de coacción política y guerra. Se jactan descaradamente del superior sistema de seguridad de Israel, de sus métodos de interrogatorio incluidas sus técnicas de tortura y exigen que EEUU siga el plan de guerra de Israel en el Oriente Medio. Israel ha reconocido, sancionada por el estado, la tortura física y mental de los presos en interrogatorios, que cuenta con amplio apoyo público (9).

Seymour Hersh urge a que el FBI y las Agencias estadounidenses de Inteligencia sigan las tácticas de la policía secreta israelí y usen o amenacen usar la tortura de miembros de la familia de sospechosos de terrorismo (10). EEUU sigue el ejemplo encarcelando a las mujeres y las hijas de los iraquíes Baazistas en busca. Richard Perle, muy influyente en el Departamento de Defensa de Rumsfeld, aboga por la táctica israelí del bombardeo de ofensiva contra los adversarios. “En 1981 los israelíes afrontaron una opción urgente: ¿deberían permitir que Saddam Hussein abasteciera de combustible un reactor nuclear construido por los franceses cerca de Bagdad o deberían destruirlo? Los israelíes decidieron atacar preventivamente. Todo lo que sabemos (SIC) sobre Saddam Hussein fuerza (SIC) a que el Presidente Bush haga una opción similar: ejecutar una acción preventiva o esperar, posiblemente hasta que sea demasiado tarde.” (11)

Otro prominente colono, el Senador Joseph Lieberman pidió que EEUU bombardeara a Siria, Irak e Irán inmediatamente después del 11-S, haciéndose eco del consejo político del Primer Ministro Sharon al Presidente Bush. Alan Dershowitz, Profesor de Derecho en Harvard, respaldó públicamente tanto la tortura como la legislación represiva de EEUU - modelada sobre el sistema israelí de detención ilimitada de los Palestinos (12).

Los colonos subordinan la política estadounidense a las necesidades de la política exterior israelí, independientemente de las circunstancias y de los extremismos a los cuales las políticas coloniales de Israel la empujan. Además como representantes del poder hegemónico en EEUU, tratan incluso de micro dirigir las medidas de seguridad -tortura en los interrogatorios - así como de convertirse en vociferantes auspiciadores de una guerra generalizada en Oriente Medio. Los colonos han influido con éxito en el gobierno estadounidense para bloquear cualquier iniciativa de la Unión Europea encaminada a la mediación internacional, así como el Plan Mitchell patrocinado por EEUU, que abogaba por observadores internacionales en los territorios ocupados. En pocas palabras, Estados Unidos, a pesar de su ocasional e inconsecuente crítica a los excesos de Israel, ha sido no sólo un partidario incondicional de Israel, sino que lo ha hecho así, en el contexto de una sangrienta y prolongada represión y ocupación de los territorios Palestinos, en cuya consecución tiene parte Washington. La hegemonía israelí sobre Estados Unidos por medio de sus colonos es un arma formidable para neutralizar a los aliados de Estados Unidos en la OTAN, clientes petroleros árabes, la gran mayoría de la Asamblea General de Naciones Unidas e incluso a su propio público respecto a ciertas cuestiones de Oriente Medio.

Aún más peligrosa es la paranoia irracional de la política israelí que los colonos transfieren a los Estados Unidos. Todos los árabes son sospechosos. Los adversarios de Oriente Medio deberían ser amenazados si no bombardeados. Los consejos de guerra secretos y la justicia sumaria deben ser aplicados a sospechosos de terrorismo. Los medios de comunicación están especialmente modulados para hacerse eco del síndrome paranoide israelí: Magnificando cada amenaza, destacando la resolución israelí y la eficacia contra los “terroristas” árabes. El estilo paranoide de la política había llevado a los ataques de Israel contra países árabes de Oriente Medio, a espiar a EEUU, a la compra ilegal de dispositivos nucleares en EEUU y a la violencia constante contra Palestinos y Libaneses. El peligro consiste en que la asimilación del estilo paranoide por parte de EEUU tiene consecuencias enormes no sólo para Oriente Medio, sino para el resto del mundo y para la libertad democrática en EEUU.

Lo que los colonos intelectuales y otros publicistas israelíes olvidan mencionar es que la política de seguridad israelí en los territorios ocupados es un desastre total: Las paradas de autobuses israelíes, supermercados, hoteles de cinco estrellas, pizzerías y todas sus fronteras han sido atacadas y han matado o herido a cientos de ciudadanos israelíes. Decenas de miles de israelíes cultos huyen del país precisamente debido a la inseguridad y la proximidad de la violencia, que ni el Shin Bet, el Ejército o los colonos son capaces de impedir. Los intelectuales israelíes están especialmente indignados por los enormes costes del movimiento de colonos (13).

Ciegos al fracaso de la seguridad de Israel, los colonos insisten en crear condiciones para la represión interna y la guerra externa. Dado su influyente papel en los medios de comunicación y su prominencia en las páginas editoriales y de opinión de los periódicos más prestigiosos, el mensaje de los colonos llega mucho más allá de su limitado número y la mediocridad de su intelecto. Posición y dinero pueden compensar sus patologías psicológicas y políticas así como anular cualquier escrúpulo respecto a la lealtad dual.

El Estilo Colonial de Israel: EEUU Paga Tributo al Estado de Israel

A la vista del desafío de Israel a la opinión pública mundial, y su rechazo a permitir que ninguna organización internacional humanitaria examine los resultados de su destrucción asesina de las ciudades y campamentos de refugiados en los Territorios Ocupados, ¿quién está financiando el estado israelí y por qué continúa esa financiación ante el oprobio mundial?

La tentativa de Naciones Unidas para investigar la destrucción casi total de Jenin por parte de Israel en la primavera de 2003 suscitó la hostilidad de toda la clase política israelí. Shimon Peres (el impostor laborista moderado del gobierno de Sharon) acusó de “libelo sangriento” a los más de 170 miembros de la ONU, presumiblemente incluyendo a EEUU que votó a favor de la resolución para crear la comisión de investigación.

La pregunta de quién está financiando el estado israelí es básica porque, Israel tal y como lo conocemos hoy, no es un estado viable sin apoyo masivo externo. Miles de millones de dólares son recolectados por diversas instituciones judías y no judías para sostener la maquinaria bélica israelí, su política de generosas subvenciones a los judíos inducidos a que se instalen en colonias en los Territorios Ocupados y en Israel, con el 20º nivel de vida más alto del mundo para los ciudadanos judíos de Israel (14). Sin ayuda externa la economía de Israel requeriría serias reducciones en el nivel de vida y condiciones de trabajo, llevando a la probable fuga de la mayoría de los profesionales israelíes, hombres de negocios y recientes inmigrantes del extranjero. El presupuesto militar israelí tendría que ser rebajado y obligaría a Israel a reducir sus intervenciones militares en el Oriente Arabe y los Territorios Ocupados. Israel dejaría de ser un estado rentista que vive a cuenta de los subsidios extranjeros y se vería obligado a dedicarse a la actividad productiva - vuelta a la agricultura, fabricación y servicios, menos explotación de criadas mal pagadas asiáticas, labradores importados de la Europa del Este y albañiles Palestinos.

Europa sigue privilegiando la importación de exportaciones y servicios financieros israelíes, a pesar de los ataques abiertos y maliciosos por parte de los líderes de ambos partidos israelíes. Prominentes organizaciones judías de Francia e Inglaterra, vinculadas a los principales partidos, han silenciado cualquier esfuerzo de usar la “baza de los negocios” para presionar a Israel a que acepte la mediación de la Unión Europea o de Naciones Unidas. Los vínculos comerciales y financieros europeos con Israel no son, sin embargo, el puntal básico de la maquinaria bélica israelí. La base principal para el apoyo financiero a largo plazo y a gran escala se encuentra en EEUU, entre instituciones públicas y privadas.

En Estados Unidos hay esencialmente cuatro fuentes básicas de apoyo financiero, ideológico y político a la economía rentista israelí:

Donantes judíos ricos y poderosas y disciplinadas organizaciones recaudadoras de fondos.

El Gobierno estadounidense - tanto el Congreso como la Presidencia.

Los medios de comunicación - en particular The New York Times, Hollywood y las principales cadenas televisivas.

Los jefes de los sindicatos y los directores de los fondos de pensiones.

Hay una solapación importante entre estas cuatro configuraciones institucionales. Por ejemplo, los partidarios judíos en el lobby israelí trabajan en estrecha colaboración con líderes del Congreso para conseguir ayuda militar y económica estadounidense a largo plazo y a gran escala para Israel. La mayor parte de los medios de comunicación y algunos sindicatos están bajo la influencia de partidarios incondicionales de la maquinaria bélica israelí y su economía rentista. Judíos pro israelíes están representados de modo desproporcionado entre los financieros, políticos, profesionales, académicos, inmobiliarias, seguros y medios de comunicación. Aunque los judíos son una minoría en todas y cada una de estas categorías, su desproporcionado poder e influencia proviene del hecho de que están organizados, son activos y se concentran en una sola cuestión - la política estadounidense en Oriente Medio, y expresamente en conseguir apoyo militar, político y financiero masivo, incondicional, y continuado de Washington a Israel. Operando desde sus puestos estratégicos en la estructura de poder, son capaces de influir en la política y censurar cualquier voz disidente que circule libremente por los sistemas de comunicaciones y político.

En la esfera política, políticos pro israelíes y poderosas organizaciones judías han unido fuerzas con la masa de fundamentalistas cristianos pro Israel de extrema derecha y poderosos líderes políticos vinculados al complejo industrial militar, como el Secretario de Defensa Rumsfeld y el Vicepresidente Cheney.

El apoyo incondicional de Israel a la Guerra Fría de Washington y subsiguiente ofensiva militar antiterrorista ha reforzado los lazos ideológicos y militares entre los líderes políticos derechistas estadounidenses, los políticos pro israelíes y los líderes de las principales organizaciones judías. La política del nuevo imperialismo de Washington coincide espléndidamente con la conquista y destrucción de los Territorios Ocupados de Sharon-Peres. No es sorprendente que cuatro de los abogados principales del Pentágono de la doctrina permanente de guerra de Washington y la agresión israelí son Paul Wolfowitz, Douglas Feith, Elliot Abrams y Richard Perle, todos ellos acérrimos defensores de las organizaciones judío-americanas derechistas.

Los medios de comunicación estadounidenses, en particular el “respetable” New York Times han estado en la vanguardia de hacer propaganda de la conquista y destrucción israelí como guerra “defensiva”, “antiterrorista”. Ni una sola voz o editorial del New York Times ha hablado sobre las matanzas en masa de civiles palestinos y la destrucción por parte de Israel de sitios históricos y religiosos de valor incalculable que se remontan a más de 2000 años (15). Mientras la maquinaria bélica israelí destruye los monasterios antiguos y la herencia de la cultura mundial, los medios de comunicación pro israelíes en EEUU enfocan sus críticas lentes sobre los escándalos del clero Católico. Hacen callar así las protestas de la Iglesia sobre el bombardeo israelí de la Basílica de la Natividad y el asesinato de los que en ella buscaron santuario.

Las asociaciones judías ricas y organizadas, los dóciles representantes del Congreso y las organizaciones derechistas fundamentalistas no son los únicos apoyos financieros de Israel. Los contribuyentes estadounidenses han estado financiando la maquinaria bélica israelí con más de 3 mil millones de dólares al año en ayuda directa durante más de 35 años (más de 100 mil millones de dólares y continúan). Los afiliados a los sindicatos podrían sorprenderse al saber que sus fondos de pensiones han sido invertidos en Bonos de Israel con tasas de retorno inferiores a las normales y riesgo más alto. A pesar de la pobre calidad de la inversión de los Bonos de Israel, algunos de los mayores sindicatos estadounidenses, fondos de pensiones de empleados e importantes corporaciones multinacionales han prestado colectivamente miles de millones de dólares al régimen israelí. En todos los casos, las decisiones de comprar Bonos de un gobierno extranjero son tomadas por los Jefes de los sindicatos y Directores de fondos corporativos sin consultar con los socios o accionistas (16).

A Nathan Zirkin, director financiero del Retail, Wholesale and Department Store Union (Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Almacenes), cuando se le preguntó si su sindicato seguiría comprando Bonos de Israel a pesar de la represión de Israel y la detención de sindicalistas y activistas palestinos, contestó “Por supuesto. Los palestinos no tenían ni una maldita cosa hasta que llegó Israel.” (17) Los beneficios de los Bonos son usados para financiar el establecimiento de colonias judías en Cisjordania y Gaza. La mayor parte del resto de las rentas de bonos es transferido al presupuesto ordinario que se gastará en el ejército y las agencias de inteligencia israelíes.

Muchos de los sindicatos, que son compradores de Bonos israelíes, están controlados o influenciados por la Mafia. Los sindicatos de camioneros son el mayor comprador de Bonos de Israel; son también los sindicatos que han visto mayor número de altos funcionarios procesados por vínculos con la Mafia, uso ilícito de fondos sindicales y robo masivo de fondos de pensiones de socios. En este caso los Mafiosos sindicales compraban propaganda favorable de los medios de comunicación y apoyo de las organizaciones judías “respetables” por medio de la compra de Bonos de Israel.

Los fondos de pensiones sindicales también han sido usados por burócratas sindicales para comprar Bonos de Israel. El caso más celebre es el del antiguo Sindicato Internacional de Trabajadores de Ropa de Señoras (ILGWU), ahora denominado UNITE, un sindicato cuyos trabajadores son en el 95% negros, hispanos, y chinos, que ganan en su mayor parte menos del salario mínimo. Los líderes y la plantilla de UNITE son mayoritariamente judíos y ganan entre 100.000 y 350.000 dólares al año más gastos (18). Al canalizar más de 25 millones de dólares de fondos de pensiones a Israel, los trabajadores estadounidenses se ven privados del acceso a préstamos para viviendas, asistencia social, defensa legal, etc. Claramente los jefes sindicales judíos tienen mayor afinidad por el estado de Israel y su opresión de los trabajadores Palestinos, de la que tienen por sus propios trabajadores mal organizados, empleados en algunas de las peores condiciones laborales de Estados Unidos.

Los promotores de bonos israelíes, con el apoyo jefes sindicales corruptos influenciados por la Mafia, han vendido cientos de millones de dólares de Bonos de Israel a 1500 organizaciones laborales, a tasas de interés inferiores a las de otros valores disponibles y muy por debajo de lo que la mayor parte de inversores esperaría de préstamos a un gobierno extranjero con problemas económicos como Israel.

Tres factores explican que los jefes sindicales estadounidenses canalicen los depósitos de los fondos de pensiones y las cuotas sindicales de sus miembros en obligaciones de Israel: protección política y respetabilidad al estar asociado con Israel y sus cabilderos - esto es especialmente importante para funcionarios relacionados con la Mafia y corruptos. Los lazos ideológicos y étnicos entre líderes sindicales judíos e Israel son el segundo factor. En tercer lugar, el uso de los Bonos de Israel para el blanqueo de fondos obtenidos ilícitamente por jefes sindicales. La principal organización que vende bonos de Israel logró colocar “fuera del tribunal” las acusaciones de blanqueo de dinero efectuadas por US Securities and Exchange Commission.

Cómplices de Genocidio

En abril del 2002, más de 100.000 en su mayoría fundamentalistas judíos y cristianos marcharon en apoyo del régimen de Sharon en pleno sitio de Jenin. En Israel dos de cada tres israelíes (el 65%) encuestados a finales de abril del 2002 apoyaban a Sharon y casi el 90% creía la propaganda del régimen de que la comisión de Naciones Unidas para investigar la devastación israelí de los Territorios Ocupados “no será justa para con Israel.” El público israelí, los jefes de sindicatos estadounidenses, y las élites políticas y financieras que financian a Sharon son cómplices de los crímenes contra el pueblo Palestino. Obviamente la mermante minoría de judíos que en Israel se oponen a la máquina militar tiene poca o nula influencia en la política, en los medios y en conseguir apoyo financiero del exterior.

Los ricos y poderosos judíos reaccionarios del exterior gravitan hacia Sharon. Siete de los ocho multimillonarios de los Oligarcas de la Mafia Rusa han donado con generosidad al estado israelí y están en excelentes términos con Sharon y Shimon Peres y no quieren saber nada de militares reservistas disidentes.

A causa del poderoso e incondicional apoyo financiero y militar exterior principalmente de judíos influyentes en los Estados Unidos, Cristianos Fundamentalistas, complejo militar industrial, extremistas del Pentágono, y sindicalistas estadounidenses corruptos, Israel es capaz de desafiar a la opinión pública mundial, difamar a las organizaciones humanitarias y a los líderes de derechos humanos, y seguir descaradamente con su política genocida. Los líderes israelíes conocen a “su gente”: Saben que tienen partidarios incondicionales que ya han sido probados. Saben que sus banqueros, profesionales y fundamentalistas les respaldarán hasta el último Palestino asesinado: La marcha de los 100.000 en Washington en medio de la masacre de Jenin lo demostró. La enorme asistencia de políticos a la conferencia anual de AIPAC durante las masacres en el campamento de refugiados Rafah de la Franja de Gaza confirma que apoyan a los carniceros de Rafah.

Fabricación de la Amenaza de Guerra de Irak: Sionistas estadounidenses en Acción

Hay debate y crítica creciente en el Congreso estadounidense y los medios de comunicación sobre las pruebas fabricadas por la Administración de Bush de que Irak poseía armas de destrucción masiva. Y lo que es más serio la investigación y el testimonio de altos oficiales estadounidenses militares y civiles del Pentágono y del Ministerio de Asuntos Exteriores revelan profundas diferencias y divisiones entre ellos y los “políticos designados”. El testimonio y pruebas de las revelaciones de los profesionales son cruciales para entender la estructura del verdadero poder en la Administración de Bush. Es en tiempos de crisis y divisiones entre la clase gobernante cuando nosotros, el público, podemos atisbar quién gobierna para quién. El debate, la crítica y la división en Washington hoy son justamente uno de tales casos.

Después de años de inspecciones de Naciones Unidas, y casi cinco meses de miles de búsquedas y entrevistas por más de mil militares, espías e inspectores científicos estadounidenses ha quedado demostrado definitivamente que Irak no poseía armas de destrucción masiva (o ni siquiera útiles para la defensa nacional), un punto que ahora prácticamente conceden algunos miembros de la Administración de Bush. Esto plantea la siguiente pregunta clave - ¿Quién en el régimen de Bush proporcionó las pruebas fabricadas y con qué propósito?

La respuesta inicial de los apologistas de Bush fue atribuir las fabricaciones a “errores burocráticos” y “fallos de comunicación” o como Wolfowitz declaró cínicamente para “lograr consenso para la guerra” (19). El Director de la CIA Tenet se convirtió en cabeza de turco confesa por los “errores” y finalmente tuvo que “dimitir”. Sin embargo, a medida que avanzaron las investigaciones, el testimonio de múltiples fuentes de alto nivel del régimen de Bush reveló que había dos canales de estrategas políticos y asesores, la estructura formal compuesta por militares profesionales de carrera y civiles del Pentágono y del Ministerio de Exteriores y una estructura paralela integrada por personajes políticos designados a dedo. Según se desprende de todas las pruebas disponibles fueron los consejeros políticos “no oficiales” organizados por Wolfowitz, Feith y Rumsfeld en la Office of Special Planning (OSP) quienes fueron la fuente de las pruebas fabricadas que se utilizaron para “justificar” la invasión y la ocupación de Irak. La OSP estaba encabezada por Abram Shulsky e incluía a otros neoconservadores, que no tienen prácticamente ningún conocimiento profesional o cualificación en espionaje y asuntos militares. Douglas Feith, Subsecretario de Defensa, y Paul Wolfowitz montaron la OSP. Shulsky es un seguidor ávido y protegido de Richard Perle, el conocido militarista y desde hace mucho tiempo partidario de los ataques militares contra regímenes árabes en Oriente Medio.

Según el testimonio de una persona enterada del Pentágono, la Teniente Coronela Karen Kwiatkowski que trabajó en la oficina del Subsecretario de Defensa de la División Política y de Planes Especiales para el Oriente Próximo y Asia Meridional del Pentágono, “profesionales militares en servicio activo y servicio civil no estuvieron perceptiblemente implicados en áreas clave” de interés para Feith, Wolfowitz y Rumsfeld, principalmente Israel, Irak y Arabia Saudita. La teniente coronela Kwiatkowski prosigue para especificar que “en términos de Israel e Irak todo el trabajo de personal primario fue dirigido por personas designadas a dedo, en el caso de Israel un asistente designado desde el Washington Institute for Near East Policy y en el caso de Irak, Abe Shulsky.” Igualmente importante, la oficiciala ex-representante del Pentágono describe la existencia de “camarillas inter-agencias”. Describe como los miembros de diversas organizaciones neoconservadoras y pro Israel, (Project for a New American Century, el Center for Security Policy y el American Enterprise Institute), que están ahora en el régimen de Bush sólo interactúan entre sí a través de varias agencias. Señala que las decisiones principales son resultado del “pensamiento grupal” - la aceptación falta de sentido crítico de puntos de vista predominantes y la aceptación falta de sentido crítico de puntos de vista sumamente estrechos y aislados”. Su jefe la obligó a dimitir después de que le dijera que “alguna gente (las camarillas y redes) del Pentágono podría sentarse al lado de Hussein en el tribunal de crímenes de guerra” por su destructiva política de ocupación y guerra (20).

Lo que está muy claro es que la OSP y sus directores Feith y Wolfowitz fueron expresamente responsables de las pruebas fabricadas sobre las “Armas de Destrucción masiva” que justificaron la guerra.

La OSP y los otros miembros de las redes que operaban por todas partes en agencias estadounidenses clave compartían una ideología militarista derechista y estaban fanáticamente a favor de Israel. Feith y Perle escribieron un infame documento político en 1996 para el extremista del Partido Likud, Benjamin Netanyahu, titulado “Una Ruptura Bien Definida: Nueva Estrategia para Asegurar la Región”, que pedía la destrucción de Saddam Hussein y su reemplazo por un monarca Hashemita. Después Siria, Líbano, Arabia Saudita e Irán tendrían que ser derrocados o desestabilizados para que Israel estuviera seguro en una especie de “Esfera de Mayor Co-prosperidad EEUU-Israel.” La OSP era un brazo de la política Wolfowitz-Feith para fomentar las políticas de los grupos más extremistas del régimen de Sharon, forjando estrechos lazos con una operación de inteligencia paralela ad hoc en el régimen israelí según un informe del periódico británico, The Guardian (21).

El dedo apunta claramente a sionistas fanáticos que dirigían la OSP, como Abram Shulsky y Feith, como fuente de la “falsa inteligencia” que condujo a la guerra que estaban buscando Wolfowitz y Rumsfeld. El modo en el que los fanáticos sionistas se organizaron y actuaron - como una camarilla de fanáticos arrogantes del mismo parecer hostiles a cualquier punto de vista contrario de la inteligencia profesional y de funcionarios civiles y militares, sugiere que su lealtad y vínculos estuvieran en otra parte, más claramente con el régimen de Sharon en Israel.

Para entender el papel fundamental de los ideólogos sionistas en la formación de la política exterior estadounidense en Oriente Medio es importante enmarcarlo en el contexto de las relaciones EEUU-Israel y la poderosa influencia del lobby pro-Israel dentro de EEUU. Como Patrick Seal describe en el semanario liberal estadounidense The Nation, “los Amigos de Ariel Sharon (entre los judíos fanáticos pro-Israel) aborrecen a los Arabes y Musulmanes… Lo que deseaban eran una mejora del ambiente militar y estratégico de Israel” (22). La invasión estadounidense de Irak y su agresiva postura belicista hacia la mayoría de los regímenes árabes de Oriente Medio ha hecho mundialmente conocidos los nombres de estos políticos sionistas. Wolfowitz y Feith son el segundo y el tercero en la cadena de mando del Pentágono. Sus protegidos en la OPS incluyen a Abram Shulsky, Richard Perle del Defense Policy Board, y Elliot Abrams (defensor del genocidio guatemalteco de los años 1980) director principal para asuntos de Oriente Medio en el Consejo Nacional de Seguridad. Los fanáticos pro-Israel más influyentes en Washington incluyen a William Kristol y Robert Kagan de The National Standard, la familia Pipes y un gran número de institutos pro-Israel que trabajan estrechamente con y comparten la perspectiva de los sionistas derechistas del Pentágono. El creciente consenso entre los críticos estadounidenses del gobierno de Bush estima que el “11-S proporcionó a los fanáticos sionistas derechistas una oportunidad única para enjaezar la política sobre Oriente Medio y el poder militar estadounidense en interés de Israel y lograron que Estados Unidos aplicara la doctrina de guerra preventiva a los enemigos de Israel”.

Más preocupados por la supremacía israelí que por las pérdidas militares estadounidenses, los sionistas fanáticos planean nuevas guerras - Perle, Feith y Wolfowitz apuntan ahora a Irán, Líbano y Arabia Saudita, levantando toda una nueva serie “de informes de inteligencia” que acusa a los países árabes de financiar, proteger y promocionar el terrorismo. Y la inteligencia prefabricada partió de los miembros de la OPS y sus camarillas y redes tan bien descritas por la Teniente Coronela Kwiatkowski.

A medida que las bajas militares estadounidenses aumentan a diario en Irak, con más de 10.000 heridos y más de 800 muertos a junio del 2004, a medida que los gastos militares de la guerra minan la economía de EEUU, el público estadounidense se siente desilusionado con el gobierno de Bush. Si y cuando la identidad y lealtad política de los arquitectos y propagandistas de la guerra estadounidense contra Irak y para supremacía de Israel sean hechas públicas, habrá probablemente un justo y agrio rechazo del gran público hacia los ideólogos sionistas neoconservadores y sus redes dentro y fuera del gobierno. Hasta ahora su papel ha sido el secreto peor guardado de Washington.

La configuración del poder sionista en los Estados Unidos

C. Wright Mills escribió una vez que la “élite del poder” estadounidense gobernaba negando tener poder; la élite sionista sigue esta fórmula, pero la defiende acusando a sus adversarios de ser “antisemitas” y adoptando medidas retributivas que satisfarían al antiguo senador Joseph McCarthy. La configuración del poder sionista (ZPC) no se puede entender simplemente como el “lobby judío” o incluso el AIPAC, tan formidable como es, con 150 funcionarios a tiempo completo. La ZPC puede entenderse mejor como una red compleja de agrupaciones formales e informales relacionadas entre sí, funcionando en los ámbitos nacionales, regionales y locales y directamente y sistemáticamente subordinadas al estado de Israel, los que allí ostentan el poder y toman las decisiones clave. La influencia es manejada por medio de influencia directa por los representantes sionistas en el gobierno (más notablemente en el Pentágono con el régimen de Bush) tanto en la rama ejecutiva, como en el Congreso; indirectamente por medio del uso de los fondos de campaña para influenciar la selección de candidatos dentro de los dos partidos políticos principales y para derrotar a los críticos de Israel y recompensar a los políticos electos que seguirán la línea de Israel. Los parámetros del debate político en cuestiones relacionadas con Israel - que se han ampliado a lo largo del tiempo - son conformados por organizaciones sionistas de gran influencia en los medios de comunicación, censurando y atacando virulentamente a los críticos y auspiciando “noticias” y comentarios favorables a Israel. El cuarto círculo de influencia es a través de organizaciones locales y sectoriales (cuerpos profesionales, sindicatos, fondos de pensiones etc.), tanto afiliados al aparato nacional como encajados en la “sociedad civil local”. Esta es probablemente la amenaza más seria pues inhibe a los ciudadanos medios de EEUU para que expresen sus dudas y críticas sobre la política israelí. Por todo EEUU, editores locales, intelectuales y activistas críticos e incluso médicos han sido tildados de “neo-Nazis” y han recibido llamadas telefónicas y visitas amenazadoras de los fanáticos locales pro-Israel - incluidos miembros ‘respetables’ de la comunidad judía. Las consecuencias generalmente paran la discusión e intimidan a ciudadanos locales que abogan por una política extranjera independiente y democrática. El poder sionista es acumulativo pues cada sector complementa a los otros dando a la minoría gran influencia general.

Por otra parte la estructura formal e informal de la ZPC tiene un elemento dinámico crucial para ella: Cada centro de poder interactúa con el resto, creando “movimiento” y actividad constante, que converge y energiza tanto a líderes como a seguidores. En segundo lugar aquellos políticos, medios y líderes cívicos no judíos o incluso no sionistas influenciados por la ZPC, a su vez influyen sobre su distrito electoral, multiplicándose varias veces la influencia inicial de sus “hegemones”. La ausencia relativa de un informal, organizado y activo movimiento democrático de bases para la política exterior, particularmente en lo que se refiere a la política de Oriente Medio deja a la ZPC el campo despejado sin prácticamente ningún competidor. Con el tiempo el mismo patrón de influencia sionista se ha manifestado en agencias del ejecutivo de EEUU. Los “Arabistas” del Departamento de Estado están siendo sustituidos por pro-sionistas como es el caso del alto militarista civil del pentágono, en los ‘think-tanks’ sobre Oriente Medio y en el Council of Foreign Relations, entre otros. Debe observarse que el denominado anterior enfoque de “tema único” (política USA-Oriente Medio) de la ZPC ha sido sustituido por las nuevas estrategias sionistas del Pentágono y los ‘think-tanks’ de derechas que relacionan la expansión del poder israelí más allá de Palestina, con las relaciones EEUU-Europa (especialmente difamar a los franceses), política nuclear estadounidense y estrategia militar y energética estadounidense. Este marco analítico es útil para entender la guerra US-Irak, la política macro imperial así como las prácticas micro coloniales.

La ZPC en acción: La guerra de Irak

El principal estratega teórico del Imperio Mundial estadounidense es Paul Wolfowitz que primero presentó un detallado plan de acción en 1992. El argumento de las guerras permanentes, la acción unilateral y la conquista colonial fue explicado a la primera administración Bush, y más adelante apoyado implícitamente durante los ataques militares continuados de la administración de Clinton contra Irak, su apoyo incondicional a la guerra de Israel contra los Palestinos, las guerras Balcánicas, la toma de facto de los estados ex-comunistas de Europa Oriental, estados Bálticos y repúblicas Sur-Centrales de la antigua Unión Soviética. La vigorosa intervención de la administración Clinton a favor de la toma de poder de Yeltsin y el apoyo a los Oligarcas Rusos desempeñaron un importante papel en la desmembración y debilitamiento de su antiguo adversario en la dominación del mundo. El apoyo incondicional de Clinton a Israel y lo que es más importante la formulación de una estrategia para Oriente Medio convergente con la política exterior israelí estaba vinculado a tres grupos de políticas: Destrucción del poder militar y económico de uno de los mayores críticos de Israel en Oriente Medio (Irak) por medio de boicoteos económicos, inspecciones de armamento y desarme unilateral de Irak, mientras que Israel acumulaba armas nucleares y otras de destrucción total; financiar y armar la colonización israelí de la Palestina árabe; mantener un boicoteo económico a Libia e Irán (que apoyan a los palestinos) mientras se subvenciona a clientes árabes amistosos con Israel (Egipto y Jordania). La influencia sionista directa sobre la política estadounidense para Oriente Medio fue diseñada por la Secretaria de Estado Madeleine Albright quien, aunque conversa del Catolicismo a la más elitista Iglesia Episcopaliana, se había beneficiado de su recientemente descubierta ascendencia judía cuando justificó las 500.000 muertes de niños iraquíes inducidas por EEUU durante su mandato, declarando “que habían valido la pena.” El Secretario de Defensa Cohen fue fundamental para promover la dominación militar israelí en Oriente Medio y Richard Holbrooke, un sionista en el armario, fue uno de los consejeros más influyentes de Clinton para las “negociaciones de paz” de Oriente Medio. El presidente Clinton y los demócratas pusieron la base para la captura final de la estrategia de la política exterior estadounidense por parte de los sionistas de la administración Bush que les sucedió, al aceptar a sionistas en puestos estratégicos de política exterior que influenciaron la política de Oriente Medio y conformaron la política estadounidense para que se adaptara a las metas expansionistas israelíes. Claro que Clinton y sus sionistas “moderados” no amenazaron a los críticos de Israel como Arabia Saudita o el resto de países árabes con ataques militares, como hizo el régimen de Bush dominado por militaristas ultra-sionistas. Ni su régimen siguió la línea israelí de acusar a toda Europa, especialmente Francia, de ser antisemita por criticar la matanza israelí de Palestinos. El régimen de Clinton y sus influyentes sionistas moderados creyeron que era posible establecer la dominación de EEUU consultando con Europa y los regímenes conservadores árabes y compartiendo los beneficios económicos de los despojos imperiales en Oriente Medio mientras apoyaban el expansionismo israelí.

El régimen de Bush representó un avance cualitativo del poder sionista en la política estadounidense, tanto extranjera como doméstica. El estratega clave de la política económica fue Greenspan, al frente del US Central Bank (Federal Reserve Bank), compinche desde antiguo de los intereses financieros de Wall Street y promotor de las principales casas de inversión pro-Israelí - responsables del auge de la economía especulativa y fallida de los años 90. Paul Wolfowitz, subsecretario de defensa fue el arquitecto de la política bélica estadounidense para Oriente Medio. Richard Perle, el influyente militarista civil vituperioso cuyo odio a los árabes iba emparejado con sus andanadas ciegas contra los comandantes militares profesionales y las agencias de inteligencia que rehusaban subordinar la política militar estadounidense a los intereses regionales de Israel, estaba al frente del Defense Policy Board. Douglas Feith, Secretario de Defensa Adjunto, sionista fanático y toda su vida defensor de los intereses de Israel, consultor de los regímenes israelíes de derechas, fue el principal planificador y propagandista exitoso del ataque de EEUU contra Irak. David Frum, el principal escritor de los discursos políticos de Bush y autor del infame discurso sobre el “Eje del Mal” de Bush que hizo explícita y operativa la “política de Bush” de guerras permanentes contra naciones árabes y otros críticos del poder israelí, es un sionista Canadiense. Elliot Abrams, un sionista racista (condena a los judíos americanos que se casan con Gentiles (23)) y proponente de antiguo de la doctrina de Primero Israel entre la élite sionista, fue puesto a cargo de la política para Oriente Medio a pesar de ser un criminal condenado por su papel en el escándalo Centroamérica-Irán-Contra (drogas por armas), y un arquitecto intelectual del genocidio Guatemalteco de 1981-1983. Su influencia en la política estadounidense para Oriente Medio excede en mucho sus posiciones formales porque están respaldados por un arsenal de influyentes ideólogos sionistas académicos (Kagan, Cohen, Pipes), enterados políticos (los Kristols, Krauthamer, Peretz etc.) y directores de los think-tanks bélicos (Pipes, Rubin) a los que se les da acceso constante a las páginas de opinión de los principales periódicos estadounidenses, o son entrevistados como “expertos” en Oriente Medio en programas de televisión y radio pro-israelíes, avanzando su propaganda de guerra diseñada para promover la defensa estadounidense de los planes de Israel en Oriente Medio. Estos estrategas políticos y formadores de opinión, respaldados por los medios de comunicación han estado trabajando estrechamente en consultoría y en tandem con las principales organizaciones judías de EEUU y en “consultas” íntimas con altos funcionarios del régimen de Sharon. Agentes del Mossad, diplomáticos israelíes y funcionarios clave del régimen de Sharon tienen acceso libre a las oficinas de los funcionarios sionistas de Washington e intercambian información sobre cómo optimizar los intereses israelíes.

Antes de la invasión estadounidense de Irak, todos los sionistas en puestos políticos clave y sus equivalentes en el Congreso apoyaron la guerra de EEUU contra Irak; después del 11-S, Wolfowitz y el senador Liebermann propusieron inmediatamente una guerra contra Irak - exigiendo a las agencias de inteligencia que “buscaran” una conexión y acusando de cobardes a los militares, por no sumarse a la guerra para “proteger” a Israel. A pesar de los esfuerzos hercúleos de Feith y otros, para manipular los informes de la CIA y del MI de modo que sirvieran a su línea pro-guerra israelí su belicosa retórica carecía de sustancia. Entonces inventaron la, ahora admitida (por Wolfowitz) GRAN MENTIRA de la amenaza de las armas de destrucción masiva de Irak a la seguridad de EEUU. Para seguir esta línea los sionistas del Pentágono puentearon las agencias militares y de inteligencia tradicionales y crearon su propia agencia de propaganda - “inteligencia” u “Oficina de Planes Especiales) dirigida por el correligionario fanático sionista Abram Shulsky, bajo el control de Douglas Feith, que trabajaba estrechamente con Chalabi y el Mossad para “cocinar” los datos sobre armas de destrucción masiva de modo que se ajustaran a los planes de sus jefes sionistas del Pentágono. El Mossad fue más tarde amonestado por los “fallos de inteligencia” por el Knesset israelí después de la publicación del informe Steinitz el 29 de marzo de 2004, pero sus contrapartes sionistas del Pentágono, Shulsky, Wolfowitz, Feith y Abrams no fueron llamados a declarar, ni se cuestionó nunca su colaboración con el Mossad, ni se inició jamás una investigación sobre su dedicación en pro de los intereses de Israel. Solamente fueron interrogados los Gentiles del Ejército y la CIA. El poder sionista se manifestó primero en la fabricación de la guerra y después en imponer la

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