Estos días los medios de comunicación se están haciendo eco del apedreamiento de unas casas gitanas por parte de la población del municipio onubense de Cortegana. El apedreamiento ha sido el resultado directo del asesinato de 3 ciudadanos de Cortegana por parte de los gitanos de la localidad en los últimos 4 años.
Desde Altermedia España queremos aprovechar este suceso para hacer algunas reflexiones sobre los gitanos y los problemas que ocasiona su presencia en nuestra tierra. También queremos recordar que el hombre blanco occidental tiene algunas cosas que aprender de los gitanos en lo que a cohesión de grupo y conciencia étnica se refiere.
Los gitanos llegaron a España a través de los Pirineos en el S.XIV, se trataba de una población nómada procedente de la India, dedicada principalmente al robo, la mendicidad y los expectáculos zafios y de mal gusto. En el S.XV apareció un edicto de expulsión contra ellos que no se llevó a cabo a causa de la pequeñez de su población y a su nomadismo, por lo que finalmente permanecieron en España, a diferencia de moros y judíos, los cuales sí que fueron expulsados en su gran mayoría. El edicto por el cual los gitanos debían ser expulsados de España, no ha sido derogado explícitamente, por lo que extrictamente hablando se trata de inmigrantes ilegales.
Los gitanos, durante los 600 años que llevan asentados en nuestro territorio han sido responsables de innumerables robos, asesinatos y otras violencias contra la población autóctona, a la que desprecian profundamente designándola con apelativos como payos, gachós etc. El problema se ha agudizado fuertemente durante el S.XX, en el que gracias al desarrollo de la medicina y a que conservan fuertes lazos familiares han aumentado exponencialmente su población. Esto se suma a que, al igual que el resto de poblaciones no blancas, gozan de total impunidad ante las autoridades racistas antiblancas que dominan nuestro país desde 1975 y el resto de Europa desde 1945.
Esta impunidad de la que hemos hablado, sumada al hecho de que los gitanos tienen una fuerte conciencia étnica y sólidos lazos de solidaridad familiar, hacen que la población blanca española se encuentre indefensa frente a sus depredaciones, porque un blanco enfrentado a un gitano nunca encuentra ninguna ayuda de las autoridades ni de los otros blancos, mientras que los gitanos se unen como una piña siempre que hay que enfrentarse a los blancos. La reacción de la población de Cortegana es un hecho absolutamente atípico, pero que abre una puerta a la esperanza, igual que el levantamiento anitimoro de El Ejido. Aunque igual que éste, será duramente reprimido por las autoridades y los únicos que tendrán voz en los medios de comunicación serán los gitanos.
Para finalizar diremos que es necesario transformar en conciencia política la rábia surgida de la impotencia que se manifestó en Cortegana y que la única salida digna para nuestro pueblo es la vuelta a sus lugares de origen tanto de los gitanos, como del resto de inmigrantes extraeuropeos.



