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CULPAR A LAS VICTIMAS…

August 5th, 2003 · Post your comment (No Comments)

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LA CUESTION PALESTINA

Por: Yusuf Fernández (LA ESTRELLA) (Fecha publicación:31/07/2003)

Una mirada palestina sobre el conflicto de Medio Oriente. El difícil camino para la constitución de un Estado palestino soberano, libre e independiente.

El 28 de septiembre de 2000, el líder ‘ultra’ del Likud israelí, Ariel Sharon, acompañado por 3.000 soldados armados, proporcionados por el ‘moderado’ primer ministro israelí Ehud Barak, invadió la explanada de las Mezquitas en Jerusalén, en un gesto de clara provocación. tal como se esperaba, esta provocación desató las protestas de los palestinos, que pusieron en marcha una nueva Intifada contra los ocupantes sionistas.

La respuesta de los israelíes, cuya política de asesinato, tortura y expoliación contra el pueblo palestino ha sido una constante desde la propia fundación del estado de Israel, fue particularmente brutal al emplear a cazabombarderos, helicópteros, mísiles y tanque s contra los jóvenes palestinos armarlos sólo con piedras. Las tropas israelíes utilizan también balas de acero recubiertas de caucho, que producen terribles destrozos en los cuerpos de las víctimas. Multitudes de colonos asaltaron varias localidades palestinas asesinando a civiles indefensos y quemando y destruyendo sus propiedades con el fin de dejar claro que ‘Israel sigue siendo poderoso’. El resultado de todo ello es la muerte, hasta el momento, de más de 200 palestinos y más de 6.000 heridos.

Los acontecimientos de Palestina han sido recogidos con detalle en la prensa internacional. Casi nadie que siga los medios de comunicación con una cierta frecuencia ignora los actuales acontecimientos que tienen lugar allí. Una encuesta de la revista Times en Interna buscaba conocer quién era, según la opinión de los participantes, el responsable de la violencia. Un día después de que la encuesta se iniciara el resultado era que el 71 % de los encuestador culpaba a los palestinos. Dos días más tarde la proporción había variado, aunque todavía un 54 % de los encuestador culpaba a los palestinos frente un 45% que lo hacía a los israelíes.

En realidad esto es sorprendente, pues ¿cómo puede alguien que ha visto las masacres, el disparo de balas de acero contra niños, o el lanzamiento de mísiles contra una multitud culpar a las víctimas?

La respuesta hay que verla en la actuación de la vasta máquina de propaganda que forman los principales medios de comunicación, que actúan en casi todas las ocasiones con una gran sutileza en el empleo del lenguaje, con el claro objetivo de crear una imagen, frecuentemente distorsionada, en la mente del lector. Hay, no obstante, señalar algunas notables excepciones tales como la de Roben Fisk, un periodista del diario británico The Independent, que ha descrito con realismo y veracidad los hechos que ha presenciado.

Veamos algunos ejemplos del funcionamiento de dicha máquina de propaganda.

Un reportaje difundido por la CNN el pasado 28 de septiembre sobre la visita de Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas decía: ‘Una visita del líder del Partido Likud, Ariel Sharon, al sitio conocido como el Monte del Templo por los judíos acabó en un choque el jueves cine palestinos que lanzaban piedras y tropas israelíes que disparaban gases lacrimógenos y balas de goma contra la multitud’.

Si analizamos esta información en detalle vemos para empezar que Ariel Sharon no es un genocida, responsable de las masacres de Shabra y Chatila, sino un respetable político israelí.

El visitó el ‘Monte del Templo’, no la explanad de las Mezquitas, donde se halla la Mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam. Luego está el tema de la ‘visita’. No se hacía referencia a la presencia de más de 3.000 soldados israelíes entrando en un sitio sagrado para los musulmanes. ¿Cómo podría alguien oponerse a la visita de un respetable político israelí a un lugar sagrado para los judíos? Para el posible lector o espectador que formase su juicio en base a estas informaciones, los palestinos que protestaban podrían parecer locos o alborotadores.

Incluso la BBC, una cadena con fama de objetividad, habló de ‘el sitio sagrado de Jerusalén que es reverenciado tanto por musulmanes como judíos’. Cabría preguntarse si estos medios multimillonarios desconocen la existencia de la Mezquita de Al-Aqsa en este lugar. El tratamiento dado por la BBC ignora que esta mezquita ha estado en ese lugar durante los pasados 14 siglos y que la reivindicación judía, basada en la historia antigua, de hace miles de años, no tiene precedentes en la historia contemporánea.

Los medios de comunicación ignoraron también la advertencia realizada por las autoridades palestinas contra la visita de Sharon, que había sido anunciada con antelación.

Muchos de los grandes diarios y cadenas de televisión occidentales, especialmente las norteamericanas, han dejado de referirse a Cisjordania y Gaza como ‘territorios ocupados’. Los jóvenes palestinos que protestan contra la ocupación israelí son calificados de ‘alborotadores’. Dichos medios han levantado una campaña para culpar a los palestinos de la situación. Según ellos, los palestinos deben ‘dejar de alborotar’ y Arafat ‘debe poner fin a la violencia’ y ‘volver al proceso de paz’. Por otro lado, los muertos de la Intifada son presentados como un resultado de la ‘lucha’ o ‘intercambios de disparos’. El propio Clinton, al ‘lamentar’ la muerte de Muhammad Adurra afirmó que había sido la consecuencia de ‘un cruce de fuego’. Esto es una clara mentira porque sólo un lado, el israelí, estaba disparando. Así pues, la hipocresía de estas declaraciones es más, evidente para cualquiera que siga mínimamente los acontecimientos que están ocurriendo en Palestina. Imaginemos por un momento lo que hubiera sucedido si un medio de comunicación hubiera. calificado la matanza de estudiantes ocurrida en la Plaza de Tien An Men en junio de 1989 como ‘lucha’. Todo, los medios de comunicación occidental. , refirieron a aquel acontecimiento como ‘masacre’. Habría que preguntarse ¿porqué aquello fue una ‘masacre’ y no una ‘lucha’`? Simplemente porque la maquina de propaganda escoge sus términos de una forma muy cuidadosa.

La calificación de lo que sucedió como una ‘lucha’ tiene como resultado el ocultar la barbarie y brutalidad israelíes. Esta distorsión se ve reforzada por el repetido uso de términos tales como ‘cese del fuego’ y los llamamiento – a ambas partes para que ‘pongan fin su violencia’. Un artículo aparecido en Los Ángeles Times el pasado 14 de octubre llegó a afirmar que ‘los helicópteros sobrevolaban la zona mientras que en el suelo los dos bandos se arrojaban piedras unos a otros’. De creer al diario cabría pensar que las balas y los mísiles israelíes se convirtieron en piedras por una suerte de prodigio bíblico. En la mayoría de los medios loa ataques de los helicópteros israelíes son calificados de ‘respuesta’ o ‘represalia’.

La muerte del niño palestino Muhammad ad-Durra, el pasado 12 de septiembre, fue recogida por un cámara palestina que trabajaba para una televisión francesa, la TV-2. Las principales cadena, transmitieron unos pocos segundos de la secuencia de la muerte del niño, pero lo que pocos saben es que toda la toma duraba 45 minutos, en los que se mostraba a Kamal, el padre de Muhammad, intentando desesperadamente proteger a su hijo de las balas israelíes hasta que el niño fue muerto y el propio padre recibió ocho disparos. Un conductor de la ambulancia que intentó ayudar a ambos cayó también víctima de los disparos de los soldados israelíes. Los grandes medios de información ignoraron también otros hechos particularmente espeluznantes como la muerte de Sarah Abdul Azim Hasan, una niña de 18 meses de edad, que recibió 10 disparos en la cabeza a manos de colonos judíos en Nablus.

El mismo tipo de mentiras ha sido empleadas con respecto a los dos soldados israelíes muertos en Ramallah el 12 de octubre. Todos los medios de comunicación occidentales afirmaron que ‘los soldados se habían perdido’, recogiendo así la versión israelí. La verdades bastante distinta. Hubo dos coches llenos de agentes encubiertos israelíes, todos ellos vestidos como árabes. Un grupo que viajaba en una furgoneta de la Media Luna Roja secuestrada, logró huir. El otro quedó atrapado en medio de un cortejo fúnebre y sus ocupantes fueron arrestados. En el coche donde viajaban estos agentes fue encontrada una gran cantidad de explosivos y armas. Ciertamente, estos agentes encubiertos no se habían perdido. Tuvieron que atravesar al menos dos puntos de control, uno israelí y otro palestino antes de entrar en Ramallah. No cabe duda de que su misión era la de identificar y asesinar a los organizadores de la Intifada.

No hace falta decir que los medios mas hostiles en contra de los palestinos han sido precisamente los norteamericanos, que han mantenido en general un tono de odio estridente en contra de los árabes. Así por ejemplo, un artículo en el periódico The Washington Times, culpó directamente a Arafat por la violencia (20 de octubre), mientras que el columnista de Los Angeles Times, Cal Thomas escribió que ‘el Islam es la amenaza del presente y el inmediato futuro’.

La imagen de los palestinos en lo que se refiere al proceso de paz es la de un negociador ingrato que ha rehusado aceptar la ‘generosa oferta israelí’ o ‘una retirada parcial de Jerusalén Este’. El mismo Cal Thomas afirmó también en Los Ángeles Times (17 de octubre de 2000): ‘Ni siquiera la oferta del primer ministro israelí Ehud Barak de restituir el 90% de la tierra capturada y algún tipo de soberanía sobre Jerusalén fue bastante para los palestinos cuando Al-lah exigió toda la tierra e instruyó a sus seguidores para tomarla por todos los medios que sean precisos’. Lo que Cal Thomas no dijo obviamente es que la ‘oferta de Barak’ sólo hablaba de una ‘administración conjunta’ sobre un par de barrios, de los suburbios de Jerusalén Este e incluso negaba la soberanía palestina sobre la Explanada de las Mezquitas.

Incluso en la publicación de Internet de Microsoft (Slate.com) el columnista Scotl Shuger calificó a uno de los palestinos que participó en la muerte de los dos agentes encubiertos israelíes en Ramallah de ‘un trozo de m …. con forma humana’. El resto del vocabulario iba parejo con la baja talla de la mentalidad de los columnistas.

El columnista del Nere York Post, Rod Dreher, afirmó en otro artículo, publicado el 17 de octubre, el superior estatus de la civilización occidental: ‘…A diferencia de los israelíes, los palestinos no son el producto de la civilización occidental sino de otra conformada por el Islam y las costumbres étnicas árabes. A causa de esto, es fácil para los ingenuos occidentales escandalizarse y sorprenderse por sus acciones. Como único punto avanzado de Occidente en este salvaje e irracional desierto, debemos a los israelíes nuestra lealtad …Los israelíes, cualesquiera que sean sus errores, están luchando por nosotros y por nuestra civilización’.

A través de la historia, los colonialistas de toda índole han justificado sus crímenes y genocidios en una supuesta superioridad de raza, color o civilización. Que Israel es un puesto avanzado en el corazón del mundo árabe y musulmán es ahora admitido abiertamente por algunos periodistas occidentales. Si los niños palestinos son asesinados por los soldados israelíes a sangre fría es por la culpa de Arafat e incluso de sus padres. Los palestinos no pueden protestar porque no pertenecen a la ‘civilización occidental’.

Incluso se filtró a la prensa que Anthony Cordesman, un destacado miembro de un conocido instituto de análisis de Washington, el Instituto de Estudios Internacionales y Estratégicas (CS/S), declaró que era necesario acabar con la Intifada por cualquier medio posible, ‘incluso si ello significaba recurrir a la tortura’. El CSIS tiene estrechos vínculos con el gobierno norteamericano, y el propio Cordesman trabajó para el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU. No cabe duda de que sus opiniones representan el punto de vista de una buena parte de los dirigentes estadounidenses, incluso aunque éstos no se atreven a declararlo públicamente.

Así, mientras que el pasado 3 de noviembre la ONG Physicians for the Human Right acusaba al gobierno israelí de brutalidad, la CNN emitió un reportaje donde mencionaba la muerte de varios niños palestinos. Esto le valió la inmediata acusación por parte de Los medios de comunicación sionistas de que la cadena tenía ‘prejuicios propalestinos’. Algunos propagandistas sionistas fueron incluso más lejos. La periodista judía Barbara Amiel llegó a calificar a los palestinos de ‘animales’ en un reportaje publicado en la revista McLean s. Cabe imaginar lo que ocurriría si estos comentarios fueran referidos a otra etnia o pueblo. Sin embargo, cuando se refieren a los palestinos o a los musulmanes todo parece normal.

El arte de la propaganda consiste en exagerar algunos hechos, distorsionar otros, y ocultar o minimizar algunos más. Todas estas técnicas han sido empleadas en el caso de los palestinos. El uso de las balas de acero recubiertas por una fina capa de caucho son denominadas ‘balas de goma’ en muchos de los diarios occidentales. No se menciona tampoco el hecho de que los israelíes disparan preferentemente a la cabeza de los jóvenes manifestantes. Esto ha dejado ciegos a varias docenas de ellos. No cabe duda de que si hubieran sido los palestinos los que hubieran realizado, incluso en una mínima parte, hechos de esta índole, esto habría recibido una amplia cobertura de los medios de comunicación occidentales.

Estos medios no han informado tampoco acerca de la actuación de las bandas de colonos que han asaltado varias localidades palestinas o de mayoría árabe dentro de Israel y que, bajo el grito de ‘Muerte a los árabes’ han asesinado, torturado, saqueado, quemado y linchado. Si hubo cobertura, sin embargo, para una advertencia realizada por Kofi Annan a los palestinos. Por otro lado, en las escasas ocasiones donde estos hechos son mencionados, son recogidos como declaraciones o quejas de los palestinos, y no como un producto de las observaciones de los reporteros. Por supuesto términos como ‘terrorismo judío’ o ‘fundamentalismo judío’ no son nunca utilizados. Las declaraciones de los responsables israelíes son recogidas tal cual, sin ningún comentario crítico, por muy absurdas que sean.

Cabe señalar también la ausencia en las informaciones o comentarios sobre crisis de cualquier referencia a la así llama ‘comunidad internacional’. Si uno estudia primeras dos semanas de informaciones sobre la Intifada en los medios de comunicación occidentales, encontrará que ese término solo utilizado en muy contadas ocasiones.

Los principales medios de comunicación han ignorado la realidad de que Palestina, incluyendo a Jerusalén, es un territorio bajo ocupación.

Así por ejemplo, un editorial de la BBC publicado en su sitio de Internet se queja del fracaso de la comunidad internacional para proveer un mediador honesto para el conflicto de Oriente Medio. En otro artículo se menciona la petición del príncipe heredero saudí Abdullah y del jefe de la delegación negociadora palestina Saib Erakat para que la comunidad internacional intervenga con el fin de proteger a los palestinos. En un tercero se hace referencia a las declaraciones del presidente pakistaní Rafiq Tarar que pidió la misericordia de la ‘comunidad civilizada ‘ en el caso de Palestina.

En contraste con esto, en la crisis de Timor Oriental, el término ‘comunidad internacional’ aparecía casi a diario. Se afirmaba entonces que ella podía asistir impasible ante ‘derramamiento de sangre’, que la intervención en este conflicto se convirtió en algo ineludible. Un caso similar sucedió en la crisis del Golfo de hace diez años, donde cada paso que se daba era justificado en nombre de la ‘comunidad internacional’.

Todo lo anterior prueba que el término comunidad internacional, que describe una suerte de ente supremo con un papel autoasignado de protección de los intereses generales de la humanidad, no es más que una creación de la máquina de propaganda que lo saca a relucir en todas las ocasiones en las que interesa justificar algún tipo de intervención Por supuesto, esta ‘obligación moral’ de intervención de ‘comunidad internacional nunca se aplicará en el caso d Palestina. Sólo los ingenuos o los ignorantes actúan como si existiera en efecto una entidad de esta naturaleza. En 1o que se refiere a Israel, el papel de la ‘comunidad internacional’ fue el legitimar la creación del estado sionista en 1948 y el de permitir este estado que viole impune e ininterrumpidamente todas las normas internacionales, resoluciones de la ONU y demás instrumento del Derecho Internacional.

Un ejemplo de esto es la última resolución de la ONU sobre la Intifada. Esta resolución es abstracta y ambigua, y evita en todo momento condenar a Israel. Se limita a deplorar el empleo de la ‘fuerza excesiva’ ‘ (¿desde cuándo las masacres contra un pueblo son ‘fuerza excesiva’?). A pesar de todo, Israel rechazó rápidamente la resolución, sabiendo a ciencia cierta que no sería acusado de violar la ‘voluntad de la comunidad internacional’. ‘Hemos sobrevivido al duro lenguaje de la ONU en el pasado’, afirmó Abraham Burg, el portavoz del Parlamento israelí. ‘Si ellos quieren continuar con su retórica no hay problema, pero, en un punto, ella se convierte en algo irrelevante para nosotros’. Difícilmente cabe imaginarse un desprecio mayor hacia la voluntad de las, en otros casos sacrosantas, resoluciones de la ONU.

Se supone que vivimos en un nuevo orden internacional donde ha de primar la libertad de expresión y de información. Sin embargo, lo cierto es que la máquina de propaganda ha alcanzado ya un nivel en que ella misma crea las verdades y los hechos para servir a sus propios fines e intereses. Lo menos que podemos hacer es comprender la naturaleza de esa máquina y abrir nuestros ojos.

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