Alan Woods
El martes 18 de noviembre, el presidente George Bush llegó a Buckingham Palace para realizar una visita de Estado de tres días, completa con la alfombra roja, los banquetes y los tiros de cañón. Delante de las puertas del palacio, se desplegó una inmensa operación de seguridad. Unos 5.000 policías británicos estaban dispuestos a proteger al presidente, junto con unos 700 agentes del servicio secreto que llegaron con Mr. Bush. Algunos parques y varias calles fueron bloqueados y se veía a francotiradores sobre el tejado real.
La realidad es que la mayoría de la gente en este país detesta a George W. Bush y todo lo que representa. Un activista contra Bush lo ha calificado de “el invitado más desagradable que este país haya jamás recibido”. No es sólo Irak. Nueve británicos están enjaulados en la Bahía de Guantánamo, una base militar de EE.UU. en Cuba, después de su captura en Afganistán y Pakistán durante la ofensiva antiterrorista de EE.UU., calificados de “no-combatientes” sin que se les permita la protección legal acostumbrada (como ser un abogado). El apoyo del presidente a Israel, su rechazo de la Corte Penal Internacional y su desprecio de los acuerdos medioambientales de Kyoto han enfurecido también a la gente en Gran Bretaña, igual que en el resto del mundo.
El colosal poder de EE.UU. se expresa como una colosal arrogancia, resumida en la así llamada doctrina Bush, mediante la cual EE.UU. se arroga el derecho de intervenir en cualquier país del mundo cada vez que considere que sus intereses nacionales están amenazados. Lo que colmó la medida fue la invasión de Irak, a la que se opuso una inmensa mayoría de la gente en Gran Bretaña. Por eso ayer, cuando Bush y Tony Blair estaban en Downing Street expresando su “férrea determinación” de insistir en la “guerra contra el terror”, más de 200.000 manifestantes, movilizados por la Coalición Alto a la Guerra, colmaron Whitehall y Trafalgar Square con pancartas y letreros contra George Bush y la criminal guerra contra Irak.
Pero todo esto no le interesa al reverendo Tony Blair, quien, como un devoto religioso, tiende naturalmente a gustar de guerras de toda clase. Como es un hombre muy pequeño, también le gusta presentarse lado a lado con el Grande y Bueno. Le gusta la compañía de multimillonarios, de la Reina y, desde luego, su espíritu gemelo, ese cristiano renacido, magnate texano del petróleo y presidente de EE.UU. (por la gracia de Dios y un poco de fraude electoral en Florida), George Bush. Todas las protestas en la calle no afectarán el lazo entre Mr. Bush y Mr. Blair. El primer ministro insiste en que es “exactamente el momento adecuado” para que su amigo y aliado visite Londres.
Lado a lado con tan ilustre compañía, hasta un hombre muy pequeño puede llegar a sentirse como un Hombre Muy Grande. Este síndrome lo conocen bien los escolares. El matón de la escuela siempre va a acompañado por un niño más pequeño al que le gusta caminar a su lado, ya que así se siente más macho. “¿Ven quién es mi amigo?” parece decir a todos mientras se pavonea por el patio de la escuela. Es, más o menos, la posición de Gran Bretaña en el mundo de hoy y especialmente la del primer ministro. Comparado con un honor semejante, ¿qué importan las opiniones del pueblo británico? Como George W. Bush, Tony Blair es un demócrata y, por lo tanto, jamás se preocupa por las opiniones de la gente. Hablando antes de la marcha, nuestro Tony dijo: “La gente tiene el derecho de protestar y manifestar en nuestro país. Forma parte de nuestra democracia. Todo lo que le digo a la gente es escuchen también el caso que presentamos. Es lo que debería ser un intercambio democrático”. Traduciendo al lenguaje ordinario, ese ejemplo clásico de Blairspeak significa: “Pueden protestar todo lo que quiera, pero yo soy primer ministro y haré lo que me dé la maldita gana”.
Fue (como los medios jamás se cansan de repetir) la primera Visita de Estado de un presidente estadounidense al Reino Unido desde que Woodrow Wilson se detuvo gentilmente en camino a la guarida de ladrones conocida en la historia como la Conferencia de Paz de París. Desde luego, numerosos presidentes de EE.UU. se han dignado a honrarnos con su presencia física desde entonces, y parece que Ronald Reagan hasta fue a cabalgar con la Resina. Pero ninguno de ellos mereció hasta ahora el honor de una visita de ESTADO antes de George W.
Parecería una contradicción en cuanto a que de todos los presidentes de EE.UU. (algunos de los cuales fueron individuos relativamente talentosos e interesantes.) este gran honor tuvo que ser conferido al actual ocupante de la Casa Blanca. Después de todo, George Bush podría ser acusado de muchas cosas, pero nunca de ser talentoso o interesante.
La oportunidad de la visita también provocó un cierto asombro. Es bien sabido que George Bush no es popular entre los británicos y su guerra en Irak es decididamente impopular, un hecho que quedó demostrado una vez más por la dimensión de la manifestación de protesta. Así que, ¿por qué vino precisamente ahora?
La verdadera razón para la oportunidad escogida para esta visita es que George W. se encuentra ante una elección en el futuro cercano. Es otro de esos molestos lastres de la Democracia. Sería lindo si se pudiera dispensar de las elecciones igual que de las manifestaciones,. Pero ya que hay que realizarlas (porque aún existe un montón de personas que creen que pueden cambiar alguna cosa), es necesario proceder a todos los pasos razonables para ser elegido. Esto incluye las VISITAS DE ESTADO A INGLATERRA.
La realidad es que últimamente la situación de George W. en los sondeos no es lo que solía ser. Con todos esos soldados estadounidenses que mueren en Irak y con los tres millones de puestos de trabajo que han desaparecido en la industria de EE.UU. en la misma cantidad de años, un inmenso déficit presupuestario y comercial y un dólar en baja, la gente se está poniendo algo intranquila. Así que, ¿por qué no alegrarla un poco con algunas buenas noticias? ¿Por qué no ofrecerle -sin costo alguno- un Espectáculo a la Hollywood con George W. Bush en el rol estelar, con Isabel de Windsor como la principal actriz y a Tony Blair como comparsa? ¡Será una maravilla para los encargados de las relaciones públicas!
El problema es que no contaron con las ESCENAS DE MULTITUDES.
La recepción a cuerpo de rey
Simulando (con un gusto admirable) que no llegaban a ver los elementos más rudimentarios en los cálculos de George, el establishment británico ofreció a sus distinguido visitantes una bienvenida adecuadamente calurosa, completa con alfombras rojas, fausto y pompa y la Caballería Real. Toda la monarquía y el gobierno de Gran Bretaña estuvieron a disposición del niño mimado de Texas, que voló al jardín trasero de la Reina en un helicóptero para evitar a las fervorosas multitudes que repletaban las calles para poder ofrecerle una ensalada volante de huevos y tomates.
Finalmente, el jueves, se llegaron a expresar las verdaderas opiniones del pueblo de Gran Bretaña. En una masiva manifestación -la mayor jamás vista en Londres en un día de trabajo- más de 200.000 iracundos manifestantes se vaciaron a las calles de Londres. Lamentablemente, George W no pudo verlos, ya que la presencia de 14.000 policías británicos y una considerable escolta de guardaespaldas (especialmente importados de EE.UU. por si los ingleses no fueran capaces de hacer las cosas) los mantuvieron bien alejados.
Previendo que la Visita de Estado sería algo controvertida y que era inevitable que habría grandes manifestaciones de protestas, los profesionales de la deformación informativa en Londres y Washington ya habían preparado anticipadamente su “Línea”: en una democracia se permite, por desgracia, que la gente manifieste. Ya que no se puede prohibir legalmente las manifestaciones, es mejor repetir constantemente qué cosa maravillosa es la democracia, cómo incluso se permite a la gente que manifieste en la calle y que grite lo que le venga en gana, porque, al fin de cuentas, los banqueros y los capitalistas y sus representantes políticos siempre decidirán lo que sucederá en realidad.
Cómo le ahorraron a George W. Bush un encuentro de lo más desagradable
Mientras tanto, el ejército de policías que ocupó el centro de Londres se dedicó a defender la Democracia y el Derecho a protestar, así como el Derecho a la Privacidad y de Invadir Irak del presidente, estableciendo interminables bloques móviles de ruta, estableciendo así llamadas áreas estériles y asegurando en general que se mantuviera a los británicos a mil millas de su “invitado”. El miércoles 19 de noviembre ya establecieron líneas policiales a través del Mall; activistas contra Bush corrieron hacia el Monumento de la Reina Victoria, donde otros esperaban que sus gritos llegaran a los aposentos en los que se alojaban los Bush. ¡No hubo caso!
Los londinenses, acostumbrados a un régimen más o menos democrático, se sorprendieron al ver su ciudad adornada con todos los implementos de un estado policial no demasiado eficiente. Delante de Westminster Abbey policías armados patrullaban el perímetro del edificio. Erigieron barreras metálicas de protección en las calles que llevan al área, flanqueada cada 50 metros por más policías. Otros escuadrones policiales controlaban el alcantarillado y las rejas del área buscando artefactos sospechosos. Los trabajadores que cruzaban Parliament Square, los visitantes del cercano Centro de Conferencias Reina Isabel y todo el que visitaba el Parlamento fueron detenidos en su camino. Grupos de trabajadores discutieron y confrontaron a la policía que les dijo que toda el área iba a ser sellada durante dos horas “por órdenes” (nadie dijo de quién).
Fue como si la gente de Londres hubiera perdido el control de su capital, igual como la gente de Bagdad perdió el control de la suya, para que George W. Bush y sus alegres acompañantes se sintieran en su casa. El Independent hizo un buen resumen cuando escribió esta mañana:
“Y cuando el desfile de vehículos penetró, en la penumbra del crepúsculo, por las puertas de Buckingham Palace, hubo un abrumador sentimiento de que los británicos reclamaban su capital.”
El periódico pasó luego a describir los métodos utilizados para convertir a Londres en una ciudad en estado de sitio - por su invitado.
“El convoy presidencial abandonó el Palacio y aceleró por The Mall, con sus limusinas blindadas reptando por Horseguards Parade como un ominoso rastro de humo negro. Como para subrayar la sensación invasiva de la visita, carretillas elevadoras habían depositado anteriormente barreras de protección de hormigón alrededor de la Abadía, y la estación de Metro Westminster, que normalmente es muy concurrida, estaba clausurada”.
Cómo George W. Bush no habló en el parlamento británico
El artículo continuó diciendo:
“Policías excesivamente diligentes que controlaban las barreras incluso llegaron a impedir que algunos parlamentarios entraran a Parliament Square. En teoría, sólo se permitió el acceso a parlamentarios y lores, y sólo a pié y con escolta policial. “El rebelde izquierdista Dennis Skinner no apreció que se le negara el ingreso. Un humilde policía le dijo al parlamentario que nadie podía pasar debido a la visita del presidente. ‘Eso me impide que vaya a trabajar. Voy todos los días, ayer estuve allí hasta las 2.45 de la mañana, hoy tengo una votación importante y por ese vaquero de hojalata Bush no puedo pasar’” dijo. El poli se rió estruendosamente. La Bestia de Bolsover se fue con su bolsa plástica de compras para tratar de pasar por otro camino.”
Extrañamente, el presidente, a pesar de ser un gran admirador de la democracia parlamentaria británica, no habló ante la Cámara de los Comunes o ante la Cámara de los Lores. La razón es bastante simple. No quería que volviera a suceder lo que pasó en Alemania, cuando fue recibido por una protesta de los miembros de izquierda del Bundestag.
Lo que sigue es un breve esbozo del intensivo itinerario del presidente.
9 a.m. WESTMINSTER ABBEY
Con un cinismo extraordinario, el hombre responsable de la muerte de decenas de miles de personas en una invasión ilegal de un estado soberano procedió a participar en una ceremonia de colocación de coronas en la tumba del soldado desconocido en Westminster Cathedral. Cientos de policías inundaron el área alrededor de la antigua iglesia en la que Mr.
Bush contempló mientras dos soldados de EE.UU. depositaron una corona en homenaje a los millones muertos en las guerras del pasado, pensando, sin duda, en cómo comenzar otras nuevas. Luego se reunió con familias de soldados británicos muertos en Irak y les dijo que no habían muerto en vano. Pero los que vio fueron cuidadosamente seleccionados para impedir situaciones embarazosas.
Bush dijo más tarde que continuaría orando por las familias. “Nuestras naciones honoran su sacrificio. Rezo por el consuelo de las familias. Nuestra misión en Irak es noble y necesaria”. La idea de que el presidente de EE.UU. los recuerde en sus oraciones fue sin duda un pensamiento muy reconfortante, aunque probablemente hubieran preferido ahorrarse sus oraciones y conservar en su lugar a sus hijos y esposos.
Ignoramos si los parientes formularon alguna pregunta a Mr. Bush o si se dieron por satisfechos con sus oraciones. Un portavoz del Ministerio de Defensa se negó a dar detalles de la reunión: “Se reúne con una selección representativa de las familias - una muestra de los diversos servicios, rangos y causas de fallecimiento”. En realidad, muchas de las familias de soldados muertos en Irak se negaron a reunirse con él, acusándolo por las muertes de sus seres queridos - muertes inútiles y gratuitas en ésta, la más inútil y gratuita de las guerras.
11a.m. CON TONY Y CHERIE EN DOWNING STREET
La caravana que se arrastró los pocos cientos de metros hasta Downing Street, donde un presidente y su primera dama, de aspecto sombrío, fueron calurosamente saludados por Tony Blair y su mujer, Cherie, sobre los peldaños de Nº 10. Mr. Bush puso un brazo amistoso alrededor de los hombros de Mr. Blair para las cámaras de televisión. ¡Es exactamente lo que le gusta a la “gente en casa”!
60 miembros de Amnistía Internacional se habían reunido al otro lado de la calle en Whitehall para protestar contra el trato dado a los detenidos en Guantánamo. Seis manifestantes vestidos con monos estuvieron detrás de las barras de metal negro en un intento de recrear la escena en Guantánamo. Pero los ilustres invitados o sus anfitriones no vieron nada.
En el interior de Downing Street, el presidente y Mr. Blair se juntaron en una reunión de uno a uno en el Salón Blanco. La última inteligencia de Estambul llegó mientras discutían tópicos que incluían Irak, el proceso de paz en el Medio Oriente, la OTAN, la UE, el comercio mundial y las próximas cumbres del G8.
Mientras tanto, la primera dama y Mrs Blair miraban a escolares que presentaban escenas de Shakespeare en uno de los salones. También estaba presente Tessa Jowell, la Secretario de Cultura, Medios y Deportes, y el dramaturgo Tom Stoppard. Sobra decir, que todos estuvieron perfectamente embelesados por estar en presencia de la Grandeza - aunque fuera en la forma de la Esposa del presidente. Y después del teatro, los cuatro fueron a almorzar en otro sitio de Downing Street, donde (se nos asegura) el menú fue idéntico al que sirvieron al presidente. Después de todo estamos en una Democracia.
12.15 p.m. CON LOS CABALLEROS DE LA PRENSA - UN INCIDENTE DESAGRADABLE
En la recargada decoración de la Suite Locarno en el Foreign Office se realizó el único evento para la prensa de la visita. Para ahorrar tiempo de los periodistas y proteger el delicado sistema nervioso del presidente, la conferencia de prensa duró sólo media hora e incluyó sólo seis preguntas. En función de los intereses de la “relación especial”, fueron divididas por igual, tres para los británicos y tres para los estadounidenses.
Mr. Bush indicó que seguía esperando poder entregar el poder en Irak a un nuevo gobierno iraquí el año próximo. Declaró que los ataques terroristas, no sólo en Estambul, sino también en Bagdad y otros sitios, constituían”un ataque contra la libertad”.
Sobre los terroristas de al Qaeda dijo: “Atacan cuando pueden y nuestra tarea es proteger nuestras patrias y cazar a esos asesinos y llevarlos ante la justicia. Estamos desmantelando la dirección de operaciones, una persona tras otra. Nos encontramos en una caza al hombre internacional”.
Causando el evidente bochorno de Mr. Blair, Nick Robinson, editor político de ITV News , formuló la pregunta para la que muchos de sus colegas carecían del coraje necesario. ¿ Comprendía el presidente por qué tanta gente en Gran Bretaña parecía temerle o incluso odiarlo?
“No sé si es el caso. Todo lo que sé es que la gente de Bagdad, por ejemplo, no pudo hacer esto hasta hace poco. La libertad es algo maravilloso”, dijo George.
1 p.m. ALMUERZO DE TRABAJO EN DOWNING STREET
Después de este programa extremadamente agotador, el apetito de los señores Bush y Blair y de sus acompañantes había alcanzado un nivel saludable. Así que se zamparon un almuerzo de calabaza asada, jamón en su jugo y dobles tartas de manzana, el todo preparado bajo la supervisión de un famoso chef de la televisión. Fue el instante en el que tuvo lugar la conversación seria entre las dos administraciones; los jefes superiores de la inteligencia y los asesores de la política externa respaldaron a sus respectivos líderes.
2 p.m. COMIENZA LA MANIFESTACION NACIONAL “¡STOP BUSH!”
La manifestación partió de Malet Street camino a Aldwych, cruzando el puente Waterloo, pasando por el South Bank hacia Westminster. Hubo un total de 5.123 policías activos en la capital - la cantidad más elevada hasta ese momento en toda la operación.
2.30 p.m. CONFRONTANDO EL TEMA CRUCIAL DEL MOMENTO
Había llegado la oportunidad de mostrar al mundo la cara bondadosa del dinámico dúo Bush- Blair. Sentados en la mesa en forma de ataúd de Cabinet Room, con Mr. Bush a su lado, el reverendo Tony Blair discutió la crisis de HIV/SIDA en África con un despliegue impresionante de expertos sanitarios de África y Gran Bretaña. “Es uno de los temas cruciales que confronta el mundo en este momento”, señaló pavoneándose, subrayando la gran cantidad de dinero que tanto Gran Bretaña como EE.UU. van a gastar para resolver el “tema crucial”. Lo que no subrayó en la misma medida fue que esas sumas de dinero - y en realidad la totalidad de los presupuestos de ayuda de Gran Bretaña y de EE.UU. - ascienden a sólo una fracción de los miles de millones que han gastado y que van a gastar en la invasión de Irak.
3.35 p.m. ADIÓS A LOS BLAIR
El primer ministro y su mujer dijeron adiós a Mr. y a Mrs. Bush sólo minutos antes de que los manifestantes convirtieran Whitehall en la mayor manifestación de un día laborable vista en la historia británica. Antes de acelerar hacia Buckingham Palace, Mr. Bush declaró a los reporteros presentes que había sido una visita “absolutamente espectacular”. Sea gracias a una cuidadosa planificación o por pura buena suerte, no escuchó las consignas de la multitud que cruzaba el puente Westminster.
5.22 p.m. EL DERRIBO DE BUSH
Un mar de manifestante pasó ruidosamente ante el parlamento británico y Downing Street, la residencia oficial del primer ministro Tony Blair, para llegar a Trafalgar Square. Numerosos londinenses corrientes se sumaron a la manifestación al salir del trabajo, incluyendo a empleados de la City con sus trajes y corbatas. Estudiantes universitarios abandonaron sus cursos para manifestar y mucha gente llegó de las provincias en autobuses. “Bush y Blair buscados por crímenes de guerra”, decía una pancarta. “Un asesino llega a la ciudad”, se leía en otra.
Como clímax de la manifestación, derribaron una efigie del presidente Bush en Trafalgar Square, imitando el derribo de la estatua de Sadam Husein cuando las fuerzas de la coalición entraron en Bagdad. La elevada estatua bronceada -que mostraba a Bush sujetando un misil diciendo “primer ataque” y con Blair en el bolsillo - iba a la cabeza de la manifestación antes de ser erigida en Trafalgar Square. La estatua de papel maché fue derribada y los manifestantes saltaron sobre ella, mientras eran vitoreados por la multitud. En el bolsillo superior de la estatua había una muñeca con la cara de un sonriente Mr. Blair. Decenas de miles más vieron y saludaron el derribo de la estatua del presidente de EE.UU. que los que estuvieron presentes en el derrumbe de la estatua de Husein.
Un portavoz dijo: “Esta fenomenal reacción muestra la profundidad del sentimiento del público británico hacia esta visita”. Pero no todos compartieron ese punto de vista. Precisamente en el instante en que Bush mordió el polvo, la primera dama emergió de una visita de los tesoros Fabergé en la Galería de la Reina en el Palacio para afirmar que las protestas contra la visita de Estado de su esposo habían sido menores de lo esperado. “No hemos visto tantas protestas”, dijo. “Pero hemos visto muchas banderas de EE.UU. y a gente que nos dio la bienvenida”.
No sabemos cuántos millones de manifestantes esperaban la Primera Dama y su esposo. ¡ Deben pensar que son aún más impopulares aquí de lo que son en realidad! Baste decir que el que más de 200.000 personas hayan salido a protestar un jueves por la tarde es prueba suficiente de que la abrumadora mayoría del pueblo de Gran Bretaña se opone a Bush y a sus políticas agresivas en Irak y otros sitios.
8.00 p.m. BANQUETE DE DESPEDIDA CON SU MAJESTAD
Cumpliendo con el protocolo de una visita de Estado, Mr. y Mrs. Bush ofrecieron una cena de reciprocidad para la Reina en Winfield House, la residencia del embajador de EE.UU. en Regent’s Park. Ojalá hayan comido bien y que sus sistemas digestivos no hayan sido demasiado afectados por el pequeño comité de recepción de más de 200.000 personas que manifestaban a gritos su desafío.
Mientras Bush alzaba su copa ante la Reina Isabel II, varias personas trataron de saltar por sobre una reja en los jardines vecinos al hogar del embajador. Dos fueron esposadas y cacheadas antes de ser introducidas en furgonetas policiales. Un grupo de ciclistas llegó a las barreras de la policía haciendo sonar pitos y gritando consignas contra Bush. Pero el presidente y sus invitados estaban bien protegidos tras los altos muros y una barrera impenetrable de matones del Servicio de Seguridad contra esta lamentable manifestación de democracia popular.
Lo bueno de todo el asunto es que muestra al pueblo de EE.UU. y a todo el mundo que Tony Blair -la mascota preferida de Bush - no habla en nombre del pueblo de Gran Bretaña. Demuestra que no existe una sino dos Gran Bretaña y que las dos están separadas por un abismo insalvable.
Por un lado está la Gran Bretaña de los explotadores súper-ricos, los especuladores, los hermanos Maxwell, los Charlies del champaña y sus equivalentes femeninos, la Familia Real que vive maravillosamente a costa del público haciendo nada, el Partido Conservador y la camarilla del Nuevo Laborismo alrededor de Tony Blair (que son uno y lo mismo), la Gran Bretaña que cena con la Reina y los demás parásitos acaudalados a costa del público y que gasta millones del dinero de los contribuyentes, que debería ser gastado en hospitales y escuelas, recibiendo a George W. Bush. Es la Gran Bretaña que ve todo el mundo.
Pero hay otra Gran Bretaña: la Gran Bretaña de los trabajadores que han sufrido una continua erosión de sus derechos y niveles de vida, los desocupados, los padres sin pareja que tratan de vivir con una miseria, los jóvenes matrimonios que no se pueden permitir un techo sobre sus cabezas. Son la mayoría que, entre otras cosas, se opone a la participación de Gran Bretaña en las aventuras militares iniciadas por gente como George Bush.
Por sus acciones en las que apoya servilmente todo paso y acción de la administración Bush, Tony Blair ha arrastrado a su país a una aventura militar en Irak, a la que se opone la inmensa mayoría del pueblo británico. Ha expuesto innecesariamente a su pueblo a sanguinarios ataques de fanáticos dementes. Este hecho ha sido dramáticamente subrayado por los atentados suicidas dirigidos contra objetivos británicos en Estambul. Bush y Blair, con su pasmoso cinismo, trataron de utilizar los sangrientos eventos en Turquía para justificar su invasión de Irak, en circunstancias que es evidente para todo el mundo que con ella han hecho el juego de al Qaeda, desestabilizando el Medio Oriente y creando un ejército de nuevos reclutas para bin Laden.
Mientras se vanagloria y se ensalza de su presunta “relación especial” con el estado más poderoso y agresivo del mundo, Tony Blair hace reverencias y se deshace ante el presidente de EE.UU. y acepta ciegamente sus dictados. Por su parte, el presidente le da de vez en cuando una palmadita en la espalda, como a un perrito faldero. La “relación especial” de los dos países no impide, sin embargo, que Washington eleve los aranceles para el acero y no lleva a que asegure procesos justos para los reclusos en Guantánamo.
Después de su reciente reunión con los jefes de la industria británica, Mr. Blair se vio bajo presión para lograr mejoras en los aranceles de EE.UU. para el acero. Pero cuando trata temas serios como el proteccionismo de EE.UU. para el acero, que afecta los puestos de trabajo de los trabajadores británicos, el perrito faldero recibe una buena patada en el hocico. A modo de compensación, el miércoles, el secretario de estado de Mr. Bush, Colin Powell, mencionó que los prisioneros británicos podrían ser liberados para que sean procesados en Fran Bretaña. Es el equivalente diplomático de tirarle un hueso a un perro. Sin embargo, es una especie de cáliz envenenado porque un tal juicio, si fuera realizado en Gran Bretaña, constituiría un serio embarazo para el gobierno.
The Economist concluye: “En cuanto a Mr. Blair, que ya sufre en los sondeos de opinión, su proximidad impenitente con Mr. Bush podría ser un tiro por la culata”. Sí, puede, podrá, ciertamente ya ha podido. La conducta de Tony Blair y de los políticos oportunistas de derecha que se han apoderado del Partido Laborista disgusta a muchos miles de miembros de ese partido y sindicalistas. Mostraron su disgusto al participar en las masivas manifestaciones de protesta contra Bush. Es el auténtico pueblo de Gran Bretaña - la gente que crea su riqueza a través de su trabajo, a la que no le gusta que el nombre de Gran Bretaña sea arrastrado por el lodo por aquellos que hablan en su nombre.
En los meses y años por venir esa gente encontrará medios más efectivos de expresar su disgusto - participando en una masiva revuelta contra la derecha que ha deshonrado el nombre del laborismo ante los ojos del mundo. ¡Purguemos de una vez por todas al movimiento laborista británico de todos los carreristas de clase media que son conservadores disfrazados! ¡Volvamos a las ideas, políticas y programas del socialismo!




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