Zanini H
La nueva etapa del imperialismo, también conocida como “neoliberalismo y globalización”, al contrario de las viejas estructuras coloniales, se impone a través de los medios, de la moda, de la cultura, de la amnesia colectiva. Si antes fuimos sometidos por la espada, hoy lo somos por la manipulación de la comunicación.
A través de un minucioso mecanismo de convencimiento – donde los medios oficiales son parte fundamental – extensos sectores de la sociedad pasan a entender que el nuevo imperialismo está comprometido con una supuesta acción civilizadora, una bendición llegada del Norte, casi un favor que los gentiles señores de Washington nos prestan.
Declaraciones de amor son entonces producidas internamente en nuestros países por los agentes del neo-imperialismo, generalmente instalados en palacios de gobierno o en hermosas oficinas de banqueros. Quieren convencernos que el neoliberalismo nos cubre de progreso y tecnología, preocupado siempre en buscar un bienestar que llegará – según ellos - pronto.
Sin embargo, no estaría de más recordar que, a cada espasmo de ese nuevo imperialismo, es conveniente protegerse en refugios anti-bombas. Y revisar los bolsillos y las billeteras.
La implantación de las políticas imperiales jamás volvió a ninguna de sus colonias más prósperas, aunque en muchos casos haya creado y enriquecido algunos polos de desarrollo. Desde ya, que en manos de transnacionales.
El imperialismo no disminuye - por lo contrario, aumenta - las tensiones sociales al concentrar aún más la renta. Paga sueldos muchas veces menores que aquellos pagados en la metrópolis de EEUU, e impone mayores precios que en Nueva York. Se adueña del mercado interno y de los puntos estratégicos de la economía y del mercado. Se adueña del progreso, decide sus rumbros y límites. Fija fronteras. Orienta como desea el comercio exterior y las políticas monetarias junto a nuestros gobiernos cómplices. Desnacionaliza nuestras industrias. Se adueña de los excedentes. No trae capitales de inversion, sino que los sustrae, escondiéndose en la teoría de las “inversiones internacionales”, los cuales permiten el envío de ganancias, como una eterna hemorragia, a sus casas matrices.
Y para aceptar esa política neo-caníbal, nuestros países se hipotecan a sí mismos, abriendo nuestros mercados, permitiendo inversiones puramente especulativas, eximiendo (caso del Brasil de Lula) a los inversores internacionales del pago de impuestos en aplicaciones en bolsas de valores, sometiéndose a las órdenes imperiales.
Caímos en una trampa sin fin. Nuestras economías dependen ahora del capital externo. Y sólo hay ahora una manera de salir de esa situación: la ruptura definitiva con el imperialismo, el FMI y las políticas genocidas impuestas por los EEUU. Y soportar, basado en la lucha y solidaridad de nuestros pueblos, el dolor de una reconstrución independiente, orientada a la satisfacción de los intereses exclusivos de nuestra gentes.
Una nueva categoría: los neo-esclavos
Por debajo de la frontera entre México y EEUU, cientos de millones de personas trabajan – y pierden sus vidas – para (mal) lograr sobrevivir. El caso de Brasil es el mas emblemático: el 35% de toda la renta nacional sirve para alimentar la caja del gobierno, que utiliza la mayor parte de ese dinero para pagar una deuda que jamás será enteramente pagada. Y viene todavía una reforma tributaria impuesta por el gobierno del PT…
De nuevo, la figura de la hemorragia. Servimos, no sólo los brasileños, sino que todos los latinoamericanos, para fabricar sangre. Producir riquezas, generar lucros y trabajar…
La evolución capitalista está permitiendo la creación de pueblos neo-esclavos. La característica mas marcada de esta categoria es la “vida en close”. Perdemos la capacidad de visualizar el amplio, el etéreo, vivir fantasias, tener anhelos y deseos, soñar el futuro. La vida de estos pueblos – “en close” – se define en la visión imediata de un almuerzo, de un pollo, de un cuaderno para el hijo.
Las vidas de nuestros pueblos no permiten más que tengamos pensamientos. No tendremos más ideas abstractas. Todo será concreto. “Mi proyecto de vida es pagar el alquiler de este mes”” o “mi sueño es cenar esa noche”. Todo se vuelve imediato, concreto, emergencial.
La vida colonial actual más parece un sistema de producción en serie. Todos producen - menos los desocupados que forman el ejército de mano de obra de reserva - riquezas que no disfrutan. Son robadas, así como nuestra biodiversidad lo será, como nuestra soberanía ya lo fue, y como nuestras conciencias están siendo.
La industria cultural como arma de dominación
Con la debida complicidad, los medios de comunicación son piezas fundamentales para la mantención de la realidad cruel de nuestros países. Se está imponendo, a través de una industria cultural vuelta exclusivamente a la cretinización colectiva, el vacío intelectual. Esto interesa al imperio y a sus agentes latinos.
La alienación produce el discurso vacío, la falta de ideas, de proyectos, de futuro. Es razonable creer que a partir del discurso aprendido de las teles, “evolucionaremos” hacia el discurso fragmentado, tartamudeado, y entonces, finalmente, para el silencio intelectual absoluto, cuando serviremos, en fin, solamente para aplaudir al bla-bla-bla de quienes siempre nos han explotado, robado, matado, y sus discursos en la red nacional de televisión.
Esa es la lógica que el neocolonialismo ha demostrado. En el caso de Brasil con Cardoso, y ahora con Lula, y en Argentina con la fila de presidentes neoliberales, eso ha quedado muy claro. La entrega de nuestros países fue total.
El proceso de alienación colectiva se ha acelerado y nos transformamos en grandes productores de riquezas para ser enviadas al imperio y a las grandes corporaciones internacionales a través del “dolarducto” que nos une al FMI.
¿Cuánto más tendremos que aguantar todavía? ¿Para qué sirve Lula? ¿Para ser subgerente?




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