Cuando muere Juan Domingo Perón el 1 de julio de 1974, desaparece no sólo el protagonista principal de una gran parte de la historia argentina, sino que con él se fueron también muchas de las posibilidades de desentrańar la verdad sobre episodios que construyeron su propia figura mitológica.
Desde sus orígenes, el General mantuvo con sus fuentes una relación, que fue acrecentada por quienes lo rodearon en las diversas contingencias de su vida política y por él mismo, que se prestó a una suerte de ocultamiento de sus datos personales.
Ni siquiera de su fecha de nacimiento hay certezas definitivas. El día es aún discutido: si el mismo se produjo el 7 o el 8 de octubre. Si fue en 1895 o en 1893.
Si en su ascendencia predominaba la sangre india o provenía de familias de inmigrantes con ciertos vestigios de nobleza; y, finalmente, hasta su mismo lugar de origen están hasta hoy en tela de juicio.
Lo realmente extraordinario de este caso, es que Perón accede a los puestos de primera línea bordeando los ańos cuarenta, cuando ya estaba pisando la cincuentena.
Al mismo tiempo, está comprobado que provenía sí de una familia de muy precarios medios económicos y, si bien es cierto, del lado de su padre podía haber existido cierta influencia motorizada por su abuela, nadie hubiera imaginado su destino a casi cuarenta ańos de su ingreso al Colegio Militar. Por ello es casi impensable un manejo casi perfecto de parte de dońa Dominga Dutey, su abuela.
Sorprende entonces la forma en que se construyó una historia cuando debieron haber estado asentados los principales hechos de su vida, como en cualquier caso, máxime siendo integrante de una institución como el Ejército mismo.
Alguna explicación sobre el particular puede brindar una anécdota referida por uno de los protagonistas a quien esto escribe: en cierta oportunidad el doctor Felix Luna – historiador argentino - se acercó al general Perón para recabar de él datos que necesitaba para sus trabajos. La respuesta de Perón fue desalentadora:
- Mire Luna – le dijo, palabras más o menos – todas estas cosas yo se las dejé a Pavón Pereyra para que sea él quien las maneje, de manera que ahora no puedo inmiscuirme en lo que está haciendo.
Enrique Pavón Pereyra, historiador que compartió con Perón la primer oficina que tuvo éste en el Ministerio de Trabajo, fue con el correr del tiempo el biógrafo oficial del ex presidente. En Madrid colaboró con la actividad del General en la casa de Puerta de Hierro registrando, a pedido de Perón, las visitas y conversaciones que al líder le interesaba dejar asentadas. Muchos de los datos aportados para los trabajos de Pavón Pereyra debieron ser modificados con el tiempo por el mismo General. Así, en uno de sus últimos libros -Yo, Perón- Pavón Pereyra escribe en primera persona, como si fueran realmente las memorias dictadas por el ex presidente, y rectifica algunos datos de la biografía de éste. Entre ellos se encuentra el tema de la fecha de nacimiento apuntado más arriba.
Historias de pago chico
La figura de Perón ha sido siempre un polo de atracción por el que muchos se sintieron subyugados, despertando en profesionales y aficionados una extrańa predilección por mostrarlo desde diversos ángulos. Es larga la lista de escritores que construyeron parte de su fama abordando la vida del líder justicialista. Algunos de ellos extranjeros, fuertemente apoyados por instituciones variadas, concretaron importantes estudios.
Muchos más modestos, no faltaron quienes se arriesgaron a tareas de investigación sin contar con la preparación necesaria ni los medios, pero explotando filones novedosos.
Un médico, Hipólito Barreiro, que había ejercido como embajador argentino en un país africano durante el gobierno de Isabel Perón, se adentró en el estudio de los orígenes de la familia.
Entre otras cosas sostiene, en un libro editado en Buenos Aires, que Perón sería el primer presidente argentino de raza aborigen.
Testimonio de Hipólito Barreiro
-Perón había nacido el 7 de Octubre de 1893, como Juancito Sosa, hijo natural de padres solteros en un medio precario como lo constituía la casa-rancho de las afueras de Roque Pérez, de una madre de sangre indígena semi analfabeta, lo cual lo constituía a él en un mestizo, luego anotado irregularmente en Lobos el 8 de Octubre 1895, es decir dos ańos y un día después como Juan Domingo Perón, y finalmente bautizado recién el 14 de Enero de 1898 como Juan Domingo Sosa, en la parroquia de Nuestra Seńora del Carmen de Lobos.
Estos hechos que hoy no tendrían mayor relevancia representaban sin embargo para la época y más tarde para el Ejército, un estigma social insalvable.(Lo mismo sucedió con el origen de Jose de San Martin, El nińo José habría sido el hijo de una india guaraní llamada Rosa Guarú (que servía a los San Martín en Yapeyú) y de Diego de Alvear, padre de Carlos, como nos dice el historiador Hugo Chumbita en El Secreto de Yapeyu) mintiendo su origen para poder acceder al ejercito, lo que hubiera sido imposible para un indio. N&P)
Naturalmente, nada de eso figuraba en el legajo personal del joven Perón a su ingreso al Colegio Militar, y por supuesto jamás figuró después. Manos amigas se encargarían de allanarle el camino, otorgándole además una beca para que pudiese estudiar porque carecía de recursos. Hubo dos familias conocidas de entonces, los de Atucha, amigos de su padre y los de Amoedo, amigos de aquellos, que no serian ajenos a estos sucesos. (En el invierno de 1985, almorzando en el comedor del Senado Nacional, el que fuera Senador Julio Amoedo -me contó (dice Barreiro) y confirmó estos dichos que su padre le habría referido oportunamente. Estaban presentes los entonces senadores Felipe Bittel y Ramón Saadi).
De todos modos el joven estudiante crece y aprende a conservar su secreto, el origen de su nacimiento y siente que debe percibir y catalogar estas dudas como -paginas oscuras de su vida que recien comienza. Era la -belle epoque argentina, la del poder sustentado por los barones de la tierra; de las estancias que se median por leguas, de la bien llamada oligarquia vacuna.
Era el -pais de los toros gordos y de los peones flacos, donde Juancito Sosa se habia criado -de a caballo entre los desposeidos, los indios, los mestizos y el gauchaje, meros partícipes de la injusticia de una sociedad injusta. regida entonces por la Ley de -Vagos y Malentretenidos.
-Ahora, con el seguimiento de su historia, sabemos que las suyas no fueron lecciones aprendidas de un libro o de un narrador circunstancial. Fueron si, vivencias genuinas que habían ido moldeando el carácter y el alma de un nińo a quien el Destino, más tarde, le reservaba el pasaje a otra dimensión.-
El indio Juancito
En defensa de sus dichos Barreiro destaca que Juana Sosa, la madre de Juan Domingo, es descendiente pura de indios mapuches y considera, siguiendo el razonamiento indio - similar al de los judíos - que el vientre de la madre determina el origen del recién nacido.
Por lo demás, asegura que el nacimiento de Perón tuvo lugar en un rancho de la localidad de Roque Pérez y no en la localidad de Lobos, tal como seńala la historia oficial.
En realidad, la casa de Lobos proclamada monumento histórico por disposición de un decreto del ańo 1953 refrendada por el vicepresidente Alberto Teisaire a cargo de la presidencia en ese momento, por ausencia del General, pareciera improbable - por su estilo - que fuera del siglo pasado.
También es cierto que Mario Avelino Perón, el padre de Juan Domingo, se instaló en la región abandonando por enfermedad sus estudios en Buenos Aires y conoció a Juana Sosa cuando ésta tenía más o menos quince ańos. Se juntó con ella formando un hogar en el que nació primero Mario y dos ańos después el que sería presidente argentino.
Una serie de vicisitudes provocó que ambos nacimientos fueran inscriptos con ciertas irregularidades, originando de esta manera el caldo de cultivo apropiado para el manejo de esos datos. Incluso, la partida oficial de nacimiento tiene una mancha de tinta que dificulta su lectura.
Barreiro dice que el rancho en el que nació el general aún se mantiene en pie en Roque Pérez. Por las dudas, el Congreso de la Nación Argentina dispuso declararlo también monumento histórico, pero -como un lugar donde Perón pasó parte de su infancia…
Juana Sosa
En la historia del peronismo existen personajes rodeados de un halo de leyenda, que la falta de información oficial ha magnificado. En esta categoría se encuentra dońa Juana Sosa Toledo, la madre del general Perón, que falleció en Comodoro Rivadavia siendo su hijo presidente de la Nación.
La vida de dońa Juana tiene para el gran público la misma categoría incierta que la infancia del mismo Juan Domingo Perón. Lo real es que esta mujer se encuentra con Mario Tomás Perón – padre del tres veces presidente argentino - en la zona de Lobos en la provincia de Buenos Aires.
Allí vivía frisando los quince ańos, hija de Juan Sosa y Mercedes Toledo, sobrellevando una situación común a hogares de su clase. Puestero en una estancia, a la muerte del padre, la seńora Mercedes y su hija Juana quedaron casi en el desamparo, debiendo desalojar el lugar donde vivían y mudándose a Lobos donde sobrevivieron con actividades variadas.
Cuentan que Juana vendía pasteles y huevos, destacándose por su forma decidida de montar y recorrer los lugares distantes, haciendo su propia clientela.
En esa etapa conoce al joven Perón que se radicó en la zona para curarse una enfermedad de los pulmones, abandonando los estudios de Buenos Aires. Pronto un primer embarazo trajo al mundo a Avelino Mario, el hermano mayor del ex presidente. En este punto, la historia oficial difiere de otras versiones y se hace mucho más difícil el rastreo de la vida del matrimonio Perón-Sosa.
Por un lado se sostiene que después del nacimiento del primogénito, la pareja ocupa una casa en Lobos que fue con el tiempo – un poco más de dos ańos después - el lugar de nacimiento del general Perón. Testimonios posteriores sostienen, después de la muerte del General Perón, que en realidad la pareja se mudó a Roque Perez, un pueblo distante unos sesenta kilómetros, y que allí nació Juan Domingo, en un rancho que aún existe.
La casa de Lobos es sede hoy de un museo, habiéndosela declarado monumento histórico en octubre de 1953.
De todas maneras, el dato es casi irrelevante, para la evaluación de una vida de sacrificios como la que tuvo esta mujer, descendiente directo de indios mapuches, que se manejó atendiendo la crianza de dos hijos, con un marido enfermo y casi sin recursos.
En la lucha por la subsistencia debió recurrir a los trabajos más ingratos del campo, esquilando ovejas, ordeńando y cuidando sus animales de granja.
Los ańos venideros no le trajeron precisamente holgura económica: mientras Juan Domingo Perón estudiaba en Buenos Aires bajo la protección de su abuela paterna, Juana y su marido recorrieron distintas lugares de la Patagonia. Primero se asentaron en Santa Cruz y luego en la provincia de Chubut.
Precisamente en este última se afincan en la localidad de Comodoro Rivadavia y allí ocurre en el ańo 1953 su fallecimiento.
Para ese entonces, muerto el padre del general Perón, estaba casada con un hombre de apellido Canosa que atendía el campo que en la zona finalmente había hecho progresar la familia.
Los restos de dońa Juana Sosa de Canosa fueron trasladados – vía aérea – a Buenos Aires y enterrados en el cementerio de la Chacarita. Ocurría esto el 1 de junio de 1953 a las once de la mańana.
Juana Sosa es otro personaje ligado al ex presidente que entró en la leyenda, transponiendo un efectivo manto de desinformación.
Ricardo Eulogio Brizuela



