El discurso del presidente George W. Bush sobre Iraq trataba menos sobre Iraq que sobre su vecino oriental, Irán. No había nada nuevo que decir sobre la estrategia de los EEUU en Iraq, pero sobre Irán, el presidente ha definido un plan que parece tener como objetivo llevar a Iran a una guerra contra los EEUU.
Mientras que Washington especulaba sobre el hecho de que el presidente aceptase o no las recomendaciones del grupo de estudio sobre Iraq, pocos habían previsto que haría exactamente lo contrario de lo que James Baker y Lee Hamilton habían aconsejado. Más que retirarse de Iraq, Bush ha decidido un aumento del número de tropas.
Más que discutir con Irán y Siria, Bush ha prácticamente declarado la guerra a esos estados. Y más que presionar sobre Israel para encontrar una solución al conflicto israelo-palestino, la administración Bush hecha leña al fuego del conflicto interno en Gaza armando y entrenando Al Fatah contra Hamas.
Varios indicios recientes indican que la administración Bush no ha considerado jamás de forma tan seria la guerra contra Irán. El Miércoles, Bush ha proferido las acusaciones más duras hasta hoy contra los dirigentes de Teheran, afirmando que los religiosos “suministraban apoyo material para los ataques contra las tropas americanas”.
Todo ello prometiendo “hacer cesar los ataques sobre nuestras fuerzas” y de “buscar y destruir los focos que abastecen armamentos modernos y entrenamiento a nuestros enemigos en Iraq”, y no ha hecho ninguna mención al flujo continuo de hombres y dinero destinado a los insurgentes sunitas y a Al Qaeda desde Jordania y Arabia Saudí.
Al contrario, ha revelado el proyecto de desplegar nuevas fuerzas en el golfo pérsico y un sistema de defensa antimisiles compuesto por misiles Patriots en los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para proteger los aliados de los EEUU. La utilidad de este proyecto para poner fin a la violencia en Iraq sigue siendo un misterio. Ni los insurgentes sunitas ni las milicias chiitas poseen misiles balísticos. Y si los tuviesen, nada indica que los dirigirían a los estados del CCG como Baharin, Kuwait, Oman, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.
El despliegue de los misiles Patriots podría explicarse por un plan de los EEUU para atacar Irán. El año pasado, Irán hizo saber a los estados del Golfo, en una dialéctica embotada, que ejercerían represalias contra los reinos de los « sheikhs Arabes » si EEUU atacaban Irán usando las bases de esos países. Conscientes de la debilidad de la armada aérea iraní, las armas más susceptibles de ser utilizadas por Teheran serían los misiles balísticos -es decir el tipo de arma para el cual los Patriots han sido concebidos. Una primera etapa para allanar el camino hacia la guerra contra Irán sería abastecer a los estados del CCG una protección contra las potenciales represalias iraníes.
Puede que el indicio más importante de una guerra inminente contra Irán es el reciente arresto de diplomáticos iraníes en Iraq por parte de Washington. En el primer periodo donde Bush mantenía su discursos, las fuerzas especiales de los EEUU -en violación flagrante de las reglas diplomáticas y recordando el secuestro de diplomáticos americanos en Teheran por estudiantes Iraníes en 1979- han asaltado el consulado Iraní en Erbil, al norte de Iraq, arrestando a 5 diplomáticos. Más tarde, las fuerzas de los EEUU se han opuesto a las fuerzas peshmergas kurdas buscando arrestar otros iraníes en el aeropuerto de Arbil.
Estas operaciones han exasperado al gobierno de Iraq, incluso a los kurdos que son sin embargo aliados fieles de Washington. “Lo que se ha producido… es muy embarazoso porque había una representación iraní desde hace años y abastecía servicios a los ciudadanos”, ha declarado el ministro iraquí de asuntos extranjeros Hoshiyar Zebari en el canal Al- Arabiya.
La administración Bush ha justificado estas agresiones -incluidos los arrestos de varios funcionarios iraníes en Diciembre del año pasado- diciendo que tienen pruebas sobre la participación iraní en la desestabilización de Iraq. Pero si el objetivo era recolectar informaciones, tendría más sentido hacer una operación de gran amplitud y simultaneidad hacia todas las oficinas iraníes en vez de proceder poco a poco, succesivamente, alertando a los iraníes y dejándoles plácidamente destruir las pruebas que tienen (¿O no tienen?) en su posesión.
Una escalada en las incursiones y arrestos puede, al contrario, ser considerado como una provocación a los iraníes para incitarles a responder, lo que aumentaría la tensión y daría a la administración Bush el casus belli necesario para conseguir el apoyo del Congreso americano para el proyecto de la guerra contra Irán.
Más que pensar en una guerra preventiva contra Irán, justificándola por la existencia de armas de destrucción masiva -una estrategia adoptada por EEUU con Iraq pero poco factible para Irán- la sucesión de hechos en una estrategia de provocación es un supuesto para hacer creer que EEUU están forzados a ir a la guerra.
Importantes senadores republicanos y demócratas parecen haber comprendido la estrategia oculta del presidente. Durante la audición del Jueves al Senado, delante del Comité para los Asuntos Extranjeros, el senador Chuck Hagel de Nebraska ha establecido paralelismos entre la estrategia basada en la mentira de la administración de Richard Nixon para justificar la guerra de Vietnam a Camboya. “Cuando se pone en marcha este tipo de política donde el presidente habla aquí” ha advertido Condoleezza Rice “esto puede ser, muy peligroso”.
El senador Joseph Biden de Delaware ha añadido que la guerra con Irán exigiría un acuerdo en el Congreso. El Congreso es un desafío real al plan de guerra de Bush, más allá de intercambios verbales entre los senadores frustrados y los altos funcionarios en defensiva.
La próxima iniciativa puede venir de Irán. Teheran ha probablemente desinflado la tensión y se quedará inmovil para privar a la administración Bush de cualquier pretexto. Pero las provocaciones permanentes de los EEUU por otros ataques a consulados iranís y de representación iraní terminarán probablemente por causar una respuesta intecionada o involuntaria, así que la guerra podrá transformarse en realidad. A Irán le ha faltado alguna vez disciplina para abstenerse de responder ante las agresiones.
Mientras que el cálculo de la administración parece ser una presión extrema sobre Irán que forzará a Teheran a cometer un error, la creencia en Irán a que concesiones incitarian un cambio en la política de los EEUU está próxima a cero. Los EEUU tienen, en efecto, succesivamente rechazado todas las ofertas iranís.
Pero Teheran puede cambiar el clima que reina y escapar a la trampa de la guerra de Bush, relanzando debates con la Unión Europea para discutir sobre la territorialidad así como el impás del dosier nuclear. La paciencia y confianza de Europa hacia Irán ha sido en gran parte dilapidadas despues de la incapacidad de Teheran de apreciar los esfuerzos en Otoño de Javier Solana, el alto representante europeo para las cuestiones de seguridad y los asuntos externos, para negociar un acuerdo sobre la suspensión de las operaciones de enriquecimiento nuclear.
Además, la Unión Europea comprende muy bien los efectos de una guerra regional en el Medio Oriente, que llegarán antes a Europa que a EEUU. Pero que Europa se mueva por sus propios valores y por su propia seguridad y contra los planes de guerra de Bush todavia queda por ver.
Dr. Trita Parsi



