Historia de como se engendra un partido de “derecha fasicizada”
por Vincenzo Vinciguerra
Debemos rendir homenaje a la coherencia de personajes como Gianfranco Fini, Franco Maria Servello, Pino Rauti, Gianni Alemanno, Ignacio La Russa, Teodoro Buontempo y tantos otros más. Pues no coincidimos con el industrial Giuseppe Ciarrapico, que, en las páginas del “Corriere della Sera, los ha definido con desprecio como “renegados” (1).
El desprecio lo merecen, pero no por lo que proclaman ser hoy, sino por aquello que han afirmado ser durante casi medio siglo, cuando se han presentado como los herederos de la República Social italiana, los portaestandartes de esa bandera en la cual los combatientes fascistas habían escrito la palabra “Honor”.
Ellos, al igual que Giorgio almirante, Arturo Michelini, Pino Romualdi, no han renegado del honor, simplemente porque son incompatibles con él.
Han afirmado tener honor, pero no lo han tenido nunca.
“Estoy verdaderamente desolado –escribía Gianfranco Fini a los veteranos de la República Social Italiana- por no poder participar… en el VI Congreso de la Unión Nacional de Combatientes de la República Social Italiana. Compartimos tanto, no solo porque mi presencia habría constituido simbólicamente la mejor demostración de la continuidad ideal del MSI, no obstante el recambio generacional, con los valores que estuvieron en el origen de la República Social Italiana, pero también quería asumir personalmente el compromiso adquirido con el sacerdote que me ha donado la bandera de combate de la “Guardia del Duce” consignada en Gargnano. Con camaradería, Gianfranco Fini” (2).
Fini mentía, descaradamente.
Se había afiliado al MSI tras haber visto, en 1969, la película “BOINAS VERDES” que narraba las presunta hazañas heroicas de las tropas especiales americanas en Vietnam.
Sobre la existencia del regimiento “Guardia del Duce, tenía Fini quizás una vaga idea, y bajo la guía “iluminada” de Giorgio Almirante había comprendido que los muertos y los combatientes rinden en términos electorales.
El “camarada” Gianfranco Fini que, en 1988 estaba orgulloso de exhibir la bandera del regimiento “Guardia del Duce” mentía, volviéndose sincero años después, cuando condenaba el fascismo como “mal absoluto”, expulsaba de Alianza Nacional a quien osara exponer la foto del Duce en las sedes del partido, y se ponía de rodillas ante los embajadores americanos e israelíes.
Este es el Fini que, junto a sus colegas podemos definir como sincero, auténtico, orgulloso de mostrar sus orígenes y los de su partido, el Movimiento Social Italiano.
Si hubo alguna vez una “distracción estratégica” elaborada por los servicios secretos americanos, si hubo una estafa ideológica y política perpetrada contra millones de italianos por el Vaticano, Democracia Cristina y Confindustria coronada por el éxito, todo ello se sintetiza en el nacimiento del Movimiento Social Italiano.
El MSI nació de la exigencia de los servicios secretos americanos, de las jerarquías eclesiásticas y de los estamentos conservadores de empujar hacia la derecha a una masa fascista que estaba situada ideológicamente en posiciones de izquierda.
Para transformar la Italia “proletaria y fascista” que Benito Mussolini quería hacer confluir en el Partido socialista de unidad proletaria y en el Partido de acción (3) sustrayéndola al control de esa burguesía a la que consideraba la “ruina de Italia”, se precisaban personajes cínicos, astutos, sin prejuicios capaces de sorprender la buena fe de los honestos y de los ingenuos..
El primero de estos –el más importante- es Pino Romualdi, ex vicesecretario del Partido fascista republicano, con funciones más de representación que ejecutivas.
El 26 de abril de 1945, Pino Romualdi discute los términos de la rendición de las fuerzas fascistas en Como. El 27 de abril de 1945 es puesto en arresto, junto a Vanni Teodorani, el coronel Francesco Colombo, comandante de la Legión “Ettore Mutti” y el capitán de fragata Giovanni Dessy destacado en el servicio secreto militar del Reino del Sur.
Los partisanos de la brigada GL [Giustizia e Libertà] de Cadenabbia retienen –y fusilan luego- solamente al coronel Francesco Colombo, los otros son liberados, incluido Pino Romualdi que no es identificado como vicesecretario del PFR y que, de modo singular, desaparece de la circulación aun cuando los aliados deberían haberlo arrestado y ponerlo bajo custodia, evitando que terminar ante un tribunal popular, y seguidamente ante un pelotón de ejecución partisano.
Los aliados salvan a Pino Romualdi, porque esta figura gris de funcionario de partido que gusta en hacerse pasar por hijo natural de Benito Mussolini (con desprecio de la honestidad materna), sirve más vivo que muerto.
Agradecido por haberle salvado la piel, Pino Romualdi utiliza la libertad conferida por los aliados para fundar los Fascios de acción revolucionaria (FAR) a los cuales atrae a todos los que no se resignan a la derrota militar y que esperan una revancha política.
Demasiado grande resulta la tragedia que viven los fascistas en la inmediata posguerra como para conservar la lucidez necesaria en analizar cómo será su futuro político.
La aniquilación física de la clase política dirigente fascista republicana priva a la masa combatiente de puntos de referencia ideológicos, capaces de elaborar una estrategia política y de ejecutarla sin caer bajo la sumisión de los vencedores. La fidelidad y la confianza en los jefes, típica de la mentalidad fascista, vuelven sencilla por consiguiente la acción de Pino Romualdi que propone una estrategia mucho más burda, incluso grotesca al ser calcada de los inicios del fascismo, olvidando que había existido una gran guerra mundial y que no existía ya una figura carismática como la de Benito Mussolini.
Es solamente Romualdi quien borra el fascismo como doctrina dejando intacta solo la componente anticomunista, la menos importante, la menos sentida por los fascistas que ven en las demo-plutocracias capitalistas a su implacable enemigo.
Peor aun, Pino Romualdi invita a los fascistas a combatir solo contra el comunismo, transformándose en la vanguardia de una burguesía tremebunda que un día habrá de llevarles al poder si tienen la capacidad de detener al comunismo.
En el mes de julio de 1946, mientras todavía los fascistas caen bajo el fuego de los pelotones de ejecución, Pino Romualdi en el primer número del boletín clandestino de los FAR, “Revolución”, un artículo en el cual ilustra su estrategia.
En él escribe que tras el éxito del referéndum [contra la monarquía] ” la lucha política no se podrá mantener ya en el plano parlamentario, sino que acabará en desordenes callejeros, en violencias y en una tensión general. Las fuerzas de derecha que tiene por característica distintiva una bellaquería congénita, unida a un sacrosanto temor de perder sus privilegios, se entregarán a la búsqueda desesperada de una fuerza capaz de enfrentarse resueltamente a la extrema izquierda.
Ese será nuestro momento.
Se trata en resumidas cuentas de crear en el país una psicosis anticomunista tal que obligue –prosigue Romualdi- a todos los partidos a apoyar el Fascismo como el más dinámico de los movimientos anticomunistas, del mismo modo que lo hicieron los comunistas creando una psicosis antifascista al punto de obligar a todos los antifascistas, incluidos los de derecha, a apoyar el comunismo como el más dinámico de los movimientos antifascistas.
Como en abril del pasado año, la masa de choque del antifascismo estaba constituida por las escuadras socialcomunistas que –aun suscitando la inquietud anticomunista de los italianos- eran apoyadas sin embargo a causa del odio al fascismo, así cuando nuestro momento llegue, el fascismo deberá nutrir de masas de choque al anticomunismo y la mayoría de los italianos –aun no siendo fascista- nos apoyará por odio al comunismo”.(4)
Este cúmulo de mentiras y concentrado de idiotez política será el manifiesto programático del denominado neofascismo posbélico que tendrá como única expresión al Movimiento Social Italiano.
El partido nace con la intención concreta de casi todos su promotores de trasladar la masa fascista hacia posiciones de esa derecha “de congénita bellaquería” transformándola en la “guardia blanca” de un régimen reaccionario.
Los fascistas como arma de esa burguesía que Mussolini había tachado como “la ruina del país”
Esta es la estrategia de titiriteros ocultos que manejan los hilos que sostienen a los Romualdi, los Michelini, los Almirante y compadres.
Este es el inicio de una tragedia que no acompañará durante todo el tiempo que va desde la posguerra hasta hoy, con su carga de luto y sangre, de dramas y de tragedias que se pretende hacer pasar como el fruto envenado del “terrorismo” de los “opuestos extremismos”.
No por casualidad la publicación del artículo de Pino Romualdi en el primer número del periódico de las FAR coincide con la revelación hecha por James Jesús Angleton al comisario de Policía Humberto Federico D ´Amato de que había llegado la orden de Washington de movilizarse frente al comunismo.
En octubre, en el estudio de Arturo Michelini se reúnen Jacques Guiglia, jefe del gabinete de prensa de la Confindustria; el abogado Italo Formichella; Bruno Puccioni, amigo personal de Pino Romualdi; Biagio Pace; Ezio Maria Gray; Nino Buttazzoni; Francesco Galanti; Giorgio Bacchi; Gianluigi Gatti, con el objeto de crear un nuevo partido político.
Entre los presentes, están en estrecho contacto con los servicios secretos americanos dirigidos por Angleton: Arturo Michelini, el general Muratori, Bruno Puccioni, Nino Butazzoni, Valerio Pignatelli. Ausencia justificada, Pino Romualdi también él estrechamente conectado a los servicios secretos americanos.
Las credenciales presentadas ante los vencedores son óptimas: el 31 de octubre fueron los hombres de Romualdi los que suministraron a los israelíes el explosivo para cometer un atentado contra la sede de la embajada británica en Roma. [NdelT. El subrayado es nuestro]
Se jactará de ello, medio siglo después, Alfredo Mantica,, a la sazón colaborador de Romualdi, a la búsqueda de méritos filo-judaicos hábil y fervorosamente disimulados durante medio siglo.
El 16 de noviembre de 1946, en Verona, será fusilado Valerio Valeri, codirector del diario “L´ Arena” y comandante de escuadra de acción durante la República Social Italiana.
Los fascistas mueren, un grupo de sinvergüenzas y algún ingenuo crea el Movimiento Social Italiano, destinado por la propaganda del régimen a representarlos, a los vivos y a los muertos, hasta 1994.
El 3 de diciembre de 1946, en Roma, siempre en el estudio de Arturo Michelini, que no se adhirió a la República de Salò, se constituye el Movimiento Social Italiano. Entre los promotores destaca Constantino Patrizi, vinculado a la Democracia Cristiana y administrador del periódico “Rataplan”.
El 26 de diciembre de 1946 el partido está oficialmente constituido.
A poco más de una año y medio del final de la guerra, los americanos han reconstituido un partido “fascista” con la bendición del Vaticano y el apoyo de la Democracia Cristiana.
Si los orígenes del Movimiento Social Italiano son americanos, el nombre y el símbolo son franceses.
Precisamente, el Movimiento Social Francés es un partido que agrupa por admirable coincidencia a patriotas y veteranos que no tienen ideología alguna sino que esté sólidamente anclados en posiciones conservadoras y reaccionarias.
El símbolo del MSF es una llama con los colores de la bandera francesa, rojo, blanco y azul.
Su copia italiana, por lo tanto, tendrá su símbolo distintivo derivado de los colores de la bandera italiana, rojo, blanco y verde.
A la nueva formación política se alista picando espuelas el hombre destinado a convertirse en símbolo del MSI: Giorgio Almirante.
Si Arturo no se adhirió jamás a la RSI, si Biagio Pace hizo otro tanto, incluso peor aun porque fue informante de los carabineros que en la clandestinidad luchaban contra la Republica Social, Giorgio Almirante ha sido, al contrario, jefe de gabinete de prensa del ministerio de Cultura popular durante la RSI.
Su predecesor, Gilberto Bernabei, escapará en diciembre de 1944 a Roma, traspasando las lineas y, en la posguerra, será uno de los hombres de confianza de Giulio Andreotti.
Almirante, por su parte, se preocupará en dar cobijo a una familia judía como salvoconducto para el futuro, pero es un cálculo que muchos harán y, sumándolo todo, no habría de ser suficiente para escapar a las condenas.
Pero sobre Giorgio almirante planea una sombra que nunca nadie ha sabido o querido disipar.
En la inmediata posguerra, cuando se mataba a mansalva a todos cuantos, por una razón u otra, había tenido relaciones con los alemanes y con los fascistas, Almirante estaba escondido en casa de sus amigos hebreos, en Turín, pero no podía en modo alguno evitar que la magistratura procediera contra él por el “delito” de “colaboracionismo”.
Pero por el contrario, ninguna instrucción penal, ni mucho menos un proceso, se abrió nunca contra Almirante. Él mismo en su libro “Autobiografía de un fusilador”, no hace mención alguna a eventuales problemas judiciales.
En años en los que las mecanógrafas eran condenadas hasta con doce años de reclusión por “colaboracionismo”, el jefe del gabinete de prensa del ministerio de Cultura popular Giorgio Almirante no es imputado por ningún Tribunal de la República.
¿Cómo es posible?
Es lícito sospechar que Almirante entrara en la categoría de aquellos que un determinado decreto ley decidió que no debería ser procesados pues había realizado doble juego a favor del movimiento partisano y de los aliados.
Su rapidísima ascensión a la cúspide del MSI justifica las dudas, incluso la prueba en contra lo acredita, desde el momento en sus fieles no hayan mostrado públicamente las actas judiciales que dieran fe de que Giorgio Almirante haya sido procesado y condenado por un Tribunal antifascista.
Por lo demás, entre los promotores del partido que se ha arrogado publica y oficialmente el derecho a representar el patrimonio ideal de la República de Salò, sus combatientes y sus caídos, los bellacos no faltan.
Es el caso de Biagio Pace del que hemos ya contado su papel de confidente de los carabineros partisanos. Cuando el príncipe Valerio Pignatelli lo descubrió y pidió su expulsión del partido, Almirante y compañía se negaron y fue Pignatelli, asqueado, el que se marchó.
Fue el primero de los honestos y de los ingenuos en alejarse del Movimiento social. Lo seguirán el comandante Nino Buttazzoni, Giorgo Pini y muchos más.
Por los fascistas que se marchan, hay otros traidores a la Patria para tomar su puesto dentro del partido, como Franco Maria Servello que en 1945 escribía en los boletines del V Ejército americano contra ese fascismo y esos fascistas de los que, después, llegará a ser instrumentalmente heredero y continuador como vice-secretario del MSI.
En definitiva, la coherencia del antifascista Gianfranco Fini y de sus colaboradores resulta probada por la historia de los dirigentes de un partido creado por los enemigos del Fascismo. Han vuelto finalmente a los orígenes, a sus orígenes, los de la infamia.
Así pues, secundar la maniobra de aquellos que quieren imponer al MSI y su símbolo como el origen del “neofascismo” de la posguerra es un error histórico e ideológico, político y ético.
No serán los missinos de carrera y de complemento, los viejos y los jóvenes los que prosigan una batalla que les es extraña, que no les pertenece no obstante la exhibición pública de los símbolos fascistas, detrás de la cual se oculta el apoyo, dado y recibido, a los partidos y a los hombres de la derecha más tosca y más claramente instalada en la defensa de los privilegios del capitalismo y de sus representantes.
Tras una pausa de más de sesenta años, en la época del capitalismo triunfal, es obligado retomar la guerra de la “sangre contra el oro”, pero para hacerlo se necesita quitar la careta del rostro de los hipócritas, de los mentirosos, de los enemigos que se fingen amigos, de los seudo camaradas que hacen del apoyo a este Estado y a este régimen el único objeto de su razón de ser políticamente.
Es preciso descubrir y reconocer a nuestros enemigos, que no son los chavales de los “centros sociales” con los que existen más puntos en común que de desacuerdo, sino que son los de siempre, los poseedores del poder y de la riqueza, los que por el dinero vencen y por el dinero viven.
Solamente entonces, podrá reiniciarse una batalla que será solamente la nuestra, volviendo a levantar una bandera que yace olvidada desde abril de 1945 y sobre la cual escribiremos las palabras que representan su razón y su fin: LIBERTAD, JUSTICIA, HONOR.









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