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“La Fiesta del Chivo” (versión española y con subtítulos de Pedrojota Ramírez)

November 23rd, 2003 · Post your comment (No Comments)

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Varios periodistas, que se sintieron “ofendidos” por la forma en que se desarrolló el homenaje a Julio Fuentes y José Luis López de la Calle el pasado 28 de Noviembre, han elaborado un pormenorizado relato de los acontecimientos de ese día, que califican de mal gusto.

Capítulo 1: Remojón a la llegada y elegidos para el solomillo

Llovía esa noche del 28 de noviembre de 2002. Las calles aledañas al Círculo de Bellas Artes de Madrid estaban cerradas al tráfico normal.

–”Sólo los vehículos autorizados”–, decían los policías municipales, que no escondían el gesto de fastidio por tanta parafernalia para unos pocos.

–”Oiga que el señor que va en ese BMW es periodista como yo”–, le piqué al agente.

–”Sí, pero él es Pedro J. ¿No le conoce? Director de El Mundo y organizador de este sarao.”–, replicó el solícito funcionario con un gesto de ‘circule por donde le digo y no me cree más problemas’.

Lo de atribuir el sarao a Pedro J. encendió la luz de alarma ya de por sí predispuesta. No será posible –pensé– que la entrega de los primeros premios internacionales de periodismo ‘José Luis López de la Calle y Julio Fuentes’ dotados con 40.000 euros cada uno, sea manipulada y utilizada en su beneficio personal y particular por Pedro J.

¡Qué iluso fui! Lo hizo desde el primer momento. Tanto con el asesinato de López de la Calle, en el País Vasco como con el de Julio Fuentes en Afganistán. Una prueba fue el funeral por Julio en la iglesia de la calle Serrano donde el banco de la primera fila estaba ocupado por él y su esposa Agatha.

Total, que nos fuimos al parking más cercano, nos mojamos lo que corresponde a una noche de esas donde el destino te anuncia que todo va a salir mal, y para más incordio te hacen identificarte a la entrada como si fueras uno de esos que se cuela en las presentaciones de libros para comer o cenar por la cara.

El Círculo de Bellas Artes, salido de su oscuro destino gracias a la gestión de Ruiz Gallardón y la recomendación de buen sitio para celebrar actos –aparcar es tarea imposible–, era el lugar de la cita a las nueve de la noche.

Las invitaciones habían sido escogidas cuidadosamente. Se buscaba dar al acto un relumbrón que poco tenía que ver con la vida de López de la Calle en su pueblo del País Vasco ni con el trabajo de Julio por esas guerras donde siempre tenía que hacer más que nadie porque la consideración de su director era tal que no tenía ni mesa de trabajo. Algo que por otro lado no está mal siempre que tu destino no sea el olvido en alguna sección de aliño.

El primer vistazo a la sala donde Pedro J. recibía a sus invitados confirmó los peores augurios y temores: mucho político para figurar y para no contrariar al azote por excelencia. Hasta Rodríguez Zapatero sonreía al lado de la persona que no paró en su deseo de meter en la cárcel a destacados miembros del PSOE. Con él, Trinidad Jiménez que tendría que comerse el marrón de quedarse a la cena, en una esquina marginal de la gran mesa presidencial de la fiesta de autoafirmación y adhesiones de la ‘gran causa’ de mantener su poder en España a través de El Mundo, disfrazada de lucha contra las agresiones a su libertad de expresión o sería mejor decir de ‘Empresa’.

Hay que reconocer que la alineación titular de la mesa presidencial no estaba mal surtida. El vicepresidente primero y ministro portavoz del Gobierno, Mariano Rajoy, como delantero centro con esfuerzo denodado por la sucesión que le había obligado la noche anterior a acudir también a la entrega de los premios del Club Internacional de Prensa. La ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo. El presidente de la Comunidad de Madrid y candidato del PP a la alcaldía de la capital –y ya veremos a qué más–, Alberto Ruiz Gallardón. La candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. El actual alcalde, José María Alvarez del Manzano. El delegado del Gobierno en Madrid, José María Ansuátegui (entre cuyas proezas se incluye haber ordenado a los policías antidisturbios trasladar en sus furgones los ejemplares que imprimió El Mundo en la planta de Torrejón y trasladarlos hasta el complejo de Canillas, para su posterior distribución. Este “incidente” fue citado en Telecinco por el redactor jefe de El Mundo, Francisco Frechoso, quien afirmó sentirse “ruborizado”, lo que le ha supuesto la prohibición de seguir participando en más tertulias televisivas.

La mesa se completaba con la candidata a la alcaldía madrileña por el PSOE, Trinidad Jiménez. Por supuesto con Pedro J. en lugar privilegiado y también el presidente de Unedisa, Alfonso de Salas, a quien no se le veía que disfrutara tanto del acto como al director del periódico. Un despistado que acudió al toque de generala realizado desde El Mundo pero que no tuvo sitio en esa mesa presidencial fue el secretario general de UGT, Cándido Méndez.

Las demás mesas estaban ocupadas por periodistas elegidos de El Mundo, otros invitados de medios de comunicación, a nivel de directores por supuesto, e invitados especiales, casi siempre colocados en un más que discreto segundo plano y que sólo fueron utilizados para hacerse la foto. Un duro ejemplo fue el hijo de José Luis López de la Calle. Otro, la viuda de Julio Fuentes, Mónica García Prieto.

Entre los verdaderos amigos de Julio se encontraban Ramón Lobo y José Comas de El País, Gervasio Sánchez de Heraldo de Aragón, José Antonio Guardiola de TVE, Javier Fernández Arribas de la agencia Colpisa, Fran Sevilla de RNE y, por supuesto, los premiados Santiago Lyon, Enric Martí y Javier Bauluz.

Capitulo 2: Manjares, mentiras y cintas de vídeo

La Tribu hizo un aparte en el cóctel de bienvenida con gestos de cierto mosqueo ante lo que se barruntaba.

Discurría el primer plato cuando la irrupción a todo volumen de la voz narradora de un documental sorprendió a todos y acalló las conversaciones. La sala estaba preparada con varias pantallas donde ofrecer las imágenes de un vídeo que recordaba a José Luis López de la Calle.

Detalles sobre su vida, sobre su muerte, sobre su funeral, todo ello salpicado de comentarios de personalidades, alguna de ellas presente en la cena como la ministra de Educación, Pilar del Castillo.

Por supuesto, el más largo a cargo de Pedro J. Todos en la mesa presidencial callaron para escuchar con atención la narración y los “elegidos” comentarios adicionales. Nadie debió pensar que podría resultar desagradable la visión de esas imágenes a la hora de cenar. Sobre todo para el hijo de López de Lacalle.

Aquello parecía la entrega de los Oscars pero sin presentador. La voz martilleaba los oídos y las imágenes revolvían, una vez más, la mayoría de los estómagos. No todos. Unos estában estupefactos. otros, estábamos indignados. No venía a cuento ni era de sentido común ni era propio lo que nos estaban endosando. Los productores del espectáculo debieron olvidar de que aquello era un homenaje a dos periodistas muertos y no un festival, pero el afán de notoriedad y la obsesión por aprovechar política, economica y mediaticamente todo puede llegar a ser enfermizo.

El vídeo concluyó, pero apenas nos habíamos recuperado cuando, durante el segundo plato, nos largaron otro pase.

Esta vez con explosiones, disparos y muertos por doquier. La “película” ponía los pelos de punta. Se nos atragantó el pescado. En esta ocasión, la voz recordaba el heroísmo de los corresponsales de guerra, las imágenes mostraban muertos en los Balcanes y en otros sitios, con la imagen de Julio Fuentes sonriendo para a continuación mostrar la miserable caja de madera que sirvió de féretro a Julio en Jalalabad (Afganistán).

Este segundo vídeo aportaba dos diferencias respecto al primero.

No incluía testimonios de sus compañeros y amigos glosando el trabajo y la figura de Julio.

La segunda innovación, que cabreó a muchos, fue que los personajes de la mesa presidencial –a diferencia de lo que habían hecho cuando aparecía Pedro J. en imágen y salían ellos prodigando dolidos mensajes– no le hacían ni puñetero caso. Eran tan ajenos al vídeo de Julio, que hasta se reían y muy pocos se percataron que Mónica, la viuda de Julio, rompia a llorar en una mesa muy cercana a ellos.

Capítulo 3: Una espantada de espanto

En una mesa cercana a la “presidencial”, donde ministros, directores y personajes de postín parecían estar pasándolo en grande, Mónica García Prieto, la viuda de Julio Fuentes, rompió a llorar.

Ella acababa de regresar de Afganistán. Había despedido a su manera a Julio en el lugar de su asesinato. En esa curva de la carretera de Jalalabad a Kabul había depositado un ramo de flores y habían pintado sobre la roca los nombres de los cuatro periodistas abatidos por los bandidos.

Su relato de dos páginas en El Mundo le había reconfortado y fortalecido, un año después de perder a Julio.

Sin embargo, no pudo con el vídeo y la aparente falta de interés de las personalidades. Se levantó y se fue a lagrimear al cuarto de baño. Detrás de ella salieron en tromba varios: los premiados Santiago Lyon, Enric Martí y Javier Bauluz y sus parejas. Y de otra mesa, las amigas de Mónica con Ramón Lobo, Gervasio Sánchez, José Comas, José Antonio Guardiola, Javier Fernández Arribas, Fran Sevilla y otros amigos que allí estábamos.

Lo habíamos comentado en el cóctel: “Lo van a utilizar y manipular en su beneficio”–, pero no nos esperábamos tan mal gusto, por mucho que el director de Comunicación de Unedisa, Enrique Beotas, insistía en que se había hecho “con la mejor voluntad”.

Beotas, demudado y un poco asustado ante el pastel que se le venía encima, juraba y perjuraba no entender por qué Mónica había roto a llorar.

La primera intención de todos era la de marcharnos y dejar a políticos y empresarios a gusto con su particular celebración. Alguien sugirió que romperle la fiesta a Pedro J. podría traer malas consecuencias para Mónica, que trabaja en el periódico, aunque ese no fue el argumentó que más pesó.

Después de veinte minutos de lágrimas, dudas y palabras, se decidió volver a las mesas. Cuando tocara el uso de la palabra para los premiados, Javier Bauluz expresaría en nombre de todos una protesta y se haría eco en público el cabreo originado por unos videos que no venían a cuento. Iba a dejar claro que, como mucho, podían haberse emitido al final durante el acto de entrega de los galardones.

Hay veces que por mucho que nos empeñemos no lo hacemos tan mal ni queriendo. O nos creemos muy listos y nos engañan como a chinos. Pero, lo más increíble de aquella noche, estaba todavía por llegar.

Capítulo 4: Aprovechando el Pisuerga, una de César Alierta

Terminada la cena, muy bien servida por Arturo, llegó la hora de la entrega de premios. También de los discursos.

Por supuesto, el primero en hablar fue Pedro J. Alabó emocionado la labor y la figura de los dos periodistas asesinados y de repente –en una genial reedición de “Doctor Jekyll y Mister Hyde”– cambió de tono lastimero y se arrancó:

–“No puedo dejar pasar la ocasión para pedir amparo a las instituciones, a los políticos… en defensa de la libertad de expresión que representa El Mundo y que está siendo atacada por…”

¡Increible! La transcripción exacta y completa se publicó al día siguiente en primera página en el periódico bajo un el titular sobre la petición de amparo para ‘salvar’ al periódico.

No lo citó por su nombre, pero se refería a César Alierta, presidente de Telefónica. Todo se desarrolló ante la mirada impasible de Mariano Rajoy, a quien en la nota publicada en El Mundo se le describe “fumándose un puro”. Pilar del Castillo, Ruiz Gallardón y algunos de los supuestos responsables de los problemas denunciados por Pedro J., tampoco parecieron darse por aludidos.

Alguno debía estar pensando en que al día siguiente, viernes, iban a aprobar en el Consejo de Ministros la fusión de Vía Digital y Canal Satélite Digital…

En la mesa de los premiados y otras aledañas, más de uno no salía de su asombro. ¿Era aquello un homenaje a los periodistas asesinados o una cena-montaje para tener ministros a tiro y plantear otro tipo de reivindicaciones?

El siguiente discurso fue el de la escritora de la India, Arundhati Roy. Habló largo sobre las desigualdades del mundo y no entendimos nada, porque la traducción al español tapaba sus palabras en inglés y viceversa.

Después, intervino Santiago Lyon sobre la labor periodística, sus objetivos y utilidades, su ética y profesionalidad. Fue casi lo único que se salvó, de una noche que terminó con Mariano Rajoy reivindicando el carácter de seres humanos de los políticos. El vicepresidente no hizo ni mención al amparo solicitado por Pedro J.

La guinda la puso Javier Bauluz, quien protestó por la emisión de los vídeos pero no con la rotundidad y elocuencia que esperábamos todos y replicando la petición de amparo hecha por el director de El Mundo, no tuvo otra ocurrencia que reivindicar amparo para los inmigrantes.

Al final, el hijo de José Luis López de la Calle y la viuda de Julio Fuentes se consolaban mutuamente, supongo que intercambiando malestares por los dichosos vídeos, por algunos discursos y por lo poco que importa lo verdaderamente importante de la vida a los que van por la vida dándosela de importantes.

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