Los ataques sistemáticos contra los fieles iraquíes chiitas implicaron que pasara el primer plano de la discusión el tema del odio sectario entre diferentes sectores del pueblo iraquí y esto colocó a la resistencia frente a un problema de difícil resolución. Este conflicto posiciona una contradicción secundaria (chiitas-sunitas) como eje del conflicto, desplazando la contradicción principal (nación-imperio) y oscureciendo aún más l os intereses de clase que se ocultan detrás de la invasión e instalación de un gobierno títere en Iraq.
Considerábamos, hace ya dos ańos en otros artículos, que la unidad de la resistencia iraquí era una de las claves de la victoria en aquél país de Medio Oriente. También sabíamos que la constitución de esa unidad era un proceso difícil ya que requería amalgamar a fuerzas con perspectivas ideológicas diferentes y enfrentadas durante el gobierno baasista.
Creíamos, acertadamente, que dos corrientes se irían conformando en el enfrentamiento a la ocupación norteamericana: la hegemonizada por el partido Baas que incluiría a diferentes fuerzas nacionalistas, izquierdistas o islamistas y que concebían la lucha en términos de liberación nacional. Y la corriente islamista hegemonizada por el clero chiíta, que vería la lucha en términos de confrontación oriente-occidente, más precisamente valores islámicos vs. disvalores occidentales. Esta corriente tendría su inspiración en la república islámica de Irán.
Valdría hacer una aclaración a esta tipología: que tanto una como otra corriente ponen la defensa del Islam y sus valores, y la lucha antiimperialista en los primeros niveles de su discurso, pero se diferencian claramente en el momento de definir la estructura y normas que regirían el futuro estado libre.
También era una contradicción heredada de las décadas anteriores el conflicto entre revolucionarios islámicos y nacionalistas de izquierda. Este conflicto no era menor y su comprensión nos permite entender la dificultad actual en la conformación de un frente de liberación nacional hegemónico en Iraq. El nacionalismo de izquierda en sus diferentes vertientes (FLN argelino, Nasseristas, Al Fatha, Baas, FPLP, Libios, etc.) ejerció la conducción de las masas árabes durante las décadas del 50, 60 y 70; sus objetivos eran lograr la independencia política y económica de sus países en el marco de la unidad del mundo árabe, e implementar un proceso modernización y reformas sociales que sacara a sus pueblos del atraso y la dependencia.
Sus principales organizaciones llegaron al gobierno de muchos países, pero, fracasaron (o traicionaron) en sus objetivos de reforma o el aislamiento y la guerra desvirtuó sus proyectos.
En los 80 comenzó la expansión en el mundo musulmán de una nueva ideología: la revolución islámica. Ésta, no por casualidad, surgió en un país que no es mayoritariamente árabe y que confesionalmente adscribe a la variante musulmana chiíta. En realidad Irán es como una bisagra (política, cultural y geográfica) entre las dos grandes partes del mundo islámico; los árabes o arabizados y los musulmanes de Asia Central y Paquistán.
La revolución islámica propone un tipo de organización estatal cuyo fundamento constitucional último está en el Corán, la fusión religión estado y la organización de la totalidad de la sociedad civil a través de la cosmovisión que emana de los textos sagrados. Ojo, esto no implica necesariamente estancamiento o retroceso, ya que no presuponemos la existencia de una única vía de progreso igual para todos los países y culturas, sino que propone progresar en otro sentido y con otra forma de pensar.
Igualmente, el choque con la izquierda y los nacionalistas era una posibilidad muy real, solo evitable si la confrontación antiimperialista que sobre determina una situación política local también impusiera a las fuerzas populares la unidad. En este sentido vemos que los movimiento nacionalistas revolucionarios, son antiimperialistas y musulmanes como los islamistas, pero incorporan valores de la modernidad y proponen la constitución de estados de diverso grado de laicicidad, por lo que excluyen al clero del ejercicio del gobierno directo.
Debemos tener en cuenta que el clero chiíta es jerárquico, mientras que el sunnita es más comunitario y horizontal (ojo, las mezquitas chiitas también son organizaciones comunitarias pero existe una jerarquía por sobre las comunidades con una cabeza político religiosa centralizada en una pirámide disciplinada de ayatollahs), entonces la estructura de poder chiíta se propone como estructura de poder político estatal mientras que la sunnita solo lo hace a nivel local y en la sociedad civil.
Esto es una contradicción de largo alcance entre los movimientos nacionalistas y los movimientos chiitas islámicos.
El estancamiento o fracaso de los proyectos panárabes, paralelo al proceso de caída del socialismo y de auge del imperialismo colocó a la nueva experiencia revolucionaria islámica como una opción de primera línea ante los pueblos musulmanes.
El nuevo imperialismo de los 90 demostró ser más agresivo y totalitario que sus etapas precedentes ya que incluyó el objetivo de occidentalizar el mundo musulmán no solo de dominarlo. De esta forma los movimientos de resistencia islámica se multiplicaron y, a medida que la dialéctica de fracasos de las corrientes nacionalistas revolucionarias seguía su curso, se fortalecieron. Nadie duda hoy que el Hezbollah es la cabeza de la resistencia popular el Líbano, que Hamas es la nueva hegemonía antiimperialista en la OLP, o que solo la dura represión impidió que el Frente Islámico de Salvación fuera gobierno en Argelia.
Ahora bien la situación iraquí es aún más compleja. Con una mezcla de consenso y fuerza Saddam Hussein intentó crear un Estado moderno y una ideología nacional iraquí panárabe subordinan do las diferencia étnicas y religiosas.
El primer punto, a pesar de los 20 ańos de guerras, era un dato de la realidad indiscutible: un Estado fuerte propietario de los principales medios de producción, un sistema social y educativo muy amplio y moderno y un desarrollo tecnológico respetable.
El segundo punto no, una parte mayoritaria y activa de la comunidad religiosa chiita se ubicó bajo la conducción de referentes político religiosos propios, enemigos del baasimo, ya que Saddam les negó rotundamente el poder en tanto jerarquía religiosa. Aunque, a pesar de esta diferencia, los chiitas demostraron también ser tan anti norteamericanos como los sunnitas, como se vio en el fracaso de los esfuerzos yanquis en mostrar festejos por la ocupación del país y la caída de Hussein.
Pero, esta contradicción secundaria quitó a la resistencia una buena parte de los posibles combatientes, aunque no del consenso. Este siguió siendo pasivo en buena parte de esa comunidad; o aislacionista como en al caso del Ayatollah Mustafá Al Sard que desarrolló su propia estrategia de lucha antiyanqui. Este temor de que el regreso de los nacionalistas baasistas al poder vuelva a excluir a los líderes religiosos chiitas de las decisiones es la clave de la contradicción existente dentro de la resistencia.
Acertadamente y desde un primer momento una de las principales políticas de la resistencia fue ganarse el apoyo nacional mas allá de las confesiones, planteando claramente un discurso antiimperialista e islámico que abarcara a todos. Los mismos generales del ejercito de Saddam que siguieron la lucha así lo plantearon: trabajar políticamente para construir una unidad nacional antiimperialista.
A lo largo del 2005, con dos ańos de invasión a su país, el frente comenzó a madurar, al menos entre las fuerzas de la resistencia que el periodismo califica de sunnitas (aunque algunos de ellos niegan rotundamente ese encasillamiento y lo califican de interesado).
El Frente Nacionalista e Islámico vio la luz a fines del ańo pasado, nacionalistas, comunistas, baasistas e islamistas hicieron pública su propuesta y decisión de someter sus fuerzas a un mando único. Suponemos que dada la extensión de la resistencia esta noticia debe haber llegado a todos los iraquíes mas allá del bloqueo informativo, y que debe haber despertado expectativas en la población mas allá de sus creencias. También suponemos que la decisión de frenar a los grupos que lleven adelante ataques indiscriminados debe haber sido conocida como plantean los comunicados de la resistencia.
Lo sorprendente es que desde los primeros momentos de la lucha comenzaron los atentados sectarios golpeando principalmente a los fieles chiitas en forma indiscriminada. También es cierto que el mismo Saddam (y todas las demás fuerzas de la resistencia) condenó estos ataques indiscriminados. Pero estos ataques se siguieron sucediendo, teniendo como objetivos centrales, no las fuerzas de ocupación o sus colaboradores sino gente común que concurre a actividades sociales diversas.
El último ataque contra una milenaria mezquita es además de una masacre sin sentido un dańo irreparable para el patrimonio cultural de la humanidad. Deberíamos preguntarnos ża quién beneficia esto? Los medios del mundo le han dado una gran difusión apareciendo este ataque como -la acción terrorista que enturbia un proceso -que parecía encaminado. Para variar los medios de difusión olvidan que la amplia mayoría de las bajas norteamericanas y de los sirvientes locales se producen en ataques guerrilleros, atentados con bombas o suicidas pero dirigidos específicamente contra un blanco legítimo. Como también olvidan los medios que la efectividad, cantidad de ataques y número de bajas entre los invasores y sus sirvientes continúa en lento pero constante aumento desde la invasión y que sin apoyo yanqui poco duraría el gobierno títere.
Entonces, volvemos a la pregunta principal ża quién beneficia un ataque indiscriminado? El ataque fue en Samarra una ciudad que fue un bastión de la resistencia y que continuó gobernada por los mismos funcionarios baasistas hasta la toma por los EEUU dos ańos después de iniciada la invasión, además es una ciudad sunnita.
El imperialismo a través de sus despreciables líderes Bush y Blair acusan al terrorismo internacional y fundamentan de esta forma la necesidad de su presencia. Escamotean que desde su propia lógica se deduce que con Saddam Iraq y el mundo eran al menos más seguros.
El Partido Baas acusa directamente a los EEUU y los escuadrones de la muerte integrados al ministerio del interior títere. Pero también por elevación a Irán ya que algunos de los actuales funcionarios y militares del gobierno títere apoyaron a Irán en la primer guerra del golfo.
De esta forma abona la teoría conspirativa de que hay una mano de los servicios secretos iraníes tras el atentado. Esta insinuación, que coloca a la contradicción Irán Iraq en el centro de la escena debe ser analizada ya que ambos países fueron (o son) antiimperialistas.
El baasismo platea que el caos y la guerra civil en Iraq distraerá la atención de los EEUU sobre Irán en el momento que los yanquis se aprestas a atacarlo. Argumentan que una hipotética fractura del país arrojará a los chiitas del sur a sus manos permitiendo la expansión de su influencia en el Medio Oriente.
Hay dos cosas ciertas en este análisis: una que Irán no se opuso enérgicamente a la caída de Saddam; y otra, que la revolución islámica tiene vocación pan musulmana (de la misma forma que el baasismo tiene vocación panárabe y la ejerció polític a y militarmente).
También es cierto que las brigadas Bard (fuerza militarizada al servicio del actual gobierno títere), que entraron en Iraq con las tropas de ocupación y que los baasistas acusan de la responsabilidad directa del atentado, tuvieron su base en Irán en los 80.
Pero podemos ver varias objeciones a esta teoría. Pareciera difícil que un enemigo de los EEUU e Israel como lo es la revolución islámica pudiera actuar en cooperación con los EEUU; además de que Irán o sus partidarios en el mundo no tienen registro de haber realizado ataques terroristas contra la misma sociedad que esperan gobernar. Tampoco pareciera este camino ser el que más favoreciera a Irán ya que el aferreamiento de las tropas yanquis al territorio iraquí es consecuencia del fortalecimiento de la resistencia; además que un ataque a Irán dejaría a los sectores chiitas que actualmente especulan con la invasión en la obligación de lanzarse a la lucha armada y significaría a los yanquis un jaque mate militar y político.
Grupos nacionalistas o de izquierda de la resistencia acusan a los grupos que se suelen identificar como miembros de la red Al Qaeda. El sentido común (formado a través de las informaciones que recibimos por los medios) indicaría a esta hipótesis como lógica.
La mayoría de los atentados más sangrientos fueron reivindicados por grupos de este tipo, que además son los que reciben la mayoría de los reclutas extranjeros musulmanes para la lucha.
Por otra parte, comunicados atribuidos a Al Zarqawi hablaban de una guerra sin cuartel contra los chiitas y supuestamente Ben Laden, sugestivamente horas antes del ataque, había recomendado a sus partidarios en Iraq frenar los ataques sectarios, cosa que también recibió gran difusión.
Teniendo en cuenta que las cadenas noticiosas solo difunden de este conflicto lo que se les ordena o lo que no se puede ocultar y que el ataque se da en medio de una oleada de acusaciones contra los EEUU de haber retrocedido hasta la edad media en materia de derechos humanos, llamamos a la reflexión.
Por último no debe descartarse, obviamente, que los EEUU, Inglaterra o Israel estén tras el ataque. Se detectaron ya varios casos de servicios británicos o norteamericanos conduciendo disfrazados de árabes vehículos cargados de explosivos.
También está poco difundida (pero si comprobada) la presencia de la Mossad en operaciones de exterminio de intelectuales, profesores universitarios, científicos, militares o dirigentes civiles laicos o religiosos iraquíes en una campańa de venganza siniestra para dejar al futuro Iraq independiente sin cerebros que le permitan estar nuevamente de pie.
Además trascendió la existencia de un plan discutido entre los EEUU y el gobierno israelí de dividir a Iraq en tres estados independientes (previa guerra civil que lo justifique, estilo Yugoslavia) para destruirlo como potencia regional y garantizar el control de los futuros débiles protectorados. Esto según se sabe, tuvo dos objeciones prácticas: una, la posibilidad de que esto desestabilizara la situación de Turquía como incondicional de los EEUU al reactivar el conflicto kurdo en su propio territorio; dos, la posibilidad de que el estado Chiita del sur cayera en manos iranies.
En definitiva, podemos ver que: el ataque da argumentos a la necesidad de prolongar la presencia yanqui en Iraq. Fortalece las diferencias sectarias. Legitima la presencia de las fuerzas cipayas en las calles. Debilita a las fuerzas de la resistencia al aislar chiitas de sunnitas y sacarlas del centro de la escena. Confunde a una parte de la población acerca de quién es el enemigo principal. Por lo tanto ninguna fuerza Iraquí o que pretenda algún tipo de gobierno libre y legítimo en este país puede estar detrás del ataque.
El terror puede ser una herramienta en manos de los revolucionarios pero no contra su propia sociedad o clase, eso carece de toda lógica.
Las diferentes hipótesis barajadas tiene todas alguna razón que las respalda pero, que algún grupo realmente existente o sello creado artificialmente sea el responsable no hace mucho la diferencia.
Lo que si podemos afirmar es que la ola de atentados sectarios está evidentemente dirigida contra la resistencia. Pero no contra sus hombres ni su estructura (que ha demostrado estar militarmente cada vez más fuerte), sino contra la sociedad que la sostiene ya que un terror indiscriminado se orienta a producir un retraimiento de las masas que son las que permiten que los combatientes sean un -pez en el agua mientras que los ocupantes cuando salen de sus bases sienten siempre el aliento de la muerte en la nuca y no terror sino odio en las miradas.
Sabemos que el plan es destruir Iraq y todo el mundo musulmán, someterlo política, cultural y económicamente reduciendo a su cultura a formas pintorescas para turistas occidentales.
Creemos que eso está claro para todas las corrientes antiimperialistas que, conflictivamente, conviven en el mundo musulmán. Por eso dudamos de las teorías conspirativas que tengan como base la disputa entre estas corrientes, aunque reconocemos la posibilidad de instrumentación o extravío de grupos sin base popular, como también sabemos que grupos opuestos a Saddam que du rante la guerra Iran Iraq recibieron apoyo de la revolución islámica hoy son peones de las fuerzas de ocupación y actúan como escuadrones de la muerte.
También es cierto que esa lamentable guerra desató contradicciones que venían desde la época del Sha pro yanqui pero en momentos de un gobierno antiyanqui, esto hizo que dos países del tercer mundo se enfrentaran mortalmente y buscaran aliados en el seno de la sociedad oponente para debilitarla desde adentro. Esto último es lógico en momentos de guerra y, no necesariamente demuestra una comunidad de ideas estratégica. Por otra parte la -libertad nunca viene de la mano de una invasión extranjera menos aún en un país del tercer mundo.
Cualquier fuerza que con el motivo de enfrentar a un -tirano recurra al imperialismo extranjero hipotecará el futuro de su país como muy correctamente planteó en Argentina Juan Bautista Alberdi en una dura autocrítica de su propia actitud frente al gobierno de Juan Manuel de Rosas y con el dictamen que le daba el panorama de la república oligárquica pastoril pro inglesa ante sus ojos.
Para nosotros la guerra sectaria beneficia claramente al imperialismo, que puede aparecer como mediador entre todos los oponentes, regulando el conflicto para que se establezca un empate eterno que debilite a todas las partes, justifique su presencia y permita que un gobierno títere, inestable y dócil siga gobernando una Iraq desangrado.
También el terror como dijimos siembra desconfianza y miedo en la población y aislaría progresivamente a la resistencia.
Una mano obscura sin duda está detrás de los atentados sectarios y existen suficientes indicios para ver a los invasores occidentales y el sionismo los culpables directos ya que estos sí tienen vasta experiencia en siniestras conspiraciones. Pero aunque no se pudiera probar es claro que son los únicos beneficiarios y los que generaron esta situación.
Pero el pueblo iraquí parece no ser tan fácil de engańar, más allá de los ataques fomentados por las milicias pro yanquis, las principales manifestaciones tanto sunnitas como chiitas seńalaron como responsables a los EEUU intentando oponerse a la guerra fratricida tan esperada por los que quieren ver a los iraquíes de rodillas y así destruir ante los pueblos del mundo el ejemplo de esta lucha de liberación que están desarrollando casi solos.
La constitución del frente de liberación que una a todo el pueblo contra la ocupación y todas las formas de perpetuación de la dominación es un buen augurio. La unidad en este frente de las organizaciones que se reivindican chiitas pero opuestas a toda forma de opresión y dominación será el paso siguiente, el que garantizará la victoria. Cuando esa victoria llegue, quedará demostrado que un pueblo aún en las peores condiciones de lucha, es invencible si realmente está dispuesto morir por su libertad.
Guillermo Martín Caviasca
El Correo-e del autor es Guillermo Martín Caviasca prensamilitante@yahoo.com.ar



