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«La inmigración masiva generará graves problemas si cambia el ciclo económico» Carmen Alcalde, de profesión enterada y directora de estadística

May 16th, 2005 · Post your comment (No Comments)

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Carmen Alcaide mira el padrón casi como a un hijo. Desde luego, como a una criatura viva, cambiante y -desde que empezó a ser continuo en 1996- cada vez más fiable. Esta madrileña, licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, es presidenta del Instituto Nacional de Estadística desde 2000. Un organismo donde, por cierto, empezó su carrera profesional como interina a finales de la década de 1960 antes de dedicarse a la docencia universitaria y al estudio de mercados en una importante entidad bancaria. Hace unos días el INE hizo público el avance del padrón municipal a 1 de enero de 2005, que arrojaba unos datos espectaculares: los extranjeros en España son 3,7 millones, el 8,4 por 100 de una población total de 44 millones. En realidad, ya no son, eran, porque el paisaje ha cambiado en los últimos meses con el proceso de regularización. El avance del primer trimestre de este año añade otros 200.000 inmigrantes más; faltan por saber los datos de abril y mayo, cuando funcionó la fórmula de empadronamiento por omisión para flexibilizar la citada legalización masiva. «Sin duda, el número de extranjeros empadronados en España supera ya los cuatro millones», afirma la presidenta del INE.

-Hace diez años había poco más de medio millón de foráneos en nuestro país. Hoy, ese número se ha multiplicado por siete. España se ha convertido en un país de inmigración prácticamente de la noche a la mañana. ¿Hay un límite a este crecimiento desmesurado?

-Esa es una preocupación que manifiesto con frecuencia, ya que en otros países de nuestro entorno la llegada de estas personas ha sido más escalonada. No sé dónde está el techo, pero es evidente que la entrada de extranjeros no puede continuar con la misma intensidad. Con el proceso de normalización la bolsa de ilegales va a verse reducida, aunque hay quien habla de «efecto llamada». Me parece perfecto que los que están aquí tengan todos los derechos y deberes, que disfruten de un trabajo digno y que paguen sus impuestos, pero hay que evitar que sigan entrando de forma masiva porque se generarían graves problemas si cambiase el ciclo económico. La situación tiende a mejorar, hay más controles, más países a los que se exige el visado para poner más «dificultades». ¿Cómo será el futuro? Tenemos el ejemplo de lo que ha ocurrido en Francia o en Alemania: hay inmigrantes que se han asentado definitivamente, y otros que han regresado a sus lugares de origen.Eso nos da pistas de lo que puede suceder aquí.

-¿No le parece que aplicamos en exceso la mentalidad europea a la hora de analizar estos flujos? Muchos de estos inmigrantes no tienen intención de hacer las maletas una vez que han aterrizado aquí, aunque no tengan trabajo ni permiso de residencia.

-Es cierto que hay personas que se resisten a volver y esperan una oportunidad, pero sólo se trae a la familia quien tiene trabajo.

-¿Hay intercambio de información entre los organismos europeos que «fabrican» estas bases de datos de población?

-Sí, pero el problema es que no hay dos registros iguales. Eurostat sería una especie de INE europeo, aunque cada país tiene un sistema estadístico diferente; se ha avanzado en la armonización, pero aún falta mucho por hacer. Sobre la inmigración, por ejemplo, sería conveniente una política común. Entonces podríamos cruzarnos los datos y hacer un mapa conjunto de la situación.

-¿Qué opinión le merece el proceso de regularización que ha acometido el Gobierno?

-Como responsable del Instituto Nacional de Estadística tengo que hacer una valoración más técnica que política. Desde ese punto de vista, la vía del empadronamiento por omisión, a pesar de la complejidad que ha supuesto la comprobación de tantos documentos, ha tenido mucho interés para nosotros. Somos elaboradores de estadísticas y nuestra intención es tener localizado a todo el mundo.

-El padrón ha sido tachado por políticos de distinto color de ser un sistema poco riguroso para saber cuántos inmigrantes hay en España. Una opinión cambiante, según estuvieran esos políticos en el Gobierno o en la oposición. Esgrimen que hay duplicidades y que muchos extranjeros no se dan de baja cuando cambian de municipio.

-El sistema no es perfecto, pero hemos empleado muchos recursos en los últimos años para mejorar su fiabilidad. Sobre los problemas de control que plantean los inmigantes, hay conceptos erróneos que pasaré a explicar. Los Ayuntamientos envían la información mensualmente al INE, así que hay una actualización constante. El ciudadano que vive en España tiene la obligación de empadronarse, no se trata de una opción voluntaria -otra cosa es que haya gente que no lo haga-, y debe inscribirse en la localidad donde decide vivir la mayor parte del año. Para realizar ese trámite se requieren dos documentos: uno que acredite su identidad, y otro, el lugar donde reside. Para los inmigrantes, este segundo papel es más complicado, pues no siempre consiguen que el casero los acredite. También, en el caso de los ilegales, se habla del miedo a ser detectados por las autoridades, con el consiguiente riesgo de expulsión; creo en cambio que la Policía puede hacer redadas sin necesidad de acudir al padrón. Desde 1996, son los Ayuntamientos los que dan la baja, no tiene que pedirlo el ciudadano. Cuando alguien se va de un municipio y se da de alta en otro no tarda mucho en ser detectado, pues los datos se cruzan y se depuran cada poco tiempo y de forma continua en el INE. Por lo tanto, las duplicidades no son tantas como se dice, y se van resolviendo.

-¿No queda ningún flanco al descubierto?

-Hay un fallo, sí: no sabemos cuántos inmigrantes se han ido fuera de España. Pero lo vamos a solucionar. Estas personas tendrán que renovar el padrón cada dos años. Si alguien no lo hace se pondrá en marcha un proceso administrativo. Los Ayuntamientos enviarán una comunicación a su domicilio, y una segunda si no hay respuesta; si continúa ese silencio, se le dará de baja previa publicación de la medida en el BOE. Esperamos que este sistema empiece a funcionar en diciembre próximo.

-¿Cree, entonces, que las cifras que maneja el INE sobre la inmigración en España son completamente fiables?

-El empadronamiento por omisión que se ha utilizado en el proceso de normalización nos ayudará a tener un dato bastante aproximado de los extranjeros que residían en España y no se habían inscrito con anterioridad. Hay que decir que muchos de los 700.000 inmigrantes que han presentado su solicitud de papeles ya estaban empadronados. También parece lógico que aquellos que no hayan cumplido los requisitos para legalizarse -porque no tuvieran contrato o no pudieran probar su presencia en España antes del 8 de agosto de 2004- al menos se habrán apuntado en las listas municipales. Así que vamos a actualizar en unas semanas los datos que teníamos de principios de año. En el avance del primer trimestre se sumaron 200.000 inmigrantes más. En abril y mayo, con la regularización en su punto álgido, se han producido nuevas incorporaciones. Probablemente ya superamos los cuatro millones de extranjeros. ¿Fiabilidad? Creo que, en efecto, la cifra del padrón actual se aproxima mucho a la realidad. Y añadiría que menos mal que tenemos este instrumento, porque entonces sí que no se sabría nada de la presión migratoria en nuestro país.

-Más de cuatro millones de inmigrantes; por lo tanto, enfilando hacia un 10 por ciento de la población total de España. ¿Van a potenciar los análisis estadísticos de este fenómeno en el futuro?

-Para 2006, si las cosas van bien, vamos a crear una unidad especial dedicada exclusivamente al estudio de la población inmigrante. Hay que formar un grupo de trabajo con demógrafos, sociólogos, etcétera, que pueda aportar más información a la que ya tenemos -la explotación del padrón y los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA)-. Tengo la promesa política de que podremos dedicar unos recursos adicionales a este tema tan importante.

-Las frías estadísticas ofrecen aspectos curiosos si uno se para a analizarlas. ¿Cuáles destacaría de los últimos datos que tiene el INE sobre la presencia de inmigrantes en España?

-En conjunto hay más hombres que mujeres (el 53,4 por ciento frente al 46,6). La proporción de féminas es mayor en las nacionalidades iberoamericanas; en cambio, hay más varones que mujeres cuando hablamos de procedencia africana (por ejemplo, en el caso de los marroquíes) y, en menor medida, de los países asiáticos y de la Europa del Este. Por edad media, los extranjeros son más jóvenes que los españoles. El 64,8 por ciento de los inmigrantes tienen entre 16 y 44 años (en el caso de los nacionales, la cifra de esa horquilla se queda en el 43 por ciento). Los marroquíes se distribuyen, principalmente, en Andalucía y Cataluña, mientras que en Madrid predominan los latinoamericanos (en especial los de origen ecuatoriano). Me sorprende el nivel de estudios de estas personas. No es cierto que sea bajo, como se dice por ahí. Llegan algunos analfabetos, una situación que no se da entre los españoles -salvo en algunos casos de gente de muy avanzada edad-, pero por lo general poseen una preparación bastante buena.

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