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La IV Cumbre de Presidentes de las Américas:Sin vencedores ni perdedores, pero en vísperas de una nueva situación geopolítica en la región

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1. Los resultados

La IV Cumbre, realizada en Mar del Plata, Argentina, los días 4-5 de diciembre de 2005, con la presencia de Jefes de Estado y de Gobierno de 34 países del continente, ha finalizado. Si bien durante esta Cumbre se realizaron importantes reuniones paralelas de movimientos de la sociedad civil, no se produjeron hechos violentos de significación. Hubo manifestaciones pacíficas “anticumbre” en Mar del Plata, Capital Federal y otras ciudades de Argentina, así como en Montevideo, Uruguay. La “Cumbre de los Pueblos”, o “anticumbre”, desembocó políticamente en un gran acto pacífico celebrado el día 5, que fue capitalizado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pequeños grupos de izquierda, que parecían orientados generar enfrentamientos violentos, quedaron aislados.

En la IV Cumbre se expresaron y compitieron políticamente dos líneas políticas. La línea política del Departamento de Estado de EE.UU., apoyada por los países miembros del TLC de Norteamérica y con ramificaciones firmes en la mayoría de los países de Latinoamérica y del Caribe, y la línea neodesarrollista y crítica del Consenso de Washington, representada por los gobiernos de los países del Mercosur (Argentina, Brasil y Uruguay, con el acompañamiento de Paraguay) y Venezuela. Este último grupo se unificó contra la propuesta del ALCA original que no garantiza las contraprestaciones a los países latinoamericanos y del Caribe en materias de subsidios agrícolas y otros rubros.

Como es conocido, la Argentina, país anfitrión, preparó el documento de base y el plan de acción de la IV Cumbre, convocada bajo el tema de “Crear Trabajo para enfrentar la Pobreza y Fortalecer la Gobernabilidad Democrática”. La Declaración Final, en líneas generales, plantaba la necesidad de establecer un “nuevo consenso”, basado en dos premisas: a) la reinstalación del Estado como institución “ organizadora” de las economías de mercado, incluidos los mercados de trabajo; y b) la constitución de los espacios de integración según pautas homologables en lo posible con la estructura de mercado común que da sustento económico y político a la Unión Europea (UE).

La Declaración Final se ajustó a lineamientos programáticos y normativos formulados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La Declaración Final sugería que los países de la región daban por terminada la etapa de los años ’90, en que predominó el llamado Consenso de Washington.

Para la Administración Bush el problema no era tanto el contenido general del documento, sino el hecho de que en su versión original no contenía ninguna mención sobre el ALCA. Para la Administración Bush el modelo de integración basado en el “libre comercio” según pautas ortodoxas se está desarrollando paralelamente al proceso de debate sobre el ALCA. Los EE.UU. capitalizan a su favor – resumidamente- las construcciones del TLC de Norteamérica, la formación del CAFTA en América Central, el CARICOM, el TLC Chile-EE.UU. y los procesos de acuerdos de libre comercio entre EE.UU. y Perú, Colombia y Ecuador por separado, además de otros numerosos acuerdos bilaterales. Por esta vía se está construyendo el ALCA “concreto”. Pero para EE.UU. es de importancia estratégica que las Cumbres consideren como “fundacional” al ALCA.

La preocupación de la Administración Bush era que en la declaración no sólo no se mencionase al ALCA, sino que se criticase a los organismos multi-bilaterales de crédito (en especial al FMI), porque ello significaba un fortalecimiento relativo del neodesarrollismo y el proyecto establecido en la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN).

Como temas puntuales, preocupaba a los EE.UU. que una declaración que omitiese al ALCA significase un triunfo ideológico de las posiciones antinorteamericanas que sustenta el gobierno bolivariano de Hugo Chávez en Venezuela, del castrismo cubano y de otras corrientes políticas, especialmente el MAS y su líder Evo Morales en Bolivia (país en el que se avecinan nuevos conflictos por la suspensión de las elecciones). El Presidente Bush, con un alto rechazo en Iberoamérica y con un 60% de reprobación de su liderazgo en la sociedad norteamericana, no podía aceptar pasivamente un rechazo formal del ALCA en la IV Cumbre.[1]

Así las cosas, la gran mayoría de los gobiernos participantes (29), bajo el liderazgo de EE.UU., Canadá y México, no objetaban la Declaración Final terminada de redactar el día 5 por los cancilleres. Pero planteaban que se debía incorporar un párrafo dedicado a anunciar que el objetivo del ALCA seguía siendo la meta a alcanzar. México, a través del presidente Fox, fue el vocero de esta posición, y el gobierno de Panamá propuso la incorporación formal del párrafo. Pero los cuatro países del Mercosur y Venezuela se opusieron, sosteniendo que la Declaración, a lo sumo, debía decir que el ALCA debería ser analizado nuevamente a partir de la resolución sobre la cuestión agrícola a adoptarse por la OMC en diciembre de este año, en la Ronda Doha, en Hong Kong.

La IV Cumbre mostró que una gran mayoría de 29 países estaban decididos a apoyar el mantenimiento del objetivo ALCA. Pero que otros cinco (entre ellos Argentina, Brasil y Venezuela, países de gran peso en la región) no estaban dispuestos a aceptarlo. El resultado ha sido que la Declaración Final aprueba las ideas y propuestas iniciales sobre el tema de la relación entre trabajo y democracia, pero señala entre corchetes que subsisten las diferencias sobre el ALCA; reproduciendo las dos posiciones en confrontación.

El balance final de la IV Cumbre de Presidentes da cuenta entonces de la existencia de una división política entre los países participantes: si bien la mayoría considera que el ALCA sigue su desarrollo, una minoría fuerte e importante de miembros de la CSN, constituida alrededor de Venezuela y el Mercosur, ha mantenido su resistencia a considerar como vigentes los postulados de “libre comercio”, tal como fueron planteados en la Cumbre de Miami, en 1994.[2] La oposición del frente de los gobiernos críticos es al ALCA “neoliberal”, pero no opuesta a integración hemisférica favorable al desarrollo..

2. La reunión Kirchner-Bush

Dentro de la agenda de la IV Cumbre se celebró el día 4 una reunión entre los presidentes de Argentina y de EE.UU. Fue una reunión que, como describe el diario La Nación, se desarrolló entre la “cordial frialdad y la moderada tensión”.[3] Fue una reunión bilateral larga (45’), que concluyó en declaraciones a la prensa de ambos presidentes.

El Presidente Kirchner dijo públicamente que había sido una reunión “sincera y cruda”. Kirchner había hablado antes en la inauguración de la IV Cumbre con un discurso crítico del FMI y la integración comercial sostenida por EE.UU. a través del ALCA (sin mencionarlo). Kirchner habría reiterado personalmente a Bush que:

a) Argentina era consciente de que los países de las Américas entrelazaban sus economías en un complejo sistema de relaciones economices y financieras entre países y subregiones, con epicentro en EE.UU. Pero que Argentina, junto con sus socios en el Mercosur, no podía aceptar establecer formalmente el ALCA sin resolver previamente la cuestión del proteccionismo agrícola por parte de los EE.UU., y otras. Kirchner señaló que el ALCA era un tema más político que económico. Aceptar el ALCA sin resolver las diferencias con EE.UU. era inaceptable para los países del Mercosur.

b) El FMI tiene que ser reformado y volver a ser una institución de regulaciones macroeconómicas. Señaló a Bush que Argentina espera que el FMI refinancie la deuda argentina con ese organismo 2006-2007 (U$S 3.000 millones), y que, en caso de no suceder tal cosa, no serán utilizadas las reservas acumuladas. “No correremos el riesgo de un nuevo default”, habría indicado Kirchner.

c) El FMI no puede presionar para aplicar políticas de “ajuste estructural” que según Kirchner llevaron al default y la “crisis global” de diciembre de 2001. En materia de tarifas para las empresas públicas privatizadas, Kirchner habría señalado que se espera una “actualización gradual” a partir de 2006, lo mismo que la resolución por cláusulas del financiamiento de los contratos.

d) EE.UU. —según habría planteado Kirchner— debería asumir su “liderazgo” en la región (utilizó en un momento la palabra “hegemonía” término que no agradó a Bush) para favorecer la aplicación de políticas públicas de desarrollo en los países de América Latina, utilizando su influencia sobre el FMI, el BM y el BID.

Bush, por su lado, no hizo referencia al ALCA. Aceptó el derecho de Argentina a criticar al FMI, aunque señaló que esta institución financiera “no era la única responsable”, dejando abierta una crítica a los inversionistas argentinos y al propio Estado argentino. Sobre la base de esta posición, Bush señaló que para atraer nuevas inversiones era necesario que “haya coherencia en la legislación, que los contratos se respeten y cumplan y que haya certeza de que no se cambien las reglas de juego y se combate la corrupción”. Bush también dijo que admiraba la capacidad del gobierno argentino para haber superado el default, y que el sistema financiero de EE.UU. está acumulando recursos para volcarlos a las instituciones multi-bilaterales de crédito y a otras instituciones de crédito para apoyar a los gobiernos de la región en dificultades, entre ellos Argentina.

En la reunión Kirchner-Bush tampoco se habría hablado de Venezuela. Pero Bush sí destacó que su gobierno estaba preocupado por la situación política en Bolivia; sugirió que Kirchner debería utilizar la influencia política y económica de Argentina para incidir en una “solución constitucional” a la grave situación política en ese país.

Como es conocido, durante la conferencia de prensa ambos mandatarios, en forma resumida, hicieron públicas informaciones que se corresponden plenamente con los comentarios de la prensa argentina.[4]

En la entrevista participaron, por EE.UU., la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, el Subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, Thomas Shannon, el Jefe del Consejo de Seguridad, Stephan Hadley, y el embajador en Argentina, Lino Gutiérrez. Por Argentina lo hicieron Cristina de Kirchner, el canciller Rafael Bielsa, el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, los Ministros de Economía, Roberto Lavagna, de Justicia, Alberto Iribarne, de Trabajo, Carlos Tomada, y de Interior, Aníbal Fernández, y el Secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini.

3. La Cumbre de los Pueblos y el acto “de” Chávez

Durante los días previos a la Cumbre de los Presidentes e desarrolló la Cumbre de los Pueblos, convocada por la Alianza Social Continental (ASC) y otras organizaciones de la sociedad civil. La Cumbre de los Pueblos convocó a delegaciones de ONG’s y sindicatos de la totalidad de los países participantes en la Cumbre de Presidentes.

Las consignas principales de la Cumbre de los Pueblos fueron el rechazo al ALCA y el repudio a la presencia del Presidente Bush. La Cumbre de los pueblos funcionó a través de talleres que trataron diversos temas: organismos multi-bilaterales de crédito, democracia y derechos humanos, sindicalismo y derechos laborales, la cuestión de los pueblos indígenas, el tema del género, la problemática del medio ambiente, la ecología, etc. Participaron aproximadamente 10.000 delegados/as.

En la composición ideológica de la Cumbre de los Pueblos predominaban líneas socialcristianas, marxistas, bolivarianas, socialistas, zapatistas y otras. Las delegaciones más numerosas, junto con la argentina, fueron las de Venezuela (1.000 delegados) y Cuba (300 delegados). La Cumbre de los Pueblos tuvo como vocero principal al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel (socialcristiano).

El Presidente Chávez había decidido participar en ambas cumbres. Venía con la decisión de ubicarse en ambos escenarios como el líder alternativo al presidente Bush. Representaría a su amigo Fidel Castro, ausente por no participar en la OEA. Estaba decidido a mantenerse unido con Kirchner, Lula y Tabaré Vázquez. Pero se planteaba ir más lejos que Kirchner y Lula (este último desdibujado en los últimos meses por la crisis del PT y del gobierno brasileño por el tema corrupción). Chávez vendría a plantear que la opción popular en América Latina pasaba por la lucha por el socialismo del siglo XXI y contra el capitalismo.

Ahora bien, en las últimas semanas la decisión de Chávez de realizar un acto público apoyándose principalmente en los participantes de la Cumbre de los Pueblos se transformó en una idea potable para el gobierno argentino, que vio en este acto la posibilidad de canalizar pacíficamente la oposición al ALCA y a Bush, sumando a la mayoría de los participantes dentro de la crítica pacífica y aislando a los pequeños grupos piqueteros y de partidos de izquierda “duros” de Argentina y otros países, que planteaban romper vallas de contención y entrar en el recinto de la Cumbre de Presidentes (en el Hotel Hermitage), y lograr así alterar gravemente la reunión oficial. Lula apoyó la táctica argentina.

Así las cosas, el acto previsto para que hablara Chávez el día 4 se transformó en una operación política para impedir que la violencia masiva se adueñase de la ciudad de Mar del Plata. El gobierno norteamericano fue informado de esta decisión política, y no la habría objetado, pese a que el único orador sería Chávez. De este modo se desembocó en el acto. El coordinador argentino fue Miguel Bonassso, diputado nacional, presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), aliado al kirchnerismo.

Las principales figuras que participaron en el acto fueron, entre otras, el ex-jugador de fútbol Diego A. Maradona, el candidato presidencial del MAS boliviano, Evo Morales, el titular de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, el mencionado Pérez Esquivel y la titular de las Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini. Las figuras de referencia simbólica fueron José Martí y el Che Guevara. Colmaron el Estado provincial más de 30.000 personas. La heterogeneidad política del acto se destaca en este comentario periodístico:

“Las banderas celeste y blancas de distintas localidades de Barrios de Pie y de la Federación de Tierra y Vivienda (movimientos piqueteros pro-kirchneristas, JG) se entremezclaban con la cubana, con las venezolanas, con las rojas con letras blancas de la CUT (Brasil), con la CTA (Argentina) y con las banderas del Movimiento Evita, que se empeñó en hacer escuchar la marcha peronista”.[5]

Chávez habló 2 horas y 20 minutos. Fue un discurso al estilo de Fidel, estilo que cultiva. Largo discurso pedagógico, de un caudillo político y militar nacionalista, decidido a guiar a su pueblo hacia el “socialismo del siglo XXI” y extender la influencia de su movimiento bolivariano a otros países de América del Sur. Las frases más destacadas del discurso son las siguientes:

- “El ALCA, no deberíamos ni nombrarlo. El ALCA está muerto, hay que enterrarlo. Sin embargo, el gobierno de EE.UU. ha pretendido darle oxígeno a un muerto”.

- “Al ALCA lo derrotaremos los pueblos de este continente y al ALCA le tocó su entierro hoy en Mar del Plata”.

- “Tenemos una doble tarea: enterrar al ALCA y al modelo económico imperialista capitalista, por una parte, pero por la otra a nosotros nos toca ser parteros de un nuevo tiempo, de la nueva historia, de la nueva integración, del ALBA, la alternativa bolivariana de las Américas”.

- Hace 44 años el presidente de los EE.UU. era John Kennedy, que supo entender lo que pasaba en Sudamérica, en Africa, en Asia, y quizás por eso lo mataron”.

- “Los Estados Unidos ya nos atacado por todos lados. Ahora, si se atreven a hacernos lo que están haciendo en Irak (refiriéndose a Venezuela, JG), que no se les ocurra, porque comenzaría en Sudamérica la guerra de los cien años”.

Luego de su discurso, Chávez se incorporó a la reunión de los Presidentes, donde no habló. Había logrado el objetivo de ocupar un lugar en los canales de televisión y la prensa, no sólo en Argentina, sino en toda Latinoamérica.

Por cierto, el acto descomprimió tensiones. Sólo pequeños grupos de izquierda argentinos (Quebracho y otros) protagonizaron algunos hechos violentos, pero aislados, en el centro de la ciudad de Mar del Plata (y simultáneamente en la Capital Federal).

4. Conclusiones

Se está constituyendo en las Américas un nuevo cuadro geopolítico, cuya base material se encuentra en la creciente trama de intereses comerciales supranacionales. América Latina ha sido incorporada desde los años ’90 a la economía global a través de modelos de economía de “libre mercado”. Este proceso está dando como resultado un nuevo esquema de organización del poder político en la región.

La superpotencia norteamericana da inicio, con la Iniciativa para las Américas, a principios de los años ’90, a una nueva estrategia: la conformación de un gran mercado continental o “hemisférico” que incorporaría por países y regiones a los países latinoamericanos. El iceberg de este gran escenario continental es el “ALCA neoliberal”. Es la “guía política”. Pero la base económica es la trama de Acuerdos de Libre Comercio que recorren con gran fuerza toda la geografía americana. La plataforma político-económica de este proceso y sus fundamentos ideológicos se encuentran en el Consenso de Washington, establecido a fines de los años ’80.

Para las sucesivas administraciones norteamericanas, concretar formalmente el ALCA significa dar “legalidad” al proceso de integración continental. A su vez, la mayoría de los países de Latinoamérica buscan beneficiarse con los TLC multi-bilaterales y bilaterales. EE.UU. actúa como la fuerza “succionadora” de cara al ALCA.

Los pasos fundamentales de la estrategia operativa norteamericana son precisos: se inician con la formación del TLC de América del Norte. La clave fue la incorporación de México, que optó así por el Norte y por ubicarse como socio preferencial de EE.UU. Al mismo tiempo EE.UU. desarrolla los TLC o tratados homólogos bilaterales o multi-bilaterales con países de América Central, el Caribe y América del Sur. En 2003 se firmará el TLC Chile-EE.UU., y la superpotencia se instala en el corazón del Cono Sur. En 1995 se firma el CAFTA, asociado estructuralmente al TLC. Ahora vienen con los TLC con Perú, Ecuador y Colombia. Los países que por ahora quedan fuera económicamente son Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, la díscola Venezuela de Chávez y la aislada Cuba.

Pero la aplicación del Consenso de Washington ha significado la profundización de las “asimetrías” entre los países de Latinoamérica y los EE.UU. La agenda “neoliberal” se ha ido aplicando con creciente resistencia de los sectores afectados y “perdidosos” de las sociedades civiles: trabajadores asalariados, segmentos campesinos, sectores medios, pequeños empresarios, etc. Un gran malestar socioeconómico por la pobreza y el desempleo recorren especialmente a los países de América del Sur. La crisis de la deuda moviliza a países del Sur (especialmente Argentina, Brasil y Uruguay). Como resultado político del malestar social y económico surge la difusa pero poderosa corriente neodesarrollista y nacionalista en Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay y Bolivia (MAS). Bajo el liderazgo de Brasil se constituye la CSN.

La nueva conformación geopolítica en curso se tenía que expresar en la IV Cumbre. Se expresó a través del tema escogido: basar la democracia en el trabajo y el desarrollo, y repotenciar el rol del Estado. Los gobiernos de Argentina y Brasil dieron forma a una nueva propuesta desarrollista, base de un posible nuevo consenso regional. Apoyan sus formulaciones laborales en las propuestas de OIT sobre “trabajo decente” y “dimensión social de la globalización”. Así, dos posiciones se confrontaron en la IV Cumbre de Mar del Plata, identificadas en las posiciones a favor y en contra del ALCA original.

El balance de la IV Cumbre requerirá de análisis más discriminados. Ha sido un sinceramiento de posiciones. Resulta evidente que EE.UU. marchan hacia consolidar una gran área geopolítica, que se inicia en América del Norte pero que busca incorporar plenamente a los países de América Central, el Caribe (excepto Cuba) y países andinos de América del Sur. La administración Bush, involucrada en un conflicto sin soluciones estables en la sinuosa región de Medio Oriente hasta Asia Central, y preocupada por el crecimiento de China y las tensiones con países claves de la UE, reforzará sus acciones para intentar aislar y terminar derrotando al intento autonomista del Mercosur. Este, que es políticamente heterogéneo, ve con reservas que destino comienza a asociarse con su próximo socio (Venezuela), y por extensión forzada, con Cuba. La UE es todavía un socio incierto para el Mercosur.

En la IV Cumbre estas realidades geopolíticas se expresaron a través del debate sobre la relación entre la Declaración Final y el tema del ALCA. No hubo acuerdos. Pero no hubo tampoco vencedores. Se establecieron públicamente las posiciones. La OMC será el nuevo escenario de esta disputa, ahora en un escenario ya no regional sino mundial.

El gobierno argentino, apoyado por los gobiernos de Brasil y Uruguay, buscó que la Cumbre de los Pueblos (especialmente con el acto público que tuvo a Chávez como orador) jugase un doble papel: por un lado desembocar en el apoyo a las posturas “anti-ALCA”, y por otro lado canalizar pacíficamente la protesta. La izquierda dura quedó aislada. La violencia fue muy limitada. Pero el precio fue otorgar una tribuna importante a Chávez y, por extensión, a Cuba y Fidel Castro.

Kirchner logró emerger como un líder firme. Su objetivo era constituirse en el gran crítico del FMI, pero eludiendo nuevos conflictos con EE.UU. Lula, debilitado, lo acompañó. El presidente de Chile Lagos —tironeado entre el TLC que ha firmado y los intereses chilenos en el Cono Sur— trató de jugar un papel conciliador, pero manteniendo autonomía frente a EE.UU. (como lo había hecho al oponerse a la guerra en Irak). Dijo, refiriéndose a las dos posiciones, que su explicitación “fortalece la transparencia”.[6]

La IV Cumbre ha terminado. Un nuevo capítulo político regional se abre. Los alineamientos políticos no debe hacer pensar que los países que sumaron los EE.UU. se alinearán mecánicamente en Doha con Washington sobre los temas en discordia referidos al comercio mundial (subsidios agrícolas, patentes, reglas de origen y compras gubernamentales, etc.). La nueva estructura geopolítica diseñada por EE.UU. avanza pero está lejos de constituir un bloque político consolidado. El curso de la situación mundial y la propia evolución política dentro de los EE.UU. también incidirán sobre el futuro de la disidencia política registrada en Mar del Plata.

Julio Godio

Director del Instituto del Mundo de Trabajo (IMT)

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[1] “Otra caída de Bush en los sondeos”, La Nación, 5/11/05.

[2] Eduardo Van der Kooy, “Quedan muchas heridas”, Clarín, 6/11/05.

[3] “Bush elogió al país pero pidió cambios”, La Nación, 5/11/05.

[4] Ibid.

[5] “Está muerto el ALCA, acá es la tumba”, Página/12, 5/11/05.

[6] “Cumbres borrascosas”, Página/12, 6/11/05.

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