Un ex espía revela cómo los servicios secretos soviéticos manipularon documentos vaticanos
Al poco de acabar la II Guerra Mundial, en 1945, el gran rabino de Roma, Israel Zolli, se convirtió al catolicismo. Para su bautismo escogió el nombre de Eugenio, en homenaje al hombre que con su firme actitud en defensa de los judíos, le había servido como ejemplo para su conversión, Eugenio Pacelli, el Papa Pio XII. Sin embargo, en los últimos años algunas voces parecen dispuestas a presentar una imagen de este Pontífice radicalmente opuesta. Ahora, las confesiones de Ion Mihai Pacepa, un antiguo agente rumano de la KGB, explican con claridad como se construyó esta leyenda negra.
En un artículo aparecido en la revista norteamericana National Review Online, el ex espía revela como la agencia de inteligencia rusa orquestó una campaña para hacer creer que Pio XII era un simpatizante del régimen nacionalsocialista. «En 1960 Nikita Khrushchev aprobó un plan secreto para destruir la autoridad moral del Vaticano en al Europa occidental», afirma. Tras años de persecución a la Iglesia en Europa del Este, ahora Moscúi quería desacreditar al Vaticano en su propio terreno, «convirtiéndolo» en un defensor del nazismo. Pío XII, se convirtió en el objetivo más importante. Su Pontificado había coincidido con la Guerra, y aún más, antes había sido nuncio en Munich y Berlín hasta 1929. Además, tras su fallecimiento en 1958 hacía buena la máxima de la KGB: «Los muertos no pueden defenderse».
Como en tantas ocasiones, los servicios secretos comunistas, idearon una enrevesada estrategia para poder entrar en el Vaticano y hacerse con documentos relativos a sus años como nuncio y Papa, para, tras los oportunos retoques presentarlo como «un anti-semita que había alentado el holocausto de Hitler», destaca Pacepa. Así la operación «Cátedra 12» -como fue llamada en clave-, se realizó con la colaboración de los servicios secretos rumanos. Y aquí es donde el autor del artículo, el espía Ion Mihai Pacepa, entra en juego.
Para conseguir que la Santa Sede le franqueara las puertas de sus archivos la KGB utilizó una intrincada táctica. Pacepa se presentó ante la Santa Sede como un representante del Gobierno rumano, con el encargo de trasmitir el deseo de Bucarest de restaurar las relaciones diplomáticas que había roto en 1951. Como muestra de su «buena fe», Rumanía ofrecía al Vaticano un crédito de mil millones de dólares a un bajo interés. A cambio, la Santa Sede debía permitir el acceso de Pacepa a sus archivos para que encontrara «raíces históricas que ayudaran al Gobierno rumano a justificar en público su cambio de política ante la Santa Sede».
Y el Vaticano tragó el anzuelo. Durante dos años, el espía tuvo libre acceso a cientos de documentos que fotografió y envió hasta la sede de la KGB a través de un «mensajero especial». Se trataba de copias de cartas personales, transcripciones de reuniones y discursos, la mayoría de escritos en el complejo lenguaje de la diplomacia y de escaso interés. «De hecho -reconoce Pacepa- ninguno de aquellos documentos fotografiados en secreto incriminaban al Pontífice». A pesar de ello, los servicios secretos insistieron en que continuara con el envío. Su objetivo era que los «expertos en «dezinformatsiya» (desinformación) pudieran hacer pequeñas modificaciones y proyectaron en ellos la “adecuada luz” para probar los “verdaderos colores” del Papa», sostiene el ex espía.
La KGB patrocina el teatro
Pero la operación no acabó ahí. Había que dar salida a esos falsos documentos históricos y la KGB lo hizo por la vía que menos iba a levantar sospechas: a través de una obra de teatro. Cuanta el ex espía que el general Ivan Agayants, uno de los responsables de los servicios secretos soviéticos, le contó en 1963 que «la operación “Cátedra 12” había sido materializada en un poderoso ataque al Papa Pío XII a través de la obra de teatro titulada “El vicario”». De hecho la obra se estrenó ese mismo año en Alemania y fue la primera ocasión en que alguien hacía referencia a esta supuesta leyenda negra del Pontífice.
«Hoy en día -concluye Pacepa- mucha gente que nunca vio “El vicario” está sinceramente convencida de que Pío XII fue un hombre frío y despiadado que odiaba a los judíos y que ayudó a Hitler a eliminarlos» y es que, explica, «como solía decirme Yury Andropov , las personas están más dispuestas a creer en la maldad que en la santidad».
José R. Navarro Pareja



