García Carneiro: “El pueblo pone y quita”
Baduel: “No es tiempo de cantar victorias”
Silva: “Aquí se replica el plan contra Allende”
Lameda: “Hay que irse para donde vaya el pueblo”
Acosta Carles: “Si hay revocatorio, Chávez gana”
Morao: “Si matan al Presidente, viene una guerra
y tomaré medidas, no me quedaré de brazos cruzados”
Son nueve en total. Cinco generales, un coronel, dos comandantes y un mayor. Los entrevistó Marta Harnecker, periodista, psicóloga y escritora chilena, quien publica los diálogos en el libro Militares junto al pueblo, editado por Vadell Hermanos.
Los textos no tienen desperdicio. Harnecker no sólo se interesa por las opiniones coyunturales de los oficiales, sino también por su extracción social, formación ideológica y experiencia académica y profesional. No faltan los relatos sobre el golpe y contragolpe de abril de 2002, el paro petrolero, el 4F y el Caracazo. ¿Quiénes son? Los generales Jorge García Carneiro, Raúl Baduel, Luis Felipe Acosta Carles, Wilfredo Silva y Virgilio Lameda; el coronel Jesús Morao, los comandantes Jesús Zambrano Mata y Francisco Espinoza y el mayor Manuel Bernal.
García Carneiro
La mayoría es de extracción humilde, a diferencia de los ejércitos de castas del Sur. No todos se alzaron el 4F. García Carneiro cuestionó ese golpe. Compañero de promoción de Hugo Chávez, comenta: “A pesar de que no me era ajena la situación del país, que estaba poseído por la corrupción, la negligencia, la pobreza, mi reacción fue crítica por mi formación: yo estaba formado para una democracia”.
Postura similar dice haber tenido el 11A. “Si usted es militar, usted no es quién para decir si el Gobierno lo está haciendo bien o mal. Es el pueblo el que puede quitar o poner”.
Asegura que nunca aceptó la renuncia anunciada por Lucas Rincón. “Todo acto bajo presión o coacción es ilegal. Yo no podía aceptar la renuncia cuando había la amenaza de bombardear Miraflores, de masacrarnos. Esa renuncia que le estaban imponiendo al Presidente no podía ser aceptada por la FAN”. Sin embargo, admite que el 12 en la mañana creyó todo perdido. “Estaba sumergido en un mundo de confusión, aunque había un poquito de esperanza porque el día anterior el pueblo había dado muestras de rebeldía. Después vi a esa multitud exigiendo la presencia de Chávez y eso a uno le alimentó más la fuerza”.
Raúl Baduel
Razones de oportunidad llevaron a Baduel a no alzarse el 4F. Él conspiró, pero se apartó. Le preocupaba la imagen golpista que marcaría al grupo y la falta de ciertos contactos. “Yo decía muy jocosamente: ¡imagínate qué bueno!, damos el golpe y yo me presento de madrugada en la casa de Uslar Pietri y le digo: soy fulano, acabamos de dar un golpe y venimos a convocarlo a usted. Lo más que podía decirme ese señor era: mire, comandante, usted está desvariando, pase y tómese un café”.
Hoy ve que se mantiene la corrupción. “Dentro de la Administración Pública hay mucha gente que dice estar apoyando esta gestión, pero que lo que apoya son sus intereses personales. Saben que el costo político de los malos manejos que hagan de los dineros públicos no lo van a capitalizar ellos, sino el Gobierno y el Presidente”.
Baduel dice que no es tiempo de cantar victoria. “Todavía debemos ser muy cuidadosos porque hay muchos intereses económicos, de dominio de parcelas de poder, que están en juego”. Y advierte: “No es desestimable que en un momento dado haya una paralización del sector eléctrico para generar un caos y para producir las condiciones para una intervención foránea que parecen anhelar ciertos sectores. No hay que subestimar al enemigo”.
Wilfredo Silva
Tanto Baduel como Wilfredo Silva fueron alumnos y luego profesores de la Escuela de Las Américas, en EE UU. Pese al historial derechista de esa escuela, Silva dice haber expuesto allí con libertad ideas progresistas a sus alumnos, oficiales de varios países latinoamericanos, haciéndoles ver el origen social de la violencia en la región. “Me gané varios premios por buen instructor”, comenta.
Observa que las acciones contra Chávez son “una réplica fiel y exacta de lo que ocurrió en Chile, con pequeñas variables”. Sostiene que “potencias extranjeras” no ven a Venezuela como un país, sino “como un yacimiento petrolero necesario para su desarrollo, sus apetencias económicas, el bienestar de su población”.
Virgilio Lameda
Silva y Virgilio Lameda relacionan la inquietud social de los militares venezolanos a la lucha antiguerrillera de los 70’s. “Tú andabas buscando a la guerrilla, pero lo que tú veías era miseria y extrema pobreza”, dice Silva.
Lameda, hijo de obrero petrolero, no titubea. “Mira, yo antes que con el proyecto, me identifico con Chávez, porque creo en lo que dice. Creo en él porque estoy seguro de que es honrado, que no está engañando”.
Su consejo a los militares: “Compañeros, cuando lleguen momentos de incertidumbre y dudas como el 11A, y espero que no se repitan, tienen que irse para donde se vaya el pueblo. Esa es la mejor bandera”.
A Lameda le llama la atención que en el paro petrolero no haya habido problemas con la electricidad. “Yo le doy una explicación: si yo quito la electricidad, no veo el televisor. Y esa es la única arma que ellos tienen”.
Acosta Carles
Es el único entrevistado ajeno al Ejército. Hijo de un chofer que fue jefe en la Digepol cuando Betancourt, el oficial de la GN asegura que su hermano Felipe, fundador del MBR 200, fue asesinado durante el Caracazo por un funcionario de la Disip por órdenes de CAP.
Acosta Carles quería ser sacerdote, estudió en un seminario, “pero no me gustó esa profesión” y entró a la EFOFAC. “La tropa viene del pueblo y yo también. Todavía no he visto un hijo de un empresario prestando servicio militar”, afirma.
En 1992, va a El Salvador como observador de la ONU. “De allí regresé con más fuerza, porque viví y sentí una verdadera revolución en la que el débil, que era la mayoría, se imponía ante el fuerte, que era minoría. Conocí los dos bandos. Por el bando débil recibíamos desagravios y mucho afecto, amor y atenciones. En cambio, por la oligarquía salvadoreña sólo recibíamos agravios, desprecios, reproches e insultos”.
Una vez iba en un carro de la ONU, paró en un semáforo y entonces “varios oligarcas (salvadoreños) le tiraron huevos al parabrisa y trataron de voltear el vehículo”, pues “esas personas no querían la paz, querían la guerra”.
Por eso dice estar preparado “para enfrentar ese agravio que me hace hoy la oligarquía venezolana al tocarme las cacerolas, al violar mi domicilio con las cámaras de TV”.
“La oposición o los no constitucionalistas saben que si van al referendo revocatorio, el presidente Chávez va a volver a ganar. Por lo tanto, han recurrido a huelgas, paros, cacerolas, para presionar a nuestro máximo líder para que renuncie, pero no lo van a lograr, porque el corazón de nuestro Presidente está compenetrado con el pueblo”, dice.
Cuatro juicios enfrentan a raíz del paro, promovidos por Regional y Polar, una empresa de transporte de combustibles y otra de transporte marítimo. A todas las allanó para sacar productos retenidos o mover sus gandolas y remolcadores.
Sobre el allanamiento a la Coca-Cola (donde eructó ante las cámaras de TV), recuerda que un grupo, que incluía mujeres, obstruyó la salida de gandolas, una vez logrado un acuerdo con la empresa. Aduce que “la agresividad de estas ciudadanas contra los guardias” obligó a usar gas lacrimógeno. Las damas, asegura, eran karatekas, una cinta negra e instructora de artes marciales que “estaba estrangulando a un capitán por la tráquea y para liberarlo hubo que halarla, por lo que cayó al piso”.
“Un informe falso que dice que ella tiene fractura de cráneo. Yo tengo el verdadero, que dice que no le pasó nada, que no tuvo fractura de nada, sólo un hematoma en el cuero cabelludo, porque se llevó su golpe en el piso”.
Jesús Morao
El subjefe de la Casa Militar, coronel Jesús Morao, usa el término “ponchera” (flexible) para describir a Chávez frente a sus adversarios después del golpe y del paro, por lo que le aconseja “apretar la cureña”.
Morao toma en serio un eventual magnicidio. “Sería un desastre inconmensurable; habría una gran anarquía donde un sector del pueblo que ve que desaparecen a su Presidente va en contra de otro sector del pueblo. Prácticamente se desataría una guerra. Yo he oído decir: “Desaparecen al Presidente y nos comemos vivos al este, La California o Macaracuay”. Y te garantizo que si algo le pasa al Presidente, yo voy a tomar mis medidas. Las que tenga que tomar, Marta. Las tomo, porque yo no me voy a quedar con las manos cruzadas”.



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