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OCCIDENTE, CUBA Y LOS DERECHOS HUMANOS

April 27th, 2003 · Post your comment (No Comments)

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El análisis, las caracterizaciones y los juicios acerca de las guerras, las dictaduras y los enfrentamientos sociales se han teñido con las mistificaciones de los intelectuales que habitan las torres de marfil desde donde bendicen o condenan a los revolucionarios, los reformistas y los reaccionarios por igual. En la medida que en ellos residiría la conciencia impoluta de lo que es el Bien y lo que es el Mal (facultad que los acerca peligrosamente a George W. Bush), lanzan periódicamente sus fallos inapelables sobre todo lo divino y lo humano. En este caso concreto, los receptores de las aflicciones y las iras de los habitantes del Olimpo se han descargado sobre el gobierno de Cuba, responsable de la incalificable decisión de defender su soberanía nacional.

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Carlos O. Suárez
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A lo largo de siglos las potencias europeas primero, luego con el prominente acompañamiento de Estados Unidos, asolaron a los cinco continentes con sus aventuras colonialistas, conformando violentamente los actuales límites geográficos del mundo. En África y gran parte de Asia impusieron un dominio colonial que devendría, entre otros factores determinantes, en el estallido
de las dos guerras mundiales e incontables conflictos regionales. Los países del África negra, las actuales naciones del Medio y Lejano Oriente, así como América Latina y el Caribe, han vivido sacudidos por las disputas entre europeos, japoneses y estadounidenses, quienes conformaron diversas alianzas con el objetivo de intervenir en los asuntos internos de los estados del
Tercer Mundo, desarrollando las políticas de la invasión militar directa o el neocolonialismo económico y cultural, perfectamente conocido por los pueblos latinoamericanos y caribeños del siglo XIX en adelante.

La interminable serie de atropellos y genocidios fueron generando sociedades conmocionadas por las agresiones externas, donde a la vez se afianzaron oligarquías gobernantes que han venido sirviendo de correas de transmisión de los intereses imperiales. Al mismo tiempo, de los espacios políticos y sociales abiertos por las luchas populares y los consiguientes retrocesos de las clases dominantes, surgirían los sectores medios que accedieron a conquistas políticas, sociales y económicas comparativamente superiores a las de los pueblos africanos y asiáticos. En ese contexto aparecieron los núcleos de intelectuales de Nuestra América, mayoritariamente condicionados por una COLONIZACIÓN PEDAGÓGICA que iría marcando las peculiaridades de
generaciones de escritores, periodistas, maestros, profesores de enseñanza media y universitaria, científicos y artistas en general. Todos ellos (en rigor todos nosotros) fuimos modelados por una educación que tergiversó planificadamente la historia Argentina, latinoamericana y mundial, generando los valores adulterados de la “democracia representativa”, las “libertades políticas” y los “derechos humanos”.

Es así que el análisis, las caracterizaciones y los juicios acerca de las guerras, las dictaduras y los enfrentamientos sociales se han teñido con las mistificaciones de los intelectuales que habitan las torres de marfil desde donde bendicen o condenan a los revolucionarios, los reformistas y los reaccionarios por igual. En la medida que en ellos residiría la conciencia impoluta de lo que es el Bien y lo que es el Mal (facultad que los acerca peligrosamente a George W. Bush), lanzan periódicamente sus fallos
inapelables sobre todo lo divino y lo humano. En este caso concreto, los receptores de las aflicciones y las iras de los habitantes del Olimpo se han descargado sobre el gobierno de Cuba, responsable de la incalificable decisión de defender su soberanía nacional. Apelando al arsenal de subterfugios derivados de la Teoría de los Dos Demonios, los intrépidos cazadores de pulgas e inspectores de revoluciones han volcado, vuelcan y volcarán su nutrido bagaje de lugares comunes para condenar a los gobernantes cubanos o, en el mejor de los casos, a partir de su benevolencia “progresista”, igualarlos con los imperialistas de Washington. Sería interminable, fatigoso y en definitiva inocuo recorrer la nómina de los que boxean con su sombra, confundiendo al decir de Martín Fierro “sonidos con intención”. Pero, en la medida que resulta útil ejemplificar respecto a los propietarios de la moral, la ética, lo trascendente y, en suma, los valores absolutos que los simples mortales debemos venerar so pena de caer en el
“totalitarismo”, me referiré brevemente a los artículos de Oscar Raúl Cardozo (Clarín - 19/04/2003) y Mempo Giardinelli (Página 12 - 20/04/2003).

Cardozo, con la erudición en materia de política internacional que lo distingue, realiza un ejercicio difícil de igualar en cuanto al rescate del derecho cubano a sobrevivir ante los ataques imperialistas y los límites impuestos por los medios de comunicación del establishment a sus periodistas. Con indiscutible destreza dialéctica el columnista de “Clarín” se introduce en el laberinto de los que aspiran a igualar lo inigualable, o sea a poner en el mismo nivel a víctimas y verdugos, intervencionistas e intervenidos,
agredidos y agresores. Dice Cardozo con propiedad: ” (…) El problema, es por cierto, que en el marco de las instituciones globales, la cuestión de los derechos humanos no tiene casi nunca que ver con la inviolabilidad –física, jurídica, social o política- del individuo o de los grupos humanos, sino con la relación de poder del momento en que se la considera”. Claro está que unos párrafos antes había planteado un capcioso interrogante: ” ¿ Hay diferencias de valor entre someter a suplicios a un afgano, a un iraquí o a un cubano? y la carga de reproche que conlleva es imposible de eludir con excusas o con un mero encogerse de hombros”.

No, desde luego que nadie podrá defender la aplicación de torturas a un afgano, un iraquí o un cubano, PERO DE LO QUE SE TRATA ES QUE AQUÍ Y AHORA NINGÚN PERIODISTA O INVESTIGADOR DEL MUNDO PUEDE AFIRMAR QUE UN SOLO CUBANO HAYA SIDO SOMETIDO A TORMENTOS. En cuanto a la calificación de “disidentes” para los 75 condenados a prisión por la justicia cubana, el subterfugio de Cardozo, reiterado hasta el hartazgo por la legión de repetidores de fábulas prefabricadas por el Departamento de Estado y la CIA, tiende a perder cualquier asidero cuando SE HA CONSTATADO LA RELACIÓN DE DEPENDENCIA DE ESOS CIUDADANOS CUBANOS CON LA OFICINA DE INTERESES DE LOS ESTADOS UNIDOS EN LA
HABANA. Porque una cosa es “disentir” con el gobierno presidido por Fidel Castro, hecho en el que puede coincidirse o no de acuerdo a legítimas evaluaciones políticas, y muy otra es justificar a los que en Cuba o cualquier otro país sirven a los intereses de una potencia que desde hace 44 años somete a un brutal bloqueo a la isla caribeña.

En lo que hace al escritor Mempo Giardinelli, siempre propenso a lagrimear en tanto difusor de tiempo completo de la Teoría de los Dos Demonios, su adhesión “pese a todo” a la revolución cubana ingresa al terreno de lo repudiable cuando dice:” (…) Y a esto hay que subrayarlo, no para justificar las torpezas de jueces, funcionarios y VERDUGOS –que Cuba los tiene y los hemos visto actuar en estos días….”

Al Sr. Giardinelli no le importa si los condenados a prisión en Cuba por ser agentes de una potencia extranjera sean “espías, malignos contrarrevolucionarios o personas intelectualmente cuestionables”. Su generosidad sin límites, su sensibilidad exquisita, es capaz del milagro de asimilar la conducta de los halcones de Washington con los dirigentes del gobierno cubano. Pero en la medida que nosotros somos simples mortales, incapaces de poner al mismo nivel (seguramente por carecer de la exquisitez
de los propietarios de la divinidad poética), al banquero de Wall Street , al torturador de la CIA en Guantánamo, a los que bombardearon “por error” mercados y viviendas familiares en Bagdad, junto a los niños que se mueren de hambre en Argentina o los que quedaron sin piernas o brazos en Irak, las parrafadas de los Cardozo y los Giardenelli nos repugnan.

Un párrafo aparte para José Saramago. El extraordinario escritor portugués “se fatigó” y, en consecuencia, dejó de ser solidario con Cuba. Como dice muy bien Susana Viau (Página 12 - 21-04/2003): ” (:::::) ¡ Que funesto error el del gobierno cubano que no se detuvo a consultar a Saramago y a todos los Saramagos de este mundo qué debía hacer con los tres agentes infiltrados por Bush para desestabilizar la pequeña isla ! (.::) ¡ Bien por Saramago!

Para ejemplarizar con la pena capital, Cuba debió esperar a que la sangre la derramara su gente, darle tiempo al tiempo para una nueva Bahía de los Cochinos, para convertirse en el Irak de América Latina”. El gobierno revolucionario cubano ha defendido los derechos humanos como casi nadie lo ha hecho en el mundo. Los errores que pudieron haberse cometido a lo largo de 44 años han sido señalados en innumerables ocasiones por Fidel Castro y los principales dirigentes cubanos. Estamos frente al derecho fundamental de los cubanos: vivir con dignidad, libres de cualquier dominio extranjero, construyendo día a día la nueva sociedad y el nuevo hombre que a todos nos enorgullece. Ante esa realidad, ante tanto sacrificio y sangre derramada por la liberación de Cuba y de muchas naciones del Tercer Mundo (recordemos Angola, recordemos los miles de médicos y alfabetizadores en muchos países de África, Asia y América Latina), nos afirmamos en una solidaridad militante.

Los derechos humanos no se declaman, tampoco son abstracciones para utilizar en artículos o ensayos de ocasión, sino la esencia de una vida digna. En Cuba se respetan como en ninguna parte, mal que les pese a los fariseos, a los tergiversadores de oficio y a los que se rinden ante el imperio.

“AL ENEMIGO SE LO VE MÁS GRANDE CUANDO SE VIVE DE RODILLAS”, como decía José de San Martín, y nosotros coincidimos plenamente con él, con Fidel, con el Che y con el gran pueblo de José Martí.

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