Xaviar Horcajo.- ¿Por qué el Magoo de la política critica a la Moraleja y oculta que él vive en las Rozas?
No sabe ganar. En pocas ocasiones, como tras el referéndum de la Constitución Europea, podrá José Blanco demostrar su talante. Pudo haber felicitado a la oposición, e incluso a los que votaron no. Sin embargo, prefirió morderle la mano a Rajoy y burlarse abiertamente de Carod-Rovira -espero que con consecuencias- y de Llamazares.
Pepiño es poco elegante en la victoria, casi ruin. El hombre de los “corrutos” y los “proyetos” sabe que está en política porque en el PSOE no pasan lista. Su currículo es penoso. Pero no hablamos aquí de datos académicos, sino de talante y sentido histórico, y eso no le está vedado a los hijos y las hijas de los peones camineros.
Pepiño es el mago Magoo de la política española. Y como casi todos los magos hace trampa. Lo que pasa es que a él se le ven casi todas. Por ejemplo, ¿es ético enchufar a tu esposa en una Universidad Complutense (pública) por la cara? O, incluso mejor, ¿puede Pepiño Blanco hablar de lo que votan los vecinos de la Moraleja (es decir, los ricos según el gran conceptólogo del socialismo obrero español, Alfonso Guerra) sin explicar -antes o después- que él y su señora favorecida viven en Las Rozas desde que abandonaron Galicia para hacer fortuna a la sombra de Zapatero?
¡A Pepiño le va la moqueta, carallo! Y no se “diprime” por nada este Magoo. No es como la señora del presidente, doña Sonsoles, que asfixiada por las cuatro paredes monclovitas y después de las oportunas reformas de recién llegada tuvo que traerse a su mejor amiga -a la sazón psicóloga- y a su marido para que, con su compañía, la ayuden a superar esos difíciles momentos en los que no puede dedicarse al canto, ni a bucear en la piscina de la Guardia Civil, y José Luis se ha marchado.
Se ha marchado, por ejemplo, a un desfile a desairar a los Estados Unidos de América en su propia versión light del “yanqui cabrón, enemigo de la humanidad”, que proponía el lamentable himno nicaragüense en tiempos de Borges y el comandante Ortega. ¿Se acuerdan? Aquel cegatón que en su país era el “revolucionario Ortega” y en Miami se convertía en el “multimillonario Hortera”. Todos ellos tan buenos amigos del PSOE en otros tiempos.
Pero volviendo a nuestro protagonista, José Blanco; es que Pepiño es torpe hasta bebiendo agua. Su dialéctica ya sólo es jaleada -puertas adentro- por sus fans Carme Chacón y Leire Pajín.
Por cierto, es increíble lo que esta joven se parece físicamente cada día más a Curro Moratinos, el ministro de Inoportunidades Exteriores, que cuando viaja en avión pide dos billetes. ¿Por qué? Pues porque le han dicho que su tontería es “pasajera”.





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