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“Preséntate a tu Dios como un soldado”

December 3rd, 2003 · Post your comment (No Comments)

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De Kabul a Bagdad

Roberto Bardini

¡Oh, Pueblo de Irak! No eres huérfano
para precisar un cuidador, Irak.
Ya no podrás disfrutar del agua del Tigris
si aceptas la humillación y la opresión.

Versos de un poeta sunita.
Citado por Yitzhak Nakash, Los chiítas de Irak,
Princeton University Press, 1994.

París. “Hacia el complicado Oriente partía yo con ideas simples”, recuerda un general francés graduado en la Academia Militar de Saint-Cyr. El hombre ha estado en Dakar, Siria, Madagascar y Argelia. Es, además, autor de dos libros: El filo de la espada y Memorias de la esperanza.

Bagdad. “Nuestros ejércitos no han venido a sus ciudades y tierras como conquistadores o enemigos, sino como liberadores”, anuncia a través de una proclama un militar inglés que ha avanzado hacia la capital desde Basora. E insiste: “Pobladores de Bagdad, recuerden que durante 26 generaciones ustedes han sufrido bajo extraños tiranos, que desde siempre han intentado por todos los medios enfrentar entre sí a los reinos árabes con el fin de obtener provecho de sus diferencias”.

Bagdad. Desde la capital de Irak, otro oficial británico informa: “Nos han metido en una trampa de la cual será difícil salir con dignidad y honor. Nos han engañado con una información sistemáticamente manipulada. Los comunicados de Bagdad son tendenciosos, mentirosos, incompletos. Las cosas van mucho peor de lo que se nos dice, nuestra administración en este país es mucho más ineficiente y corre más sangre de lo que sabe el público. Hoy no nos encontramos muy lejos de un desastre”.

Buenos Aires. Lejos del teatro de operaciones, un militar y político argentino advierte: “Hace pocos días en Medio Oriente amenazaron a Estados Unidos con cerrarle el grifo del petróleo. El petróleo que produce Medio Oriente es el 80 por ciento del petróleo del mundo. Si ellos cierran la llave, la industria norteamericana -que esta montada sobre energía basada en petróleo- tendrá un sacudón muy fuerte ¿Cómo contestó Estados Unidos? El senado de Estados Unidos contestó que si lo hacían los árabes, Estados Unidos ocuparía Medio Oriente. Eso lo van a hacer; pero no solo con los árabes….. ¡Lo van a hacer también con nosotros el día que necesiten y no tengan!”.

Nada de lo anterior fue dicho ayer, ni la semana pasada. Todos los personajes citados están muertos desde hace mucho tiempo. Sus frases, impresiones y augurios, sin embargo, conservan una notable vigencia. O una trágica actualidad.

* * * * *
París. El general francés con “ideas simples” es Charles de Gaulle (1890-1970), considerado por muchos un héroe de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que nunca se arrugó el uniforme o se embarró las botas. Fue, además, tres veces presidente. La primera, como mandatario provisional en el exilio durante la ocupación alemana de Francia (1944-1945); la segunda y tercera, como vencedor en elecciones. En 1962, De Gaulle negocia la independencia de Argelia, cuya lucha de liberación ha dejado 250 mil víctimas en ocho años.

Bagdad. El militar inglés que anuncia a los iraquíes que sus batallones no llegan “como conquistadores o enemigos, sino como liberadores”, es el teniente general sir Stanley Maude. Su proclama se divulga el 8 de marzo de 1917. El lugarteniente de Maude, sir Percy Cox, convoca a dirigentes iraquíes para formar un gobierno de colaboración con las autoridades británicas. Ambos quieren convencer a los árabes para que acepten la ocupación extranjera mientras administradores y técnicos del Reino Unido se adueñan del petróleo. El general Maude murió víctima al bacilo del cólera a los ocho meses de haber llegado a Bagdad. A principios de marzo de 2003, el documento con la proclama original de Maude se subastó en Inglaterra por mil 400 libras esterlinas.

Arthur Harris, comandante de la Fuerza Aérea en Irak, está muy compenetrado de las promesas de Maude. Anteriormente ha servido en Rodesia, África del Sur. Muy didáctico hace saber a los kurdos que “en 45 minutos un pueblo puede ser borrado del mapa”. [En 1941, dos años después de estallar la Segunda Guerra Mundial, fue promovido a mariscal del Aire y ocho meses más tarde estuvo a cargo del Comando de Bombardeo. Fue partidario de utilizar bombas incendiarias en lugar de artefactos explosivos. En mayo de 1942 dirigió su primer bombardeo masivo contra Alemania con mil aviones. La prensa británica lo apodó Bombardero Harris].

El ejemplo del teniente general Stanley Maude se extiende. Pocos meses después, el general sir Edward Allenby toma Jerusalén y “libera” Palestina de los turcos. El oficial se vanagloria de haber terminado con cuatro siglos de dominación otomana. Dos años más tarde, el ejército francés “libera” Líbano y Siria. Se crean fronteras donde solo había desierto. Los países cambian de manos; las riquezas, también.

Winston Churchill, quien como ministro de las Colonias había impulsado la creación de Irak, Jordania y Palestina, se queja a pesar de todo: para él, Irak es “un volcán ingrato”, siempre a punto de estallar.

Londres. El oficial que denuncia la “trampa de la cual será difícil salir con dignidad y honor” es un poco disciplinado teniente coronel, arqueólogo graduado en Oxford, traductor y criptógrafo, al que le fascinan la Antigüedad y los castillos medievales. Se llama Thomas Edward Lawrence y nació en Gales, en 1888. Pasará a la historia como “Lawrence de Arabia” –para los occidentales– o Aurens, como lo llamaron los árabes.

Su informe sobre “una información sistemáticamente manipulada” fue publicado en el Sunday Times, de Londres, el 22 de agosto de 1920. Antes, en un documento de 17 puntos dirigido a las fuerzas británicas, Lawrence había alertado: “Al extranjero y al cristiano no se le tiene mucha simpatía en Arabia. No importa cuán amigable e informal sea el tratamiento hacia ustedes; recuerden siempre que vuestros cimientos son muy arenosos”. Tiempo después, ampliará el tema en dos libros muy descriptivos que podrían releerse mañana mismo o dentro de media hora: Los siete pilares de la sabiduría y Rebelión en el desierto.

Buenos Aires. El militar y político argentino que advierte sobre la voracidad petrolera de Estados Unidos en Medio Oriente es el teniente general Juan Domingo Perón. Lo dice el 30 de julio de 1973, en un discurso en la Confederación General del Trabajo (CGT), un año antes de morir.

* * * * *

París-El Cairo. Rastreando en la historia se encuentran similares antecedentes. Son más añejos, pero el objetivo es exactamente el mismo. “Pueblo de Egipto, os dirán que he venido a destruir vuestra religión”, afirma el general francés Napoleón Bonaparte al entrar a El Cairo, en 1798. “No lo crean. ¡Contesten que he venido a restaurar vuestros derechos!”.

La “cruzada” imperial de Napoleón intentaba dificultar los esfuerzos de Inglaterra para hallar una nueva ruta a la India. Los estrategas franceses cometieron exactamente el mismo error que casi todas las potencias europeas: tratar de dividir y gobernar utilizando a minorías tribales, étnicas o religiosas a pueblos mayoritariamente adversos a las autoridades títeres. Al igual que los británicos, lograron un casi milagro: unificar clanes enfrentados entre sí.

Al amanecer del 19 de mayo de 1798, Bonaparte había zarpado del puerto mediterráneo de Tolón. Iba al mando de 300 buques, 38 mil soldados y 16 mil marineros. A bordo de la flota también viajaban 154 hombres de ciencia. Había matemáticos, químicos, especialistas en minerales, ingenieros, astrónomos, médicos, farmacéuticos, zoólogos y botánicos. Los acompañaban literatos y orientalistas. La mayoría desconocía cuál era el destino final. Para convencer a sus alumnos de que lo dejasen todo, el mineralogista Déodat de Dolomieu les fomenta expectativas: “No puedo decirles adónde vamos ni cuánto tiempo vamos a estar allí ni con qué objetivo, pero puedo asegurarles que es un lugar para conquistar gloria y saber”. Se autodenominaron Comisión de las Ciencias y de las Artes del Ejército de Oriente. Los rudos soldados con los que emprenden viaje los designan sencillamente como “los sabios”. La mayoría de ellos ronda los 30 años de edad.

El 28 de junio la escuadra francesa toma la isla de Malta. Napoleón celebra la victoria con un discurso. Y devela el secreto: el destino es Egipto. Se trata de una “conquista científica”, dice. El general desembarca en Alejandría el 2 de julio. El 21, sus tropas se lucen en la Batalla de las Pirámides. En agosto ya está instalado en El Cairo, pero muy pronto su suerte dará un giro de 180 grados. A fines de 1798 estalla una insurrección en la capital egipcia y los turcos le declaran la guerra. El 23 de agosto de 1799, luego de varios enfrentamientos –en los que resultan vencedores a costa de muchas bajas– Bonaparte y los oficiales de su estado mayor huyen rumbo a Francia. Los “sabios” se quedan, a pesar de todo. Son los únicos que a la larga, gracias a descubrimientos y saqueos, revelarán al mundo algunos enigmas del antiguo reino de los faraones.

* * * * *

Bombay-Kabul-Londres. A mediados de los años 60, los movimientos hippies y pacifistas distribuyen un pequeño cartel que muestra el dibujo de un fornido “boina verde” o marine estadounidense. El afiche tiene un breve texto: Ingrese al ejército, viaje a países exóticos, conozca gente interesante… y mátela.

El escritor británico Rudyard Kipling no revistó en las filas de ningún ejército ni mató a nadie, pero recorrió tierras exóticas y conoció a personas muy interesantes. Nace en Bombay (India) en 1865, de un matrimonio inglés. Su padre es director de la Escuela de Arte de Lahore (Pakistán). El muchacho crece en plena expansión del colonialismo del Reino Unido en Asia y –como hijo de un funcionario de la Corona– va a estudiar a Londres. Pronto retorna a su país de origen, en el cual permanece varios años trabajando como periodista. Se desplaza por la India y viaja por África, donde se relaciona con oficiales del ejército, exploradores y buscadores de fortuna.

A los 31 años, Kipling se establece en Londres, donde se dedica a escribir novelas de aventuras y poesías que describen el ambiente exótico de Oriente. En la misma línea de Robert Louis Stevenson y Joseph Conrad, sus obras alcanzaron gran éxito. Es autor de Cuentos simples de las colinas (1887), El libro de la selva (1895), Los siete mares (1896), Capitanes intrépidos (1897), Kim (1901) y Puck de la colina Pook (1906), entre otros títulos. Se le considera el “Cantor del Imperio” en su versión “heroica”. A pesar de su romántica defensa del sistema colonial, fue respetuoso de las costumbres, leyendas y tradiciones de la India. Uno de sus libros de poemas se llama Baladas de la sala de cuartel (1892). En 1907 ganó el Premio Nobel de Literatura. Falleció en Londres en 1936.

Es muy probable que ninguno de los soldados estadounidenses de origen anglosajón, afroamericano, hispano o asiático que están repartidos entre Afganistán e Irak sepa quién es Rudyard Kipling. Posiblemente piensen que sea un mercenario convertido al islamismo, un guardaespaldas de Saddam Hussein o un secuaz de Osama bin Laden. Sin embargo, uno de sus poemas –de apenas seis líneas– debería imprimirse en una pequeña cartilla. Cada invasor californiano, texano o neoyorkino tendría que llevarlo en la mochila o grabado en la memoria. Se titula Como un soldado y dice así:

Cuando te encuentres herido y abandonado
en las planicies de Afganistán
y las mujeres lleguen a destripar lo que queda,
agarra tu rifle, levántate la tapa de los sesos
y preséntate a tu Dios
como un soldado.

28 de Noviembre de 2003

© Roberto Bardini
Copyright © 2003 Movimiento Bambú

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Tags: General

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