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Vuelve el pensamiento nacional-popular a la universidad

August 19th, 2009 · Post your comment (No Comments)

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socialismolatinoamericanoDel ciclo de charlas organizado por la Unión Estudiantil de Sociales (UES) en el mes de junio en la UBA (del cual participó Socialismo Latinoamericano-Izquierda Nacional), puede extraerse una primera conclusión auspiciosa: se ha abierto un espacio de pensamiento nacional-popular en la Universidad de Buenos Aires.

La importancia de este hecho se pone de relieve si consideramos que desde la llamada “recuperación de la democracia” en 1983 -que no fue en realidad más que la continuación institucionalizada de la contrarrevolución sangrienta acaecida entre 1976 y 1982- el pensamiento hegemónico fue el que administraron las diferentes corrientes demoliberales más o menos “progresistas” y más o menos “izquierdistas”, pero en todo caso profundamente antinacionales y antipopulares, que ocuparon cátedras y espacios “de gestión”. Prueba de ello es que en un país con parte de su territorio militarmente ocupado por una potencia imperialista, el nacionalismo fue simplemente una mala palabra, mientras que el término “imperialismo” fue purgado del papelerío insustancioso (los “papers”) producido por esa pléyade de quebrados, trepadores y arribistas que fungen como “científicos sociales”.

El pensamiento nacional-popular, que es una herramienta teórica imprescindible en la lucha por la emancipación de los oprimidos, tiene pilares fundamentales en la obra de los siguientes autores: Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós y Jorge Abelardo Ramos. A partir del espacio abierto por los compañeros de la UES se crean las condiciones materiales para que se produzca el encuentro entre la obra silenciada de estos autores y una nueva generación estudiantil sobre cuyos hombros recae la impostergable tarea de efectuar una crítica teórico-práctica de la condición semicolonial del país.

Sin embargo, resulta importante considerar lo siguiente: la naturaleza nacional-popular de un discurso no resulta únicamente de su contenido, sino, también, del lugar (no lugar físico, sino lugar “simbólico”, político o teórico) desde el que se lo produce. La palabra no vale sólo por su contenido, sino también por su procedencia. Los autores mencionados no fueron profesores universitarios, editorialistas de los grandes diarios, ni personajes mimados por los factores de poder. Sus libros y folletos aparecieron en ediciones marginales, de poca tirada, y circulaban entre lectores cuyo objetivo no era conseguir becas para hacer carrera académica, adquirir prestigio y ganar dinero, sino construir organizaciones políticas al servicio de la emancipación nacional y social. Eran libros y folletos que no defendían ni legitimaban el orden imperante, sino que lo denunciaban y enseñaban cómo combatirlo. Eran textos subversivos. Eran textos militantes.

En los años sesenta el pensamiento nacional-popular comenzó a ser hegemónico. No por casualidad. Cabalgaba sobre los hombros de una clase obrera y una juventud combatientes que protagonizaron las grandes puebladas de la época (Cordobazo, Mendozazo, Rocazo, etc.) contra los gobiernos cívico-militares herederos de la contrarrevolución de 1955. Los autores mencionados, y muchos otros que sería largo enumerar acá, pero que deben ser rescatados urgentemente del olvido, mostraron la continuidad existente entre esas luchas presentes y una tradición histórica que se remontaba a la resistencia a las invasiones inglesas de comienzos del siglo XIX, a la lucha de las montoneras federales contra la burguesía comercial portuaria, a la del pobrerío yrigoyenista contra el régimen oligárquico, y a la de los descamisados del 17 de octubre de 1945 contra los gorilas de la “unión democrática”. En 1973 este pensamiento nacional-popular, madurado al calor de la lucha de clases convertida ya en lucha de calles, irrumpió en una universidad que quería sacudirse las culpas por haber servido a los proyectos antinacionales y antipopulares de 1930 y 1955, cuando sus autoridades y profesores eran radicales, socialistas o conservadores. Símbolo de ello pudo ser el nombramiento de Paco Urondo en la dirección de la Carrera de Letras en la UBA. El establishment académico resistió al poeta militante con el argumento peregrino de que carecía de “antecedentes académicos”. Pero la tormenta social y política tenía tal intensidad que las resistencias burocráticas y profesorales fueron quebradas, y las gallinas no pudieron impedir que las aulas se llenaran de águilas que querían enseñar a los jóvenes cómo se podía volar bien alto.

Duró poco. Diez años más tarde Urondo ya estaba muerto y las gallinas picoteaban nuevamente autosatisfechas en el territorio recuperado. La casa en orden: el profesor enseña y el alumno aprende. ¿Qué se enseña y qué se aprende? Lo de siempre: las modas intelectuales llegadas desde más allá del océano para formar eunucos ignorantes de su triste condición. La pregunta clave es: ¿puede confiarse en el profesor-gallina y sus mercancías intelectuales importadas a los fines de reemprender la lucha revoolucionaria que está pendiente? ¿Puede el pensamiento emancipatorio surgir en el seno mismo de instituciones como la universidad, cuya función es cementar ideológicamente el orden vigente? ¿O habrá que producir ese pensamiento en confrontación con los “aparatos ideológicos del estado”?

El ciclo de charlas de la UES contó con la presencia de expositores cuyo mérito principal sería formar parte de la corporación profesoral que controla la UBA desde hace 25 años. Pero la Revolución Nacional y Social pendiente no necesita profesores que transmitan saberes muertos. Necesita miltantes con coraje y creatividad para descubrir dónde está el eslabón más débil de la cadena que nos oprime. El objetivo no es formar “científicos sociales” sino revolucionarios antiimperialistas y anticapitalistas. El proyecto de la UES de cambiar el nombre del Instituto de Investigaciones “Gino Germani” (Germani fue un delator policial italiano enamorado de las estadísticas yanquis y enemigo acérrimo del peronismo y de los trabajadores argentinos) por el de “Roberto Carri” (Carri fue un intelectual-militante de la generación de los Urondo y los Walsh) se inscribe en esta dirección.

Es la dirección en la que hay que avanzar con intransigencia, decisión y coherencia.

Izquierda Nacional.

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Tags: Argentina · Internacional

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