10/1/2005

Otro año más.

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Tras la pausa que nos hemos visto forzados a hacer durante el periodo navideño, AM España vuelve a su labor de información alternativa e identitaria. Comenzamos deseando a todos un año 2005 de sacrificio y lucha indentitaria. También iniciamos el año con unas breves reflexiones sobre lo ocurrido en estos días.

En primer lugar hablaremos del maremoto de Asia, no del maremoto en sí, ni de sus terribles consecuencias, de lo que ya se ha ablado mucho durante las últimas semanas, sino del uso mediático que los regímenes políticos de Occidente y los grupos en que se apoyan están haciendo de la catástrofe.
Efectivamente el maremoto ha sido utilizado (como tantas otras cosas) para desviar la atención de nuestros pueblos de su realidad díaria y para hacer que cantidades ingentes de dinero pasen a las organizaciones “humanitarias” que están impulsando con su actuación la explosión de mográfica del tercer mundo, realimentando de ese modo una espiral de miseria que tiene como consecuencia más brutal la inmigración de masas hacia Europa.

Volvamos ahora a la realidad díaria de la que nos quieren distraer con el maremoto. Estas navidades, el ominoso PSOE ha puesto en funcionamiento dos leyes dirigidas a la destrucción de España y de sus pueblos autóctonos. La primera permitirá que los inmigrantes ilegales sean legalizados si demuestran que han estado violando las leyes de nuestro país durante 6 meses, esta medida es análoga a reconocer como propiedad de un ladrón, un objeto robado por él si demuestra que lo robó hace más de 6 meses, esta ley ha pasado sin la más mínima protesta por parte de los meapilas del PP y menos aún de la Iglesia antiespañola, que tanto se queja (y con razón) de la segunda ley de la que hablamos, que es la que permite los matrimonios homosexuales, atacando así frontalmente la institución de la familia, base de toda sociedad orgánica.
El parlamento vasco ha aprobado el plan Ibarretxe, que tras una aparente voluntad de defensa de la identidad del pueblo vasco, esconde intereses económicos de lo más sucio. El PNV viene demostrando desde hace tiempo que la identidad de Euzkadi le importa muy poco, puesto que recientemente puso en marcha una iniciativa de legalización de inmigrantes dirigida por un negro militante del PNV y acompañada por unos grotescos carteles en los que se veía a moros, negros e indios sudamericanos vestidos como campesinos vascos. Así que el PNV, EA y compañía tienen de vascos lo que el PP, PSOE e IU de españoles, es decir, NADA. Por lo tanto desde aquí exhortamos a nuestros hermanos vascos a que no sigan ninguna iniciativa de los partidos que están llevando a cabo una política de tercermundización de su tierra.

1/12/2004

Comparecencia de Aznar ante la comisión del 11M

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El lunes 29 de noviembre, el expresidente Aznar compareció ante la comisión del 11M
Durante su comparecencia se enfrentaron dos tesis.
La primera es la que sirvió al PSOE para tomar el poder el 14 de marzo, es decir, que la culpa de los atentados fue de Aznar por haber enviado tropas a Irak y que la acción de los pobres terroristas moros estaba justificada, “encima que son pobres y van a matarlos a su país nos quejamos de que nos pongan una bombita”, decía una maruja el mismo día 14.

La segunda tesis es la que defendió Aznar y la que defendería cualquiera con un poco de perspectiva histórica y cuyo cerebro no haya sido completamente programado por años de colegio, instituto y televisión, es decir, que los atentados hay que inscribirlos en la estrategia imperialista global del Islam y en la voluntad de los muslulmanes de reconstruir Al Andalus.

Nosotros vamos a ir más allá que Aznar, puesto que el culpable de los atentados en última instancia sí que fue él, pero no por mandar soldados a Irak (decisión que, dicho sea de paso, en nada favorece los intereses de nuestro pueblo), sino por haber permitido y favorecido, que durante sus 8 años de gobierno la cantidad de inmigrantes se multiplique por 10 en España, porque el 11M fue ante todo un atentado preparado en suelo español, por inmigrantes, que vivían en España se organizaron en España, consiguieron los explosivos en España y actuaron en España. Por todo esto afirmamos que la responsabilidad final del 11M es de todos aquellos que están a favor de la inmigración y que todos y cada uno de los miembros del MCI, SOS racismo y el resto de organizaciónes racistas antiblancas del país, debrían declarar en la comisión.

2/10/2003

Nuevo gran inquisidor

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por: José Luis Ontiveros

La transición política ha dado lugar al predominio de lo políticamente correcto, en que la hegemonía del paradigma democrático, se ve unida a la capitulación del Estado frente al poder del alto clero, como lo demuestra el presidente Fox, doblegado por el cardenal Sandoval, en función de la ideología predominante, que se definiría como: ensayo sobre una derecha sin cabeza. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Jarold J. Lasky, acuñó el término políticamente correcto para referirse al monismo demoliberal, como la única forma de organización social válida, en referencia a una concepción totalitaria del poder.

Mas esta tendencia de estar acorde con los valores de la edad, del signo de los tiempos, de la moda imperante, iba más allá de lo que el profesor hebreo J.L.Talmon denunció en su libro Los orígenes de la democracia totalitaria, en la medida en que Sartre y la izquierda fueron, en su momento, los representantes de lo políticamente correcto.

La adopción de este criterio deslizable y amorfo se relaciona con los centros del sentido a los que se refiere Gramsci, esto es, a los valores aceptables en una sociedad, que merecen encomio y reconocimiento, que determinan el sentido común.

El foxismo se presentó como la encarnación de lo políticamente correcto, apeló a un pretendido bono democrático, en contraposición a la vía nacional-revolucionaria, en cuanto que ésta no se somete a los patrones mundialistas y se funda en la afirmación de la diferencia. No existe el fin de la historia, el mundo es polivalente y plural La ex izquierda súbitamente se convirtió apostólicamente al credo democrático, y con ello, a las normas universalistas de la homologación de los valores, en que destaca la transcripción secular del judeocristianismo a los principios democráticos.

Lo políticamente correcto se desplazó a un gobierno vergonzantemente confesional. Aclarando que este simulacro de permisibilidad no tolera rechazar la dictadura del pensamiento único, y el predominio de la americanósfera.

Esta es la explicación última del suprapoder fáctico de la Iglesia católica, ya que el foxismo carece en sí de un proyecto histórico, por ello el país vive en el riesgo de que se constituyan los delitos de opinión, propios de la absolutización de lo relativo y de lo discutible. Así, el cardenal Sandoval es el nuevo gran inquisidor: de lo que tiene derecho a pensarse y de lo que debe estimarse como abominable.

16/9/2003

Qué pasó hace 2 años?

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Isaac Bigio

Analista Internacional

El 11 de septiembre fueron destruidas las Torres Gemelas de Manhattan y atacado el Pentágono. Dos años después de ello hay toda una serie de especulaciones y debates acerca de que es lo que realmente aconteció.

La explicación oficial es que un comando suicida de Al Qaeda lo produjo y que por ende la respuesta debe ser promover ataques militares unilaterales y preventivos en el mundo islámico.

Se cuestiona al rol del por que la mayor agencia de inteligencia del mundo no hubiese podido prevenir el macro-atentado. Para algunos un sector de ésta habría alentado o dejado pasar ese hecho para justificar un apoyo popular interno para una política de militarización global. Para otros eso es una teoría conspirativa que calumnia a una agencia que protege a su propia población.

Otro debate es sobre la relación entre la CIA y Al Qaeda. Esta última fue inicialmente apuntalada, financiada y armada por EEUU. Bin Laden llegó a Afganistán y fue promovido por Washington como un ‘combatiente de la libertad’ anti-soviético. El hecho que Al Qaeda sea una criatura de la CIA obliga a algunos a re-plantear el rol de los servicios de inteligencia occidentales para ver hasta que punto éstos no son quienes crean Frankestein que después no pueden controlar. Otros afirman que las familias Bin Laden y Bush han hecho negocios en el pasado y que por ello serían siendo una suerte de amigos-enemigos. También se dice que en la polarización creada por ellos ambos sacan provecho en detrimento de fuerzas que pueden estar al centro. Mas, la respuesta oficial es que el fundamentalismo islámico se ha convertido en el principal enemigo en la post-guerra fría y que para prevenir nuevos atentados terroristas la CIA debe incrementar su presupuesto, tecnología y pre-rogativos.

Algunos escépticos incluso concibe que sea posible que sectores halcones de la inteligencia de EEUU hayan estado tras los atentados del 11 de Septiembre. Aducen que nunca ha aparecido una foto de algún volando sobre el Pentágono o de restos de éste y que el orificio y el humo producidos allí no son los de un avión masivo de pasajeros lleno de gasolina, sino el de un misil. El francés Meysser plantea que los autores de los atentados son los mismos de quienes expandieron la epidemia de Ántrax en los EEUU semanas después del 11 de septiembre: la extrema derecha estadounidense.

Estas especulaciones son rechazadas por el grueso del ‘establishment’ norteamericano para quien está comprobado que fanáticos musulmanes realizaron las carnicerías buscando incentivar una guerra santa contra Occidente. El congreso norteamericano se unió en torno a que la única respuesta posible para evitar otros atentados era bombardear los nidos de Al Qaeda en Afganistán.

8/9/2003

Nuevo tipo de guerra: La batalla informática

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Por: Lisandro Otero

En este instante se está desarrollando una batalla silenciosa que no produce estruendo, ni humo, ni cadáveres pero que resulta tan dañina para la civilización como las contiendas que se libran con pólvora y cohetes teledirigidos: la batalla informática.

Tras la era del papel impreso, de las radiocomunicaciones y de la transmisión de imágenes, entramos en el tiempo de la comunicación cibernética. El lenguaje de las computadoras, y su complejo entrelazamiento mundial en internet, han dado lugar a una aceleración insólita de la difusión de ideas y los vínculos interinstitucionales. Como todas las grandes virtudes estas traen aparejados grandes vicios y en la era informática ha surgido la plaga de los virus.

En este instante una nueva forma de morbilidad ha atacado el orbe de las computadoras: un flamante virus denominado SoBigF que ha contaminado millones de máquinas en todo el mundo. En un solo día uno de cada diecisiete correos electrónicos enviados en todo el mundo era portador de SoBigF. El diario The New York Times fue agredido y se vio forzado a cerrar todas sus terminales para poder eliminar la ponzoña. Una semana antes el virus Welchia obligó a la compañía de aviación Air Canada a cerrar sus operaciones y forzó la salida del aire de las tres cuartas partes de las computadoras de la Marina de Estados Unidos. En un lapso anterior el Blaster también había causado similares estragos.

En este instante existen 77 mil virus y la epidemia ha dado lugar una industria antivirus evaluada en un billón de dólares, según las cifras ofrecidas por la revista Time de la semana pasada. Los creadores de la peste informática tantean las debilidades del sistema Windows, que es utilizado por el 95% de las computadoras en todo el mundo, y cada semana descubren setenta nuevos ángulos de ataque.

El problema es que los flagelos tecnológicos ponen en crisis el advenimiento de un nuevo orden. La comunicación informática ha generado una revolución mediante la cual se han cambiado los modos de producción y los sistemas de valores. El entramado de colaboración por redes permite que se realice más trabajo en menos tiempo, reduce las distancias geográficas, exige mayor preparación, amplia la capacidad de intervención de cada individuo en los asuntos humanos y acorta los tiempos de reacción. Es por ello que algunos analistas llaman a esta nueva situación la “sociedad de la urgencia”. Hoy en día un ejecutivo medio de una empresa recibe un promedio de ochenta mensajes diarios y debe dedicar al menos media hora — si no más–, a informarse. El resto del tiempo lo empleará en tomar decisiones y ejecutarlas. Ya no basta con conocer un oficio, quienes no dominen la comunicación instantánea a distancia serán los nuevos analfabetos, los marginales del futuro.

A este nuevo orbe de la comunicación informática se le ha llamado la sociedad post industrial, donde el conocimiento es fundamental. El ascenso de nuevas élites se deberá exclusivamente a su supeditación a las modernas exigencias de la informática. También incrementará la deshumanización al sustituir los contactos personales por la relación entre pantallas. Las reuniones de ejecutivos tienden a desaparecer porque, como la califican los empresarios actualizados, son “cronófagas”.

La nueva guerra de cohetes inteligentes que se ha desarrollado hoy ha sido posible porque Robert McNamara informatizó el Pentágono cuando estuvo al frente de ese ministerio en la década de los sesenta. Algunos como el sociólogo Alvin Toffler llegan a dudosas conclusiones pronosticando que en los tiempos por venir ya no habrá ricos ni pobres sino informados y desinformados. Por esa vía se está llegando a conclusiones reaccionarias que eliminan las posibilidad de la lucha de contrarios para acelerar el progreso humanos. Según Armand Mattelart los doctrinarios afines a las oligarquías en el poder aspirar a alcanzar el “final de la edad de la ideología, el final de la política, el final de las clases y sus luchas, pero también el final de los intelectuales contestatarios y el final del compromiso. Todos esos eclipses son de actualidad. Se postula que el ‘análisis sociológico’ está barriendo con los prejuicios de la “ideología” y testimonia la nueva legitimidad de la figura del “intelectual liberal occidental”.

La plaga de los virus informáticos es una grave amenaza que desafía la instalación de una nueva era. En el mundo que se está formando hoy, y va a imperar mañana, saber es poder.

29/8/2003

En torno al nacionalismo palestino

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Luciana Seminara

Buscar las raíces del nacionalismo palestino nos obliga inevitablemente a historizar el conflicto árabe- israelí atendiendo a dos cuestiones básicas y a la vez constitutivas del conflicto:

a) Los intereses del sionismo y de las potencias mundiales por implantar el Estado de Israel en Medio oriente.

b) El sentido de la categoría de nacionalismo, no como un derivado de la Nación moderna y eurocéntrica.

Si bien este segundo apartado forma parte de un debate sumamente amplio donde sobran los apriorismos y las definiciones nunca son del todo satisfactorias, tanto las llamadas definiciones “objetivas” como las subjetivas son engañosas[1]. Hobsbawm afirma que la palabra Nación designa en realidad multiplicidad de realidades y que el término nacionalismo “puede significar realmente muy poco”[2]. Así se hace necesario partir de una definición de “Nación” entendiéndola como una entidad producto de determinado contexto histórico. Y es “una entidad social sólo en la medida en que se refiere a cierta clase de estado territorial moderno, el “estado-nación”, y de nada sirve hablar de nación y de nacionalidad excepto en la medida en que ambas se refieren a él. (…) En pocas palabras a efectos de análisis, el nacionalismo antecede a las naciones. Las naciones no construyen estados y nacionalismos, sino que ocurre al revés”[3]. Sin embargo esta conceptualización no alcanza para explicar el surgimiento de la nacionalidad palestina, ya que este proceso se diferencia fuertemente de los procesos que se desarrollaron en Europa que son en realidad los que Hobsbawm pretende analizar.

El nacionalismo palestino no se desarrolla dentro de Estados que existieron desde hace mucho tiempo como sí ocurre en Gran Bretaña o Francia para poner dos ejemplos.

El surgimiento del nacionalismo en le llamado “Tercer Mundo” (América Latina, Asia y África) tiene características particulares. El caso palestino sólo puede comprenderse en la medida en que nos introducimos en el estudio de los procesos sociales y políticos que van determinando la cotidianeidad de los habitantes de un territorio. En otras palabras, cuando hacemos referencia al nacionalismo palestino debemos pensarlo más allá de la carga de sentido que le han otorgado los nacionalismos occidentales. Es decir debemos pensarlo como una categoría particular intrínsecamente ligada al contexto histórico en el que surge y en un territorio en constante dinámica de conflicto.

Delimitación y ocupación del territorio palestino.

El territorio palestino estuvo bajo la hegemonía del Imperio Otomano hasta el año 1917 cuando el Gral. Allenby conquista Jerusalén[4]. El desenlace de la Primera Guerra Mundial se llevó consigo a los Imperios turco y alemán. Así, la región de Palestina pasó a formar parte del reparto del mundo entre las potencias capitalistas. Gran Bretaña, vencedora en la guerra contra los turcos, pasó a ejercer su dominación sobre el “Medio Oriente” e intentó limitar la esfera de influencia francesa en el Levante. Para garantizar su paso por el canal de Suez se creó la Palestina moderna[5].

La Primera Guerra Mundial comenzó el resquebrajamiento de la estructura colonial, para pasar a una reordenación del mundo bajo otro patrón de dominación: el imperialismo. Así los protectorados de Gran Bretaña fueron paulatinamente convertidos en territorios semi- independientes con la excepción de Palestina, que siguió bajo el dominio inglés en todo sentido. Esta particularidad se debía principalmente a las “promesas” hechas a los judíos (contempladas en la declaración de Balfour) a cambio de su apoyo frente a los alemanes y a los árabes y de “los servicios prestados” en la guerra contra los turcos[6].

La declaración de Balfour (1917) prometía convertir Palestina en un “Hogar nacional judío”. En el año 1922, la Sociedad de las Naciones otorga el Mandato sobre Palestina a Gran Bretaña, confirmando así las intenciones contempladas en la Declaración Balfour cinco años antes. En los hechos Palestina era considerado un territorio vacante, dispuesto a ser ordenado y reorganizado, como si las comunidades que desde hacía siglos vivían allí no existieran. Según Townshend los británicos añadieron al Mandato la condición de que “no se hará nada que perjudique los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías en Palestina”"[7]. Se descartaba así la posibilidad de reclamar como derecho la identidad nacional palestina.

Paralelamente a la dinámica internacional, las comunidades sionistas habían comenzado la inmigración a Palestina desde principios de siglo. Tras la promesa del “hogar nacional” las expectativas crecieron enormemente, y la organización para la colonización sionista del suelo fue cada vez más compleja y sistematizada.

Conseguir tierras e instalar a los colonos sionistas en ellas eran las condiciones necesarias para la constitución futura del Estado Judío. “Las tierras compradas en la época del Mandato británico, esto es, antes de 1947, por las instituciones sionistas en Palestina se consideraban únicamente como medio para la creación de un Estado Nacional judío”[8]. Así casi todas las medidas económicas de los sionistas en Palestina (hasta 1948) tuvieron una orientación política y no ganancial, ya que su fin último era la creación del Estado. En ese sentido el cultivo de la tierra era para vincular al judío recién llegado al suelo como condición de “futuro ciudadano del Estado nacional, limitar su movilidad e impedir la vuelta de los árabes como jornaleros. De ahí el predominio de las formas colectivas de asentamiento en las posesiones sionistas de Palestina” [9]

Diner sostiene la opinión de que entender el conflicto palestino-israelí desde la perspectiva que ubica como punto de partida el 15 de mayo de 1948, es entender el conflicto a través de las sucesivas guerras (1948/49, 1956/67 y 1973). Esto implica estudiar el conflicto en cuanto a un enfrentamiento entre Estados, perspectiva que no da cuenta de su profundidad y raíces históricas. En esa clave, el surgimiento del Estado Israelí es un cambio de forma en un conflicto cuyas formas se fijaran antes de la existencia formal del estado sionista. Me parece una observación valida, que refuerza la importancia que tiene el período pre-estatal sionista, donde en realidad se sientan las bases para la construcción del futuro Estado.

La lógica del mandato de la Sociedad de las Naciones se ve reflejada en la intención de los británicos de crear en Palestina dos Estados: uno judío y otro árabe. Sin embargo, esta intención diplomática se verá coartada por la compleja realidad que se estaba gestando. La sistemática inmigración de los sionistas iba acompañada, ya se ha visto, de la apropiación del suelo, frente a estos hechos era natural que un sentimiento anti-sionista comenzara a unificar a las dispersas aldeas árabes. “Lo que perjudicó y finalmente destruyó el intento de los británicos de llevar adelante el Mandato fue precisamente la aparición del nacionalismo palestino”[10]

Según Townshend, el período del protectorado puede caracterizarse por los distintos intentos de establecer instituciones administrativas de carácter biétnico, que se ajustaran a la política de partición del territorio palestino diseñada por la Sociedad de Naciones. Sin descartar esta interpretación, creo necesario agregar que, más allá de las intenciones políticas y diplomáticas desplegadas, la necesidad de una inserción árabe en el aparato burocrático era, antes que un reclamo legítimo de un pueblo, una necesidad generada por los intereses británicos y sionistas para legitimar las transformaciones estructurales que ya eran evidentes. Es decir que el pueblo palestino aceptara, de hecho, la partición de su territorio original.

Sin embargo, la Agencia Judía, organismo oficialmente reconocido que promovía las políticas económicas, sanitarias y educativas de la Yishuv[11], pronto se convirtió en un virtual aparato estatal de los sionistas. La resistencia a los avances en las políticas de ocupación y colonización pronto se hizo sentir. Aunque en forma desorganizada y esporádica, podemos ubicar una primera oleada de disturbios contra las políticas imperialistas y los intereses sionistas en los años 1920-1921[12].

Para Diner el año 1929 marca uno de los hitos del conflicto de Palestina: por un lado se funda la Agencia Judía sionista como entidad pública, avalada en los artículos 4, 6 y 11 del Mandato, con el objeto de establecer el “hogar nacional judío” y, por otro lado, como reacción, se produce una rebelión árabe en Palestina[13]. Pero el conflicto abierto y generalizado demoró un tiempo más.

El 15 de abril de 1936 los asesinatos de dos judíos en una carretera y, al día siguiente, de dos árabes en las cercanías de una ciudad sionista desencadenan un enfrentamiento abierto. Estos hechos, lejos de ser extraños, ya formaban parte de la cotidianeidad de Palestina. Sin embargo, esta vez cobraran un carácter particular al expresarse en un tipo nuevo de organización árabe: un Comité Nacional define el día 20 una huelga general. La propuesta es recibida en casi todos los comités existentes y por el Alto Comité Árabe de Jerusalén. Las reivindicaciones del movimiento árabe eran las siguientes: freno a la inmigración judía, freno a la venta de tierras a la Yishuv y creación de un gobierno representativo.[14]

La protesta tuvo gran recepción en el mundo árabe: se paralizaron los puertos y carreteras, hubo boicot fiscal, a la vez que se profundizaron los ataques directos a las comunidades judías (quema de cosechas, ataques a edificios, etc.) El punto más alto en la oleada de levantamientos contra el dominio imperialista en el período del Mandato se encuentra en el otoño de 1938. Se verifica allí un aumento notable en el número de “bandas armadas”, a la vez que se incrementa el apoyo recibido por las aldeas árabes. Solamente se pudo poner fin a estos acontecimientos con la intervención del ejercito británico.

En 1939 el contexto internacional y la difícil situación al interior de Palestina generan el escenario ideal para la aparición de nuevas promesas para los árabes palestinos: el Libro Blanco representaba un cambio radical en relación con el Mandato, prometía el gobierno de la mayoría en un plazo de 5 años. Para Townhend esto es una expresión del avance en la conciencia nacional palestina. Sin embargo, creo que el Libro Blanco no puede entenderse como resultado de las luchas de resistencia árabe, sino que debe pensarse en clave de una política propagandística del debilitado gobierno imperial. “Gran Bretaña había cumplido su ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia condenadas de antemano, pero dejaría en Medio Oriente -como en India, como en Irlanda- la semilla de un conflicto inagotable”[15]

Estados Unidos, un nuevo “protectorado”

Al finalizar la Segunda Guerra nos encontramos con los Estados Unidos marcando el ritmo de la economía mundial como también definiendo, a través de la recientemente nacida Organización de Naciones Unidas, el destino los pueblos que habitaban la tierra palestina.

En noviembre de 1947 la ONU realiza la votación que define la partición de Palestina en dos Estados. La votación de la ONU, no sólo arrebata a un pueblo su tierra sino que, al imponer la creación de un Estado árabe en una arbitraria porción territorial de la anterior Palestina, niega la posibilidad de existencia de la nacionalidad palestina como diferente y particular, es decir bajo patrones que no se relacionan directamente con los Estados-Nación occidentales y que no responde exactamente a los mismos intereses.

El Plan de Partición implicaba, de hecho, la separación de muchas aldeas árabes de sus tierras cultivables, sumado esto a la perdida de más del 60% de las mejores tierras. Para los palestinos el plan significaba un ataque frontal a sus intereses como pueblo. Para el futuro estado israelí se abrían de par en par las puertas del “Hogar Nacional judío” sin importar, claro está, los medios que se utilizaran en el camino de su construcción.

Al día siguiente de la votación el sionismo desplegó toda su fuerza bélica para “reclamar” los territorios que el Plan le había cedido. Para Walsh, el asalto y masacre de Deir Yassin sentó las bases de un “modelo de escarmiento” llevado adelante por la articulación de las tres fuerzas sionistas la Haganah, el Irgun y la Stern. Debido al impacto del asalto y masacre de Deir Yassin, seguido por la sistemática apropiación violenta ejercida por los sionistas, el terror y la desesperación recorrieron todas las aldeas palestinas: la fuga desorganizada y en masa fue la alternativa a la muerte, el éxodo colectivo un destino común de millones de familias.

Antes de la proclamación del Estado de Israe,l el 14 de mayo de 1948, ya había 400.000 palestinos fugitivos.[16] La guerra de 1948 finalizó con la anexión por parte de Israel de más territorios (3.500 km2) de lo que el Plan de Partición le adjudicaba; más de 800.000 palestinos se amontonaban en los campos de refugiados de los países vecinos; a la firma del armisticio Palestina había dejado de existir. En 1954 serían más de 1.800.000 los refugiados y exiliados del “pueblo de las tiendas”[17]. Así, mediante la guerra y la usurpación, el Estado de Israel iría extendiendo sus fronteras sobre la base de la persecución del pueblo palestino.

Entre los Estados Árabes sólo Jordania ofreció la ciudadanía a los palestinos[18], para el año 1990 los palestinos representaban más del 65% de la población en ese país. La vida de las comunidades refugiadas alentó los sentimientos en contra el Estado judío en particular y las políticas imperialistas en general. En este sentido, Walsh sostiene la hipótesis de que, a partir de la resistencia armada, es cuando el pueblo palestino encuentra su identidad negada por la ocupación sionista. Si bien se define el nacionalismo desde un sentido negativo, ya que surge como expresión o manifestación contra el imperialismo, creo que la hipótesis es bastante acertada. Por lo menos nos ayuda a comprender la persistencia de las reivindicaciones y acciones concretas de los palestinos y explica el carácter particular del nacionalismo palestino. Evidentemente no podemos entenderlo desde la matriz europea: la nación como la contrapartida del Estado moderno.

En palestina, el nacionalismo se ha ido constituyendo paralelamente a la organización para hacer frente a la opresión sionista y sus aliados del norte. El nacionalismo palestino fue construyendo un discurso común, una identificación con el pasado, que nace a través de la historia de resistencia y enfrentamientos que se va escribiendo desde los campos de refugiados y en las nuevas generaciones que sueñan con el retorno a la tierra originaria.

“Los campos de refugiados no son en modo alguno una experiencia negativa. Dado que viven juntos, pueden recordar su historia, los campos de refugiados crean un sentido de solidaridad y permiten a los palestinos vivir como una comunidad”[19]. Para Friedman los campos de la UNRWAR (Agencia de Trabajo y Socorro de las Naciones Unidas creada en 1949), se han convertido en barrios donde se respira un “nacionalismo palestino intenso”[20] a la vez que se han convertido en lugares de reclutamiento para la OLP.

A manera de hipótesis final podemos decir que: el surgimiento y construcción del nacionalismo palestino debe pensarse en dos niveles distintos: Un primer período, que se gesta a la sombra del Protectorado y de los primeros colonos sionistas. La identidad común que nace por la oposición al otro. Es decir, es el sentimiento anti-Israel y antiimperialista lo que en un principio unificará bajo un mismo sentimiento a las aldeas despojadas por el futuro estado sionista. Esto marcará a fuego a las distintas comunidades árabes y les dará retrospectivamente un pasado común.

En un segundo momento, la nacionalidad palestina se complejiza y es atravesada no solamente por una historia común, sino también por la vida de generaciones enteras en los campos de refugiados, generando y resignificando el sentido de identidad nacional de la comunidad. Este nivel se corresponde con la implantación del Estado de Israel y la sistemática expulsión de los habitantes originarios a los campos de refugiados.

Por lo que sostiene Friedman, este sentimiento nacionalista palestino está íntimamente ligado a la necesidad del Retorno, ubicando como único medio para lograrlo la lucha armada. En esta clave, cabría agregar al segundo momento la manifestación más directa de ese nacionalismo en la elección de la vía de las armas como solución posible.

Como ultima reflexión, vale aclarar lo que se sostenía en el principio del trabajo: las particularidades del nacionalismo palestino y la necesidad de entenderlas a la luz de los acontecimientos históricos que dieron cauce a su desarrollo, distinguiéndose de manera tajante de los nacimientos de las nacionalidades y naciones de occidente.

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Bibliografía

Robert I. Friedman, Los refugiados palestinos. en “Revista Debats” N° 33, septiembre de 1990.

Dan Diner, Israel: el problema del Estado nacional y el conflicto del Oriente Próximo. en Historia Universal Siglo XXI, Vol. 36, Madrid, 1985.

Rodolfo Walsh, La Revolución Palestina, Diario Noticias, Bs. As. , 1973.

Charles Twnshend, La primera intifada. Rebelión en Palestina 1936-1939. en “Revista Debats” N° 33, septiembre de 1990.

Alain Dieckoff, Las tres luchas del sionismo. en “Revista Debats” N° 33, septiembre de 1990.

Débora Cerio, Sionismo y capitalismo. La creación del Estado de Israel. en Revista La Chispa Nº 1, julio 2002, Rosario

Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX. ED. Crítica, Barcelona, 1998.

Eric Hobsbawm, Naciones y nacionalismos desde 1780. ED Crítica, Biblioteca de bolsillo, Barcelona, 2000.

Notas

[1] Eric Hobsbawm, “Naciones y nacionalismo. Desde 1780″, ED. Crítica, Biblioteca de bolsillo, Barcelona, 2000.

[2] Ibíd. Pág. 17.

[3] Ibíd. Pág. 18.

[4] Charles Townshend, La primera intifada. Rebelión en Palestina 1936- 1939, en Revista Debats n°33, septiembre de 1990.

[5] Ibíd. Pág. 25.

[6] Eric Hobsbawm, “Historia del Siglo XX”, Pág. 214. ED. Crítica, Barcelona, 1998.

[7] C. Townshend, Op. Cit., Pág. 25

[8] Dan Diner, Israel: el problema del Estado nacional y el conflicto del Oriente Próximo, en Historia Universal Siglo XXI, Vol. 36, Madrid, 1985.

[9] Ibíd. Pág. 149.

[10] C. Townshend, Op. Cit, Pág. 25.

[11] Población judía en Palestina.

[12] C. Townshend, Op. cit.

[13] Dan Diner, Op. Cit.

[14] Ibíd. dem.

[15] Rodolfo Walsh, “La Revolución Palestina”, Diario Noticias, Bs. As. , 1973

[16] Ibíd. dem.

[17] Ibíd. dem.

[18] Robert I. Friedman, Los refugiados palestinos, en “Revista Debats” N° 33, septiembre de 1990.

[19] Muhammad Nashashibi, jefe del Departamento de planificación económica de la OLP y miembro del comité ejecutivo desde 1972, citado en Robert I. Friedman, Op. Cit

[20] Ibíd. Dem., Pág. 5

Diez consejos para los militantes de izquierda

Posted in: — @ 10:58 am
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Frei Betto

1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN

Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.

Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.

2. LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN

No se puede ser de izquierda sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.

3. NO SE AVERGÜENCE DE CREER EN EL SOCIALISMO.

El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.

El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones(*) de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA.

Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema.

La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y “MILITONTO”.

“Militonto” es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales.

El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA.

La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha.

Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales.

El verdadero militante ­ como Jesús, Gandhi, Che Guevara ­ es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.

7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA.

Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, “volver a las fuentes” para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el “Diario del Che en Bolivia”, y romances como “La Madre”, de Gorki, o “Las uvas de la Ira”, de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS.

Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia.

Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN.

Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada.

En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria.

La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10. HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN.

Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha.

Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente

18/8/2003

La subversión se consolida en Chiapas

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por: José Luis Ontiveros

Al tiempo que el vacío político provocado por la abdicación del presidente Fox respecto a sus responsabilidades constitucionales, han desatado una serie de encuestitis y hasta de “conferencias magistrales” como la dada por el jefe simbólico de Yunque-Muro, Federico Müggemburg, al pleno de Comparmex, en torno a la sucesión presidencial, el avance de la subversión en Chiapas se consolida.

El esquema de las zonas liberadas y de las estructuras paralelas —que es un punto de inflexión para el paso de la guerra de guerrillas a la de posiciones, esto es, a la instauración de un gobierno de facto sobre el establecido que se pretende derrocar— ha provocado una escalada de movilizaciones de las bases del EZLN, mediante la estrategia revolucionaria de los “municipios autónomos”. El “antiguo régimen”, y en particular el nefasto zedillato, había ya mostrado su indeterminación en el empleo del Ejército mexicano, al que se le ordenó una ofensiva fantasmagórica, y posteriormente, un repliegue, que sólo lo debilitó.

Sin embargo, la ultraderecha güelfa que rodea a Fox y a la señora Sahagún —con Manuel Espino, Raúl Muñoz, José Luis Luegue, entre otros— ha sido incapaz de plantear a Fox una serie de acciones para detener la ola subversiva en el sureste. Al contrario, son “corresponsables” del Zapatour y de los espacios de poder que se entregaron al subcomandante Marcos. Una derechona al servicio del EZLN, que prepara “el puñetazo al paralítico” —según Trotsky— , eso sí, en 15 minutos.

En este escenario, el Ejército mexicano no sólo padece, en su interior, el desgarramiento entre su origen revolucionario y su acatamiento institucional a un desgobierno trasnacional, sino un creciente descrédito tanto por el montaje revanchista de la guerra sucia como por ser degradado a la jibarización neoliberal del Estado-gendarme, como en Nuevo Laredo.

Resulta, por otra parte, significativo que ningún partido asuma una posición clara respecto a la guerra insurreccional y secesionista del EZLN. La claudicación de San Andrés es el reconocimiento a zonas de influencia “autónoma” al EZLN, el cual no ha renunciado ni lo hará a su “declaración de guerra” contra el Estado mexicano.

En el 2006, no sólo se encontrará un país caótico y deshecho por el foxismo, sino una guerrilla de paja que ejerza autoridad política, factor de desestabilización, que será de influencia en una sucesión salida de madre.

La Sombra de Zog

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(exégesis de Luc Besson)
Israel Shamir

24 de abril 2003

En la magnífica película de Luc Besson (con la actuación perfecta de Mila Jovovich y la insuperable de Bruce Willis), Mr Shadow, La Sombra, una fuerza absolutamente maligna, mensajera de la muerte, llega del espacio exterior a destruir la vida humana en nuestro planeta. No le afectan bombas ni misiles ni nada de lo que haga la gente; la Sombra se aproxima cada vez más y se adensa sobre la tierra. Pero para lograr sus objetivos, necesita ayuda humana. ¿Quién le prestará su apoyo, por puro interés personal, a la satánica Sombra en su tentativa para arrasar a nuestra Madre Tierra? En la mejor tradición del humor frío a lo Swift, Besson le dio al monstruo voluntario, al esclavo de la ganancia, un nombre escalofriante: Zog.

El nombre del rey albano de la preguerra, Zog, pertenece a ese grupo de palabras excepcionales que desencadenan el pánico en la temible policía del pensamiento de la ADL (Liga contra la difamación), activa al FBI como el ántrax y puede lanzar a los asesinos de las fuerzas israelíes de ocupación, así como a los punks de la Acción contra el racismo a la más recia carrera, ya que este rey, como el dios judío, no quiere que se pronuncie su nombre. Este nombre ha vuelto a mi memoria con el anuncio de la instalación del general Jay Garner como virrey de Irak. Garner recibió sus credenciales de las manos sangrientas de Ariel Sharon: apoyó el asesinato de los palestinos cuando en octubre de 2000 firmó una carta que empezaba así: “Creemos que las fuerzas de defensa israelíes han actuado con notable moderación frente a la violencia letal orquestada por la cúpula de la Autoridad palestina1″. La carta la difundió JINSA2, “el principal enlace del lobby israelí, el Jewish Istitute for national Security Affairs, basado en Washington y sostén del Likud, tal como lo definió Michael Lind, de The New Statesman, o sea, “otro frente israelí de espionaje y reclutamiento apenas encubierto”, según el observador Jeffrey Steinberg de EIR3. Al firmar la carta, el general Garner demostró habilidad: eso le daría el mando en Irak.

Lamentablemente, no tendrá muchos fondos a su disposición. A pesar de la consigna “no a la guerra por petróleo”, el petróleo iraquí no hará ricos a los yanquis. Irak tiene una deuda nacional enorme —nada menos que 70 billones de dólares a Rusia solamente— y el régimen de ocupación tendrá que asumirla. La deuda hacia Francia alcanza los 30 billones de dólares, y habrá que pagarla. Además de todo esto, la administración de ocupación tendrá que gastar sumas respetables para reparar la infraestructura iraquí, destruida por las sanciones y la guerra, antes de pagarle un céntimo de comisión a Dick Cheney y su compañía. No, esta guerra no ha sido por los intereses imperiales de los Estados Unidos ni por sus colosales compañías petroleras.

En su calidad de jefe de la administración de ocupación, la tarea de Jay Garner consiste en de crear un nuevo Irak, amistoso hacia Israel. El Jerusalem Post, diario sionista de la línea dura, publicado por Conrad Black, amigo de Pinochet y Sharon, presenta una entrevista4 a uno de los potenciales Quislings de este Garner y brazo derecho de Ahmad Chalabi, un tal Musawi:

“Musawi habla con entusiasmo de sus esperanzas de estrechar vínculos con Israel. No habrá lugar para los palestinos en el nuevo Irak, pues la amplia comunidad palestina es considerada por los jefes de ¿qué es esto?, ponlo en español (y seguramente por sus instructores sionistas) como una asquerosa quinta columna. En su lugar se extenderá un “arco de la paz”, desde Turquía, pasando por Irak y Jordania, hasta llegar a Israel, el cual creará un nuevo eje en el Oriente Próximo.”

El régimen de ocupación en Irak fue instalado por el ejército estadounidense en interés de los sionistas, y se le puede llamar justamente ZOG, o sea Zionist Occupation Government, cuando menos. Sin embargo, este ZOG es también un Zog, un servidor y aniquilador de lo oscuro, pues su primera etapa ha sido la destrucción de las bibliotecas y museos de Bagdad. Joaquín Martillo, un estudioso del sionismo, escribió:

“Hace tiempo que el sionismo ha determinado extirpar las raíces culturales de los pueblos codiciados, convirtiéndoles así en arcilla blanda5, de modo que puedan ser remodelados en conformidad con la ideología sionista”.

Mi culto amigo tiene razón. Esta semana me fui a una loma solitaria cerca de Mesecha, una pequeña aldea en el corazón del Israel bíblico, donde un puñado de activistas de ISM (Movimiento de solidaridad internacional y aldeanos vigilaban impotentes cómo las excavadoras Caterpillar iban arrancando los olivos de raíz, aplastando los campos de altramuz, devorando el paisaje bíblico, hogar y cuna del pueblo palestino. No se atrevían a salirle al paso a las máquinas, pues la voluntaria americana Rachel Corrie fue asesinada en semejantes circunstancias, a lo cual respondió Washington con atronador silencio. Jeffrey Blankfort, analista de California, tenía buenas razones para calificara Washington como el “más importante de los territorios ocupados por Israel”6.

Por eso, los manuscritos quemados de Bagdad y los olivos arrancados de cuajo en Mesecha conducen a Zog y a ZOG. Esta homonimia apunta a una significativa concordancia semántica; tal como lo dijo Kuang-Ming Wu en La mariposa como compañera, “como arrebañándose, las palabras que suenan idénticas funden sus significados: el sonido se hace sentido”7. Así es como el sutil Luc Besson, quien tomó la idea de los cinco elementos de Sócrates, nos ha dado una lección : ZOG es otro Zog.

II

Durante un tiempo, el establishment judío intentó negar su implicación directa en la tercera guerra mundial. Sus epígonos rechazaron furiosamente las referencias a judíos poderosos y relevantes que impulsaban la guerra con el pretexto (ya lo habíais adivinado) del trillado antisemitismo. Pero, al final, el muro de la denegación se vino abajo y en el diario israelí Haaretz ya han confesado los culpables, una “pandilla de veinte o treinta intelectuales judíos”, los afamados neoconservadores. Después de esto, Michael Lind expuso las poderosas posiciones de cada uno de ellos en el New Statesman, mientras mi paisano Gabriel Ash predijo con optimismo: “En un par de meses, cuando el papel de los sionistas en la guerra sea ampliamente conocido, el New York Times publicará un editorial en el que lamentará ovejunamente la manera en que algunos oficiales del Pentágono permitieron que este grupo influyese en la política estadounidense”8.

El problema está en que la gente no tiene por dónde escapar de las garras sionistas. A pesar de que los neoconvervadores y la extrema derecha están desatando la tercera guerra mundial, introduciendo medidas fascistas contra la población estadounidense y agrediendo de forma premeditada la soberanía de Irak, así como apoyando sin límites al estado racista judío, sería un error echarles el muerto encima a ellos solos. Las filípicas arremetidas de Michael Moore contra el presidente Bush son convincentes hasta cierto punto, pero en su bestseller The stupid White Men, lamenta que Al Gore no haya podido disfrutar de la victoria que se había ganado legítimamente. Sin embargo, si en estos momentos los huéspedes de la Casa Blanca fueran Al Gore y Joseph Lieberman , los Marines estarían en Bagdad igual, también habría ocurrido el saqueo de la Biblioteca Nacional de Irak y sus museos, seguirían arrancando los olivos de Mesecha y seguiría llegando dinero yanqui fresco a las arcas israelíes.

Cada publicista, cada utilizador de internet en América y Europa sabe hoy que los miembros del Likud, los que apoyan al extremista Likud y al sangriento dirigente Sharon, han logrado convertirse en el “único superpoder”. El equipo Bush Sharon, o sea Busharon, en el idioma de la red, produce espanto entre la gente de bien. Pero ¿acaso hay alternativa alguna en el universo político estadounidense? Al Gore era un “discípulo predilecto designado por el sionista Podhoretz”, Lieberman es un devoto sionista. El candidato demócrata a la presidencia Howard Dean “tiene una mujer judía y sus dos hijos, Paul de 17 años, Ann, de 18, han elegido identificarse como judíos”, según nos ha informado JTA, la Jewish Telegraphic Association, a la que se suele denominar servicio global de noticias de los judíos. Kerry descubrió sus “raíces judías” y Kucinich le dijo al periódico judío Forward que “observa el kashrut9, tiene una novia que ha sido israelí y se sabe de memoria casi todo el texto de Haggadah (el relato pascual)”. Por lo visto, las próximas elecciones en los Estados Unidos (lo mismo que las anteriores) son las de la figura pública representante de la América sionista. Sionistas de izquierda o de derecha: ésta es la única elección para los gringos y, por desgracia, para el mundo entero. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Podemos encontrar una respuesta en un corto y sincero trabajo de Eric Alterman10, un buen periodista de izquierda, colaborador de Nation, opuesto a la guerra. Lo admite libremente: “a mí, personalmente, mi lealtad de doble cara —pues sí, lo reconozco— me la inculcaron mis padres, mis abuelos, mis maestros en la escuela hebrea y mis rabinos, sin contar con los dirigentes de la juventud israelíes y los representantes de AIPAC en el colegio. ¿Cuál es el primero, para mí, entre los intereses de Estados Unidos y de Israel? Me siento bastante aislado cuando reconozco que, en más de una ocasión, elijo lo que es mejor para Israel.”

Tenedlo en mente: mientras los judíos de derecha siempre han sido desvergonzadamente chovinistas, la izquierda ha mantenido una semblanza universalista. Si esto lo reconoce espontáneamente un periodista progresista de izquierdas, ya podéis imaginar lo que tiene en mente el judío estadounidense medio. En tanto que israelí, me sentiría feliz de que millones de judíos estadounidenses estuviesen a mi lado. Conviene precisar que Israel, según la confesión de Alterman, se refiere al “pueblo de Israel”, no al estado medio oriental del mismo nombre. Si a Alterman no le molesta robarle a sus conciudadanos estadounidenses su plata arduamente sudada con vistas a apoyar la ocupación israelí (según lo reconoce libremente), lo más probable es que esté dispuesto a ir más allá en interés de su propia comunidad, la judería yanqui. Y esta comunidad la maneja y la representa, no el desterrado interno Noam Chomsky, sino un puñado sumamente asqueroso de millonarios, dueños de los medios masivos y vendedores de guerras.

Si Alterman fuese el único judío en los medios de difusión, uno podría rechazar la idea de que su confesión represente la influencia normal de una comunidad importante. Si los judíos en los medios no fueran más que un 3%, o sea la proporción de los judíos en la población general, la posición de Alterman sería aceptable. Pero la proporción de judíos en los escalones superiores de los medios masivos va más allá del 10%; según ciertas fuentes, podría llegar al 60%.

Escribe Jeff Blankfort que “hay judíos estadounidenses que son ardientes defensores de Israel en posiciones de influencia sin precedentes dentro de los Estados Unidos, hasta tal punto que tienen virtualmente la capacidad de decisión en cada sector de la cultura y de la política. Y cita a Benjamín Ginsberg en The Fatal Embrace: Jews and the State:

“Los judíos han representado un papel central en las finanzas estadounidenses en los años ochenta y estuvieron entre los principales beneficiarios de las reorganizaciones y fusiones de grandes empresas. Hoy en día, aunque apenas el 2% de la población es judía, casi la mitad de los multimillonarios lo son. Los principales ejecutivos de las tres mayores cadenas de televisión y de los cuatro principales estudios de cine son judíos, así como los dueños de la cadena de prensa más amplia en todo el país y del diario New York Times, de influencia excepcional.

¿Se trata de una conspiración de judíos para apoderarse de la república? No, no se necesita ninguna conspiración. En la novela juvenil de Julio Verne Los hijos del Capitán Grant, un malvado desvía al navío de éste por medio de un ladrillo magnético colocado debajo de la aguja de marear. El imán no conspira, sino que obliga a la brújula a indicar una dirección errónea. La verdadera masa de los judíos implicados en los medios masivos actúan de modo similar, desviando a la superpotencia de su trayectoria normal, pues los medios de difusión de masas son el sistema nervioso de un estado moderno. En la práctica, la democracia moderna en una sociedad muy complicada que se puede comparar con un sofisticado ordenador. Su maquinaria sólo puede funcionar con una condición: que la información transite libremente a través del sistema. Cuando se da el caso de que cada entrada es objeto de un control sistemático, que la acepta en función de un criterio único -¿es esto bueno para los judíos?-, no hay por qué asombrarse de que la máquina produzca una salida tan monstruosa como ésta: “La revancha sobre Babilonia por la destrucción de Jerusalén en 586 antes de Cristo”11. Y cabe recordar que hace ya un tiempo, en 1948, el propio David Ben Gurión, primer dirigente de Israel, había jurado: “Tomaremos una revancha histórica sobre Asiria, Aram y Egipto”11. Esto es lo que se está actualizando en los hechos: Irak, Siria y Egipto se encuentran en la mirilla de Zog.

Así, la fuerte concentración de judíos en los medios ha creado la distorsión. Una toma de control semejante en cualquier otro sector de la industria o del comercio no se puede pasar por alto y los medios la reflejarían; pero no hay remedio cuando los secuestrados son los órganos de prensa. El tabú de lo políticamente correcto hace aún más imposible que se pueda discutir de esta situación insoportable. Lo positivo de lo políticamente correcto es que le hace la vida más fácil a un minoritario aislado. Pero a este instrumento útil y bueno conviene fijarle límites, pues de lo contrario se lo podría utilizar para defender el apartheid surafricano o el poder colonial británico en la India. ¿Acaso no se trata de racismo antiblanco cuando se dice que el poder político en África del Sur estaba entre manos de los blancos? Indudablemente, existen blancos pobres y honrados. A Gandhi se le podría condenar por racismo, pues señaló la posición privilegiada de los ingleses en la India. Con la lógica de lo políticamente correcto, un buen estadounidense estaría en condiciones de replicarle al Mahatma: “Pues sí, hay ingleses ricos y poderosos en la India, pero también está el pobre Tommy Atkinses, están las crianderas, los funcionarios honrados, los escritores como Kipling y Orwell… Y, del otro lado, están los poderosos y ricos rajás y hay brahmanes importantes. ¿Cómo puede usted, estimado señor, exigir la “descolonización”? ¡Esto es, lisa y llanamente, racismo antiinglés!”

Un antiguo oficial de la aviación india Joe Thomas recordó acuciosamente que “mientras la población de los Estados Unidos es hoy aproximadamente la que tenía la India hace un siglo, el número de ingleses en la India nunca llegó a superar las 50.000 personas y, sin embargo, eran ellos quienes gobernaban el país. No gobernaban la India por la fuerza, sino mediante el control del discurso indio. Los indios luchaban por los ingleses y aplastaban las rebeliones. A lo largo de las dos guerras mundiales, millones de indios han combatido, como voluntarios, por Gran Bretaña. Si un grupo tan restringido de personas ha podido controlar el subcontinente indio, entonces no hay por qué asombrarse de que un grupo numéricamente cien veces más grande pueda influir en la política de los Estados Unidos.”

Por nada en el mundo adoptaría yo una posición racista. Au contraire, habría que invertir el fervor antirracista de Estados Unidos contra los racistas judíos, tales como Elliott Abrams, Deborah Lipstadt y otros del mismo paño, que publican tratados donde tachan de holocausto los matrimonios interétnicos. Este fervor antirracista hay que dirigirlo contra la cábala de Wolfowitz, que empuja a una guerra racista en el Medio Oriente para complacer al estado judío racista. Debemos voltearlo contra los dueños de los medios, que emplean un número desproporcionado de judíos y cometen con esto una discriminación contra los estadounidenses no judíos. Debemos embestir contra los dirigentes de la iglesia que se han sumado a la noción racista, según la cual los judíos son el único pueblo que no necesite el bautizo. El antirracismo debe enfrentarse a la discriminación entre judíos y no judíos; pues la situación actual, según la cual la CIA al completo persigue al asesino gentil del judío Klinghoffer, mientras que al asesino judío de Rachel Corrie no lo persigue nadie; se trata de la perversión personificada de la verdadera justicia. Al racismo judío hay que combatirlo; de lo contrario, a los Estados Unidos no les dejarán otra opción que elegir entre Likud y Meretz, y ambos los llevarán a Armagedón.

Entre otras medidas, debe corregirse la dominación judía sobre los medios mediante la separación entre publicidad y medios masivos. Las publicidades en los medios no deberían comportar informaciones ni artículos y los medios no publicitarios no deberían servir de vehículo para la publicidad. La publicidad comercial en los medios de información es un invento judío del siglo XVIII (según Werner Sombart). Por lo visto, era algo “bueno para los judíos”, pero no para la sociedad en general, pues esto ha desviado la atención de los dueños de periódicos de los lectores hacia los anunciantes. Se debería imponer esta separación por medio de la prohibición de todas las posibles interferencias entre el mundo de la información y el mundo de los negocios, exactamente de la misma manera que se prohíbe, de hecho, cualquier interferencia entre policía y negocio. Más aún, para la buena marcha de la sociedad, los medios de información son aún más importantes que la policía. Se les debe proteger de cualquier influencia indebida. Los medios son la brújula de la sociedad. Hay que alejar a cualquier imán de su entorno, de modo que el buen navío de nuestra sociedad pueda navegar con firmeza y sin bandazos.

III.

Semejante concentración de cualquier grupo minoritario (podría tratarse igual de coreanos o mormones, o quienes se os antoje) en los medios masivos es forzosamente peligrosa. Sin embargo, la concentración de judíos que se observa tiene sus especificidades, pues los judíos profesan una fe diferente, no cristiana, e incluso anticristiana. El judío medio, editor o magnate de los medios, sufre obviamente cada vez que se topa con una referencia a Cristo o a su santa Madre, pues, en la cultura que ha bebido, sus mismos nombres son objeto de un tabú extremadamente fuerte y explícito. En el mejor de los casos, se esforzará por restablecer el equilibrio introduciendo un texto de referencia projudío. Si los estadounideses cristianos aludiesen más a menudo a Cristo, la frecuencia de las referencias judías aumentaría en proporción, sin relación con la proporción de la población judía en Estados Unidos. Volviendo a nuestra imagen, “el ladrillo de magnetita representado por los ‘judíos que manejan la pluma o el micrófono’ ha desviado el bajel estadounidense hacia formas de religiosidad más agradables para cualquier judío”.

Y aquí es donde viene a aflojar la atención de muchos lectores ilustrados. Si la mano de Goebbels empuñaba automáticamente el revólver en cuanto oía la palabra “cultura”, el occidental moderno está condicionado para apretar la tecla “borrar” en cuanto oye pronunciar el nombre de Cristo. Pero pondremos a prueba vuestra paciencia con otro test, más severo aún, apelando a otra palabra, de sentido tan rico: “metafísica”.

Muchas veces, al conductor principiant le importa un comino los consejos del constructor y echa cualquier aceite o carburante al motor. Piensa: “este cacharro anda como sea, ¿para qué voy a gastar más?” Para él, términos como ‘compresión o ‘ignición’ suenan a chino, pues jamás ha oído hablar de eso. Una vez que pase por algunas experiencias muy desagradables, nuestro conductor bisoño se convence de que dicha ‘compresión’ invisible no deja de ser un fenómeno real que tiene lugar, por ejemplo, con la repentina imposibilidad de arrancar después de parar en un peaje de autopista. La metafísica es eso mismo: una fuerza oculta, pero perfectamente real, dentro del motor de nuestra civilización. Monsieur Jourdain, en El burgués gentihombre de Molière, se queda asombrado cuando se entera de que, sin saberlo, ha estado hablando en prosa toda la vida. Lo mismo nos pasa cuando descubrimos que aplicamos ciertas categorías metafísicas a nuestra vida diaria. Pues sí: la forma de tratar a nuestros vecinos, nuestra conducta social, dependen de nociones tan recónditas como “la relación entre el ser humano y lo divino”.

Metafísicamente, la concepción judía de la relación entre el hombre y Dios difiere tanto de la católica como difiere el carburante para un motor diesel de la gasolina súper. La preeminencia de los judíos en el discurso occidental causa el mismo tipo de paro que lo que os pasará el día que se os ocurra llenar el depósito de un coche diesel con gasolina súper.

La fe judía, tal como la practican los judíos religiosos, contiene muchas ideas positivas, que comparten otras religiones. También ha tomado otras de diversos sistemas de creencia. Así, por ejemplo, las parábolas de Cristo fueron importadas dentro de la Mishna y atribuidas a Hillel el Mayor, según Niebhur. Sin embargo, esta fe se basa en una metafísica molesta y ese nivel metafísico persiste hasta en el estado actual, muy atenuado, de la religiosidad judía. Según sus enseñanzas, dios Uno y Único creó este mundo uno y único y permaneció radicalmente separado del mismo. Esto lo subraya el término cabalístico ZimZum, la divinidad contractante; conlleva la idea de que la retirada de Dios fuera del metamundo deja cierto metaespacio al mundo material. El mundo sin Dios es, pues, necesariamente el complemento de un Dios relegado al más allá. Así, el mundo inmanente es cruel y despiadado, es el lugar de las guerras eternas, mientras que Dios transciende y es inalcanzable. “No hay profetas”, “Dios no puede intervenir en nuestras decisiones”, “se nos ha dado la ley de una vez por todas y Dios no la puede cambiar”: estas son máximas que generan efectivamente un mundo sin Dios. Claro, Dios existe, pero no se manifiesta.

Según la fe cristiana, Cristo y su Madre han tendido un puente entre el mundo y Dios por la encarnación de Cristo, trayendo al mundo la compasión y la misericordia. Desde entonces, este mundo está lleno de la luz de Cristo, que es una luz divina. La gente se ha hermanado en Cristo, su espíritu los une y una ofensa contra un hermano humano también es una ofensa contra Cristo (estoy describiendo la metafísica ideal, paradigmática, de la fe cristiana, que es tan diferente de la realidad vivida como el esquema del motor que, según el manual que acabáis de comprar, difiere del verdadero motor de vuestro coche que ya tiene, querido infeliz, ¡sus cinco años cumplidos!).

En el mundo sin Dios de la metafísica judía, había una isla de luz, el pueblo de Israel, coronado por la Torah. El “Israel” de los judíos corresponde al “Cristo” de los cristianos. Las relaciones entre miembros del pueblo de Israel son fraternas, pues constituyen una misma familia (la de los descendientes de Jacob), y reconocen esta chispa de luz en el prójimo (judío). Esto se asemeja aparentemente a la fraternidad en Cristo, pero metafísicamente es muy distinto, pues mientras en la metafísica cristiana a todos los hijos de Adán y Eva les corresponde la posibilidad de recibir la luz de Cristo, en la metafísica judía los demás pueblos, que no son Israel, están totalmente privados de Dios, hasta el punto de no ser más que bestias pensantes. Según ciertas enseñanzas esotéricas judías, se les niega a los no judíos hasta el hecho de que descienden de Adán y Eva. Es imposible transformar un miembro del no-Israel en miembro del pueblo de Israel, pues la conversión judía no podría ser sino la corrección de un error: a veces sucede que un israelita nazca en una familia no-israelita por equivocación, y su conversión al judaísmo no es más que el reconocimiento público de este error.

De hecho, he aquí un buen ejemplo de esto en la vida real: dos jóvenes, Jennifer y Andrés, se hicieron judíos. Jennifer se convirtió y, después, se vino a vivir a Gaza para defender la causa palestina. En cuanto a Andrew, siguió defendiendo a los judíos después de su conversión y defendiendo el terror judío en Palestina en cuanto foro de internet caía bajo el alcance de su ratón. Debo confesar que estoy de acuerdo con los rabinos: Jennifer no pudo convertirse verdaderamente, porque nació con un alma cristiana, mientras que Andrew nació judío y la conversión sólo le autorizó a seguir siéndolo.

La diferencia entre “los nuestros” y “los suyos”, entre “de dentro” y “de fuera” es mucho más tajante en el judaísmo que en las otras grandes religiones (salvo entre los zoroastras, otra religión fósil, según la terminología de Toynbee, y que sigue siendo -por suerte- un fósil dormido), pues los no judíos son absolutamente profanos, mientras que los judíos sí son santos. Un no-judío que describe un mundo sin Dios no está totalmente equivocado, desde el punto de vista judío, ya que un no judío, por definición, no tiene ninguna relación con Dios. Semejante no-judío es preferible a un cristino, pues el cristiano afirma que es el igual de los judíos, lo cual, para los judíos, es sencillamente un sacrilegio. Por eso es que los judíos eminentes de los medios de masas y de las universidades apoyan abiertamente la doctrina de la indiferencia religiosa o el marxismo ateo. “Todas las religiones valen lo mismo”, “la religión no tiene ninguna importancia”, “la religión es asunto estrictamente personal, individual” o también “nadie jamás ha visto a Dios”, son giros equivalentes a: “todos los carburantes sirven para lo mismo”, “no tiene mucha importancia qué carburante le echas a tu coche” o “nadie ha asistido jamás a la fase de compresión de un motor de explosión”.

Alexander Dugin12, filósofo ruso tradicionalista contemporáneo, alumno de René Guénon, encuentra la raíz del defecto original de la metafísicajudía en su “creacionismo extremo”, esa idea de un Dios uno y único (el monoteísmo), creador ex nihilo (de la nada) de un mundo uno y único totalmente aislado (monocosmismo). Se podría rebatir la opinión de Dugin con la afirmación de que la creación también forma parte del dogma cristiano. Sin embargo, en la metafísica cristiana, el equivalente de la creación es la Encarnación, fruto de una unión sacra entre la divinidad y una mujer mortal, mientras que rechaza la prehistoria descrita en el Antiguo Testamento, o la reinterpreta a través del concepto de Prefiguración.

El Antiguo Testamento no podía ser aceptado ni rechazado in toto por los primeros cristianos, pues el magnífico códice de la Palestina antigua indígena, hecho de poesía, liturgia, metafísica, religión y tradición, había sido enmendado abundantemente por los inmigrantes soferim (precursores de los fariseos). La memoria de esta reformulación se mantuvo en el mundo semítico, y el profeta Mahoma (que la paz esté con él) se ha referido a ello. La tradición de la Palestina antigua era mucho más holística, y sus dioses, El y su esposa Ashera, estaban integrados en el entorno, como el cielo generoso en el llover y la tierra dadora de frutos de Palestina. Si se les considera juntos, son equivalente del “Dios” del Antiguo Testamento, y los Evangelios han conservado para nosotros las últimas palabras de Jesús sobre la cruz. Pues Jesús se dirigió al El, no a Yahve : “Eli, eli, lama sabatkani”, en arameo.

La tradición antigua palestina y especialmente sus dioses más recientes, Baal el que no tenía hogar fijo (”las aves tienen nido, pero el Hijo de Dios no tiene hogar”), aquel que desafió a la muerte, fue muerto y resucitó, así como la Virgen Anath, eran perfectas prefiguraciones de los Evangelios, y mucho mejores que las que podían ofrecer los fariseos (un materialista diría que la tradición palestina influyó en los compiladores de los Evangelios y fundadores del cristianismo.)

Los primeros cristianos tenían conciencia de las cualidades problemáticas del Antiguo Testamento, pero no tenían los instrumentos necesarios para desarmar las compilaciones de los Soferim o fariseos, para restaurar los textos palestinos; de modo que los fariseos (pues así fue, su enseñanza se impuso entre los judíos) se apoderaron de la herencia palestina tan indiscutiblemente como el rey Macbeth se abalanzó sobre Escocia.

(Los judíos no han dejado de enmendar la Biblia hasta nuestros días : C. E. Carlson13 y Steven Sizer14 han observado que la Biblia Scofield de referencia, publicada por la Oxford University Press, invita a la adoración de Israel de manera cada vez más explícita en cada reedición: “Gracias a una publicidad y a campañas promocionales que no conocen ningún límite, esta edición se ha convertido en la “biblia” más vendida en Estados Unidos, y esto desde hace más de noventa años. Scofiels, con aguda inteligencia, eligió no cambiar nada en el cuerpo del texto a la biblia del Rey Jaime. De manera más perniciosa, añadió centenares de notas a pie de página, fáciles de leer, en casi la mitad de las páginas, y las anotaciones mezclan con total desenfado las citas del Antiguo y el Nuevo Testamento, como si una misma gente las hubiera escrito en una misma época”. La primera edición la puntualizó y financió Samuel Untermeyer, un abogado de New York, cuyo bufete existe aún hoy, uno de los sionistas más ricos y más influyentes de Estados Unidos. Esta edición sionista del Antiguo Testamento explica en gran medida el extraño fenómeno del sionismo cristiano).

Los primeros cristianos decidieron dejar el Antiguo Testamento en el estante, pues la iglesia prohibía leer a los legos, pero no muy arriba, por si acaso. Dejaron el asunto en manos de San Pablo (y luego de San Agustín), y se fiaron de él cuando decía que hay manera de reinterpretar el Antiguo Testamento según el espíritu cristiano. Es cierto, también se puede releer el Mein Kampf como un manual sionista, y además ya se ha hecho, lo han hecho algunos antisemitas sionistas nazis, desde Adolf Eichmann hasta Donald Pauly, pero seré el primero en reconocer que esta interpretación es algo forzada. Más valdría restaurar la lectura palestina del Antiguo Testamento, pero esto no se podría hacer con facilidad, por la lucha ideológica que tiene lugar por salvar el alma de los judíos, en contra del establishment de los fariseos (y de sus herederos, los Tannaim).

Nuestro gran historiador ruso León Gumilev15 afirma que el Antiguo Testamento ha seguido siendo un integrante latente de la tradición cristiana por razones históricas: a lo largo de la guerra ideológica entre ortodoxia y gnosticismo, que se desarrolló desde el siglo primero al cuarto, los Padres de la Iglesia fueron utilizando el Antiguo Testamento como un arma muy cómoda contra ciertas concepciones esotéricas de los gnósticos. Estos gnósticos un poco exagerados consideraban el mundo material como diabólico y eran capaces de conceptuar el mundo como un lugar hostil a los hombres, tal como lo era el mundo del paradigma judío vencido. Efectivamente, las últimas llamaradas del gnosticismo (herejías albigense, maniquea y cátara) demostraron brillantemente que representaban un peligro para la sociedad. La enseñanza del carácter maléfico del mundo, si viniese a ser un éxito excesivamente rotundo, acarrearía, ni más ni menos, la desaparición de la vida humana en este planeta.

Ahora bien, la espada de doble filo del Antiguo Testamento se negaba a quedar dormida y envainada. Una importación masiva de ideas del Antiguo Testamento por los protestantes vino a devolverle la vida al paradigma judío sepultado bajo el polvo, conllevando el exterminio de los indígenas de América, los “cananeos de la nueva tierra prometida al nuevo pueblo elegido” y, por fin, el ascenso de los judíos hasta su actual preeminencia en el discurso estadounidense (y, a través de este, occidental).

Es oportuno, llegados a este punto, explicar que para este autor, “judío” designa una abstracción ideológica y metafísica, es la abreviación de “adepto del paradigma judío”. Nadie es obligadamente judío, ni tampoco cátaro o materialista dialéctico. Este término no tiene significación racial, a pesar del profundo racismo inherente a los portadores del paradigma judío. Una derivación racista nacionalista de “judío” es “sionista”, pues los sionistas centran su atención sobre el pueblo judío real, histórico, y creen en su elección exclusiva. La derivación universalista de “judío” es “mamonita”, pues los mamonitas adoptan los aspectos exteriores del paradigma judío para volverlos universales. Un “judío absoluto” es un sionista (para sí mismo y para los demás judíos) y un mamonita lo es a los ojos de los no judíos. Un no judío puede ser un sionista (falsamente altruista) o un mamonita (egoísta) pero al abrazar ambos conceptos a la vez, se convertirá en un neojudío, como Conrad Black, dueño de un montón de medios británicos. El cristiano perfecto es la antítesis de un “judío absoluto”, pues rechaza tanto el “derecho divino” de los judíos a matar a no judíos (en Palestina y otras partes), como el egoísmo mamonita hacia el prójimo. Un “cristiano perfecto” es naturalmente antisionista, ya que los judíos históricos son sus queridos hermanos potenciales en Cristo, a los cuales convendría ilustrar, en vez de aislarlos y mantenerlos apartados en cerrados guetos (por eso los antisemitas racistas no pueden ser “cristianos perfectos”). Un “cristiano perfecto” es antimamonita, pues trata a todo el mundo como al prójimo (por esto los neoliberales nunca podrían ser “cristianos perfectos”).

En los Estados Unidos, donde los judíos predominan en el ámbito del discurso, las ideas “perfectamente cristianas” se ven impedidas y no entran en el discurso, mientras que las ideas “parcialmente judías” sí se deslizan por el cedazo de los editores y profesores judíos. Así es cómo las ideas de Von Hayek, Popper y Soros, conformes con la apariencia exterior del paradigma judío, se encuentran amplificadas y centrales. Las contrapartidas estadounidense son el objetivismo, filosofía desarrollada por Ayn Rand, un escritor gurú, autor de bestsellers (tales como sus gruesas novelas Atlas Shrugged [Atlas se encoge de hombros] y The Fountainhead) y su retoño religioso, el satanismo californiano, tal como lo ubica en la Biblia Satánica Anton la Vey, Levy de nacimiento, un sionista convertido al satanismo16. Los sitios web de estas gentes no escatiman alabanzas a Israel y al sionismo y, por supuesto, a Satanás. Entre los adeptos, se encuentra Ronald Reagan, pues esta forma de satanismo es la religión del neoliberalismo: embolsillaos lo que podáis, no os ocupéis de los “demás”: elegidos son los que poseen, mientras que los desposeídos son pecadores condenados. Esto explica el miedo de los yanquis a convertirse en “perdedores”, pues un perdedor es un pecador en el mundo de la predestinación.

Así pues, se ve que la criba judía impuesta a los medios de masas termina produciendo temas abiertamente satánicos. La siguiente anécdota ilustra este punto: el director artístico de Madonna, teniendo en mente contratar a Jane Manson, llama al director artístico de Manson para hacer su pequeña investigación y preguntarle si la roquera tiene una swástika entre sus innumerables tatuajes. “Por supuesto que no”, contesta el manager de Manson, pues… “en la orquesta hay un tipo que es judío”. “Por supuesto, claro, contesta el manager de Madonna, y añade: compréndanos, no tenemos ningún problema con el satanismo, pero no podríamos aceptar ninguna forma de nazismo!”17.

“!Lo que faltaba, ahora nos viene a insinuar que los judíos son de naturaleza demoníaca! fulmina mi lector judío. Pues sí, en el sentido del “demonio” de Maxwell18. El físico escocés James Clerk Maxwell había elaborado un modelo termodinámico: una caja, con una puerta pequeña accionada por un demonio. El demonio deja entrar moléculas rápidas y deja salir las moléculas lentas. Así, la caja se puede llevar hasta una temperatura extrema, aún en una atmósfera extremadamente fría. De la misma manera, los judíos dejan entrar los temas “buenos para los judíos” en el discurso y hacen lo posible para bloquear los temas “malos para los judíos”. “Pero, ¡es que todas las comunidades hacen lo mismo!”, objeta mi lector. No exactamente. Un escritor puede describir a un inglés malo o a un gringo malo, a un árabe malo (¡adelante!) o a un musulmán malo, y no recibirá una sola carta de protesta. Un escritor puede escenificar a un cura homosexual, no recibirá jamás una sola carta que afirme: “pero ¡no todos los curas son homosexuales, que yo sepa!” o que le pida que “reequilibre el prejuicio” mostrando un sacerdote santo en su próxima novela.

Por el contrario, cualquier descripción negativa de un personaje judío va a chocar con un demonio de Maxwell. Dickens dibujó a Fagin, un jefe de pandilla repulsivo, en su novela Oliver Twist, y tuvo que enfrentarse a los nutridos disparos de cartas y preguntas delestilo de “pero si todos los judíos no son unos Fagin!”. Dickens no lo afirmó nunca, pero tuvo que presentar disculpas a los judíos al principio de cada una de las conferencias que fue a dar a los Estados Unidos. Esto le sirvió de lección y nunca más volvió a mostrar judíos que no parecieran angelicales.

Desde esa época, por cierto, muy pocos han sido los autores que se atreven a introducir un personaje negativo judío en sus obras. John Le Carré logró la hazaña de escribir una novela, Single and Single, que trata del desmantelamiento de la Unión Soviética y del saqueo masivo de propiedades públicas que siguió, sin que figurase en ella un solo judío. ¡Vaya proeza! Quien desee emularlo tendrá que escribir un libro sobre la Mafia sin mencionar a ningún italiano.

Alexander Solyenitzin se encontró confrontado con el mismo problema19, pues en sus escritos hay personajes judíos complejos. Son oficiales de la KGB, informantes, jefes de cárceles. Ninguno de ellos da pie a la diabolización, pero a ninguno tampoco lo beatifica. A Solyenitzin se le atacó inmediatamente y se le propuso una tabla de salvación: introducir a un personaje principal que fuese “un judío noble y audaz”. Prefirió ignorar este “consejo”.

Así es cómo se fue creando el mundo en el que vivimos. Como la caja administrada por el demonio de Maxwell, este mundo se encuentra “sobrecalentado” porque cualquier crítica a los judíos se encuentra eliminada de antemano. Hay chicos malos de obediencias múltiples en las obras de ficción y en los medios, pero prácticamente nunca el menor judío. “Los judíos son como los demás”, suelen repetir mis buenos amigos judíos. Pero en el espejo que tiende el discurso, los judíos son, generalmente, o santos o mártires. Para poder normalizar el discurso, salvar a Palestina y el conjunto del Oriente Próximo, y también salvaguardar los restos de cristianismo en Occidente, hay que eliminar al demonio de Maxwell.

Los judíos de los medios de comunicación no tienen el poder de autorizar la menor crítica a los judíos, diríjase esta contra los magnates de los medios o contra Israel, o contra los demonios que son los neoconservadores. El cedazo que han tejido está en camino de cobrarles a Cristo y a los cristianos los crímenes de los sionistas. La ciudad de Bagdad saqueada aún está aturdida por los golpes recibidos, y ya el sionista de izquierda Saúl Landau ha publicado un artículo subtitulado20: “Salid de compras, entrad a la iglesia, apoyad la guerra de Bush!” De este modo, el régimen más anticristiano de Bush y Wolfowitz se nos presenta de manera falaz como el cristianismo encarnado.

Jeffrey Blankfort (una voz antisionista, fuerte y rigurosa, prueba viva de que un descendiente de judíos no está condenado a sumarse al paradigma judío) señaló que “Landau no dice una palabra del papel de los neoconservadores judíos y de Israel en la incitación para que los Estados Unidos ataquen Irak, haciendo recaer toda la culpa sobre los cristianos regenerados”.21

Esto nos trae de nuevo al quinto elemento de Luc Besson, pues en la película, como en la vida real, ZOG-Zog no es una fuerza independiente. Es un esclavo de Mamón, secuaz de Satanás, y ayuda a la fuerza oscura a cumplir su tarea metafísica, es decir, ocultar la luz de Cristo y hacer de nuestro mundo un desierto sin dios. Por eso envía las excavadoras a arrasar las flores en Palestina, a las tropas a devastar a Bagdad y Damas, amenazando París y Moscú, a pervertir a la cristiandad.

Existe acaso una posibilidad, por ínfima que sea, de salvar al mundo de las maniobras de La Sombra? Da la impresión de que el poder del rey Zog está tan firme en Washington como lo era en la Albania de la preguerra, tan firme como el reno del rey Macbeth en su Escocia, pues ningún hombre común tiene estatura para vencerlo. Pero el pasado domingo de Ramos di una vuelta mientras bajaba la pendiente del Monte de los Olivos desde Bethpage, ahí donde nuestro Señor, que no era un cualquiera, se subió al burro, hasta la puerta del León en Jerusalén, en medio de una enorme procesión donde todas las obediencias estaban confundidas, pues, milagrosamente, las grandes iglesias de Oriente y Occidente habían decidido este año celebrar juntas las fiestas de la Resurrección en Palestina.

Esto fue un mensaje de extrema importancia, pues la iglesia ortodoxa resalta el Cristo dios, mientras que la iglesia latina insiste en el Cristo hombre, a la vez que los musulmanes, nuestros hermanos, honran al Espíritu Santo de Dios y a todos nos une el amor a la bella tierra de Palestina y su Señora. Así fuimos caminando, ciudadanos de Jerusalén y Nazaret, Belén y Jaffa, aldeanos de Taybéh y Abboud, monjas, monjes y sacerdotes, alzando palmas y cantando Hosanna, y aquello parecía la Selva de Birnham avanzando hacia Dunsinane…

Traducción : Maria Poumier

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1 Michael Lind, en New Statesman, 7 de abril 2003.
2 http://www.yellotimes.orgt.php?sid55

3 21 de febrero 2003, Executive Intelligence Review.

4 Jerusalem Post, “No place in new Irak for Palestinians’, por Douglas David, 10 de abril 2003.

5 Arcilla, paloma mensajera, son los términos que utilizaban los sionistas para describir a los judíos árabes en los años 1950. La misma palabra se utiliza en la liturgia hebrea para describir la creación del hombre.

6 “‘Occupied Territory’, Congress, the Isfrel Lobby and Jewish Responsibility”, por Jeffrey Blankfort, City Lights Review, “War after War”, 1992, City Lights books.

7 http://laeusinpaesens.org/docs00s/assmeta.php

8 http://www.yellotimes.org/print.php?sid=1155

9 Ley judía para la alimentación.

10 The Nation, 21 de abril 2003, http://www.thenation.com/doc.mhtml?i=20030421£s=alterman; cita de Bar Zohar, en su biografía de Ben Gurión.

11 Cita de Bar Zohar, en su biografía de Ben Gurión.

12 Ver sus obras en http://www.arctogaia;com

13 “Why Most Christian Evangelicals Favor War”, por E. E. Carlson, http://www.whtt.org.articles/02080.htm

14 http://virginiawater.org.uk/christchurch

15 Ver Lev Gumilev, “Rusia y la gran estepa”.

16 Por ejemplo : http://www.slip.net/~wolf/vad/satan/cos/ayn_rand.txt

17 Leah Garchik “Oh, the romance of it”, San Francisco Chronicle, 7 de noviembre 2002.

18 Se trata de un hipotético ente inteligente (o una maquinaria equivalente desde el punto de vista de la funcionalidad) capaz de detectar los movimientos de moléculas individuales, y de actuar sobre ellas. Lo imaginó James Clerk Maxwell en 1871, para ilustrar la posibilidad de violar la segunda ley de la termodinámica. Lo que plantea en esencia esta ley es que el calor no sale naturalmente de un cuerpo fresco hacia otro más caliente; se necesita gastar trabajo para que esto suceda. Maxwell contemplaba dos recipientes llenos de gas a la misma temperatura y comunicando por un agujero pequeño. Se podía abrir o cerrar el agujero mediante un “ente” capaz de dar paso a moléculas individuales de gas. Al pasar solamente las moléculas de movimiento rápido de la vajilla A a la vajilla B, y sólo las lentas de B hacia A, el “demonio” lograría una transferencia de energía molecular cinética, desde A hacia B. El exceso de energía en B se podría utilizar para actualizar cierto trabajo (por ejemplo generando vapor) y el sistema podría convertirse en una máquina animada por el movimiento perpetuo. Al permitir dar paso a todas las moléculas solamente desde A hacia B, se crearía una diferencia de presión utilizable entre los dos recipientes. En los años 1950 el físico francés Léon Brillouin exorcizó al demonio demostrando que el descenso de entropía resultando de las acciones del demonio resultaría superado por el aumento de la entropía durante el proceso de elección de las moléculas rápidas y lentas (EB).

19 Según su texto “Los judíos en Rusia y en la Unión Soviética” de 1967, publicado en 2001.

20 “The last Days of Born-Again History”, sitio web de CounterPunch.

21 Blankfort dice además lo siguiente : “Israel siempre ha sido el punto flaco de Landau como lo es para la mayoría de los judíos de izquierda, felizmente no para todos. Veinte años atrás, él escribió que las dos ancianas palestinas que se veían en un documental llorando por sus casas destruidas y el asesinato de sus parientes queridos en Gaza no parecían auténticas. Me pregunto lo que diría si alguien escribiese lo mismo refiriéndose a sobrevivientes del holocausto judío en la segunda guerra mundial”.

24/7/2003

Los Halcones Dicen las Cosas Más Extrañas

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Mark Engler

Si quieren un indicio de hasta dónde llega el escándalo de las armas de destrucción masiva, sólo fíjense en lo que los apologistas admiten como las “verdaderas razones” para la guerra.

Seguir la pista a la “verdadera razón” para la invasión a Irak puede ser una dura tarea en estos días. La administración Bush mantiene tozudamente que su aseveración acerca de las armas de destrucción masiva (ADM) fue legítima. Pero ahora se ha destapado una letanía de apologistas con otras explicaciones. A medida que se ha hecho evidente que es improbable que el mortífero arsenal de Saddam se materialice, estos defensores argumentan que la invasión a Irak no se trataba del peligro de un inminente ataque por parte de Saddam.

Este control político de daños puede ser una fascinante lectura porque, al proponer sus razones alternativas, los halcones no solo están revelando mucho acerca de la torcida ideología del aventurerismo militar unilateral - están haciendo admisiones extraordinarias acerca de por qué debiera hacerse una investigación de las mentiras del presidente.

“Las ADM nunca fueron la razón básica para la guerra. Ni tampoco la horrible represión en Irak. Ni el peligro que Saddam representaba parta sus vecinos”, escribe Daniel Pipes, un columnista conservador de The New York Post. Todo esto debe ser una sorpresa para el pueblo norteamericano, a quién se hizo un llamado para que confiara en cada una de estas ideas. Pero al eliminar tales justificaciones, Pipes prosigue explicando que “La campaña en Irak es acerca del mantenimiento de las promesas hechas a Estados Unidos o atenerse a las consecuencias”.

Su idea es que, como Saddam Hussein había estado jugando al gato y al ratón con los inspectores de armas durante años, Estados Unidos tenía derecho a derrocarlo. ¿A quién le importa si realmente tenía un arsenal? El mero hecho del desafío es un precedente incompatible con el proyecto neoconservador de proyectar la dominación de EE.UU.

“Mantengan sus promesas o se van. Es un precedente poderoso que los líderes norteamericanos deben aprovechar al máximo”, dice Pipes.

Aunque esta posición puede ser una importante premisa para una política exterior imperial, no es diplomáticamente sostenible para la Casa Blanca el argumentarla abiertamente. Ni es seguro que el pueblo norteamericano estaría dispuesto a arriesgar la vida de sus soldados si la administración admite abiertamente que no existe peligro real en Irak, sólo un bravucón menor que amenaza nuestra posibilidad de lucir duros.

Thomas Friedman en The New York Times es más moderado que Pipes, pero no menos inflexible en su defensa de la guerra en Irak. Él también argumenta que la “verdadera razón” para la invasión fue la necesidad de Estados Unidos de enviar un mensaje al “mundo árabe-musulmán”.

“Destrozar a Arabia Saudí o a Siria hubiera estado muy bien”, escribe Friedman. “Pero atacamos a Saddam por una sencilla razón: porque podíamos, y porque se lo merecía y porque estaba justo en el corazón de ese mundo”.

Por supuesto, Friedman admite que esta argumentación contradice “la razón declarada” para el ataque: “Argumenté antes de la guerra”, dice, “que Saddam no significaba una amenaza (inmediata) para Estados Unidos, y que no tenía vínculos con Al Qaeda, que no podíamos llevar a la nación a la guerra sobre ‘la base de una mentira’”.

¿La base de una mentira? Con amigos como ese, ¿quién necesita enemigos políticos que pidan una investigación del Congreso?

Hasta los más favorables a los argumentos de la administración Bush se han visto forzados a hacer unas declaraciones sorprendentes. Kenneth Pollack, autor de La tormenta amenazante: las razones para invadir a Irak, no es ningún pacifista. Pero aún cuando dice que las tropas encontrarán las bombas de Saddam, el admite que tales armas nunca justificaron la acción rápida.

“¿Por qué fue necesario dejar de lado todas nuestras prioridades de política exterior para ir a la guerra contra Irak en la primavera del 2003? Desafortunadamente, parece que hay cierta verdad en las aseveraciones de que algunos miembros de la administración torcieron, exageraron e incluso distorsionaron inteligencia en bruto para forzar al pueblo norteamericano y a aliados renuentes a ir a la guerra contra Irak.”

“No hace falta decir”, escribe Pollack, “que si el pueblo hubiera pensado que a Irak le faltaban varios años para tener un arma nuclear, en vez de unos meses, probablemente hubiera habido mucho menos apoyo para la guerra”.

¿Serán esas las personas en que estaba pensando el Secretario de Prensa de la Casa Blanca Ari Fleischer cuando llamó “teorías de conspiración” y “tonterías” a las críticas hechas a la administración?

El Presidente Bush se debate entre asegurar que seguramente localizaremos las armas de destrucción masiva en el futuro, a decir que esas armas ya han sido encontradas. Cifras de encuestas de la Universidad de Maryland muestran que al menos un tercio de los norteamericanos creen esa última idea, lo cual la derechista National Review califica como un “error” cometido por un “presidente frustrado”. Y además 22 por ciento piensan que estas armas fueron desplegadas por Saddam Hussein durante el conflicto.

La administración Bush tiene un claro interés en perpetuar esta confusión. Pero eso no quiere decir que los periodistas debieran seguirle la corriente. Cuando hasta los apologistas están diciendo que el presidente llevó al país a la guerra bajo falso pretextos, los reporteros tienen amplia razón para estar buscando en las profundidades del escándalo de las ADM. Y todos tenemos razón para sentirnos indignados.

Mark Engler,
escritor que vive en la ciudad de Nueva York,

Nos ha puestos a parir a todos

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Juan Francisco Martín Seco
Estrella Digital. España, 9 de julio.

“Presidente, usted nos ha puesto a parir a todos”, no pudo por menos que exclamar Cuevas al terminar la reunión de Kirchner con los representantes de las grandes empresas españolas. Y es que los empresarios tuvieron que oír del alto mandatario argentino una serie de verdades. Verdades, sí, aunque a medias.
Ante sus actuales quejas, Kirchner vino a decirles que hay que estar a las duras y a las maduras, les recordó los pingües beneficios obtenidos en la década de los noventa, que en muchas ocasiones significaron recuperar en muy pocos años la totalidad de la inversión realizada. Bien es verdad que no todos los casos han sido similares ni todas las inversiones se realizaron en el mismo momento. Empresas ha habido que llegaron tarde y quizás no tuvieron tiempo de forrarse. Algún empresario se lo hizo notar al presidente argentino. “¿No tienen ustedes asesores? -fue la respuesta de éste-, porque todo el mundo sabía, excepto el Fondo Monetario Internacional, que el sistema no podía sostenerse”.

No es de extrañar que los empresarios se quedasen atónitos porque Kirchner les dio donde más les duele, traducido a román paladino, les vino a decir: “Está bien que ustedes sean sinvergüenzas, pero no tontos. Una cosa es practicar la verborrea del neoliberalismo económico para expoliar al personal y otra muy distinta creerse sus dogmas. Eso queda para los burócratas del Fondo. Se puede aceptar que ustedes apostasen por la dolarización, puesto que tan bien les iba para sus negocios; pero cualquier economista medianamente enterado sabía que la situación se haría insostenible a largo plazo. Entrar al final, cuando todos los argentinos estaban sacando sus capitales, no dice mucho de su perspicacia”.

¿Ustedes no tienen asesores? Les sobran, y muy bien pagados. El problema es que todos son de cámara. Dispuestos a decir únicamente lo que el jefe quiere oír. Se les paga para que construyan un discurso ad hoc; para que convenzan al personal de lo que conviene al poder económico, y en ese papel de apologetas terminan creyéndose sus propias mentiras.

Era bastante evidente que la política aplicada por Menem y puesta como ejemplo por el FMI y el resto de voceros del neoliberalismo era muy rentable para las empresas extranjeras, pero conducía al desastre al país. Lo malo del capitalismo salvaje es que termina matando la gallina de los huevos de oro. El Estado argentino fue expoliado a través de las privatizaciones. Todos sus servicios estratégicos pasaron a manos extranjeras. Contratos draconianos garantizaban las tarifas y el cobro en dólares. La dolarización era perfecta para los inversores, pero no podía durar. Sólo un dogmatismo militante, muy alejado del pragmatismo empresarial, sería capaz de creer lo contrario.

Kirchner dijo verdades, pero no todas las verdades. No se puede atribuir toda la culpa a las empresas españolas o estadounidenses; es más, ni siquiera se las puede considerar máximas responsables. Al fin y al cabo, como el escorpión de la conocida fábula, “está en su naturaleza”. Carece de todo sentido buscar en las grandes empresas motivaciones éticas, u otras finalidades que no sean la obtención del máximo beneficio. Si algún reproche puede hacérseles es el de haber tensado demasiado la cuerda hasta propiciar que se rompiese con el consiguiente coste. Claro que ese coste lo terminarán pagando los consumidores españoles a través de tarifas abusivas para compensar las pérdidas que ahora obtengan en Latinoamérica.

Medias verdades, porque la máxima responsabilidad se encuentra en los gobiernos argentinos que se dejaron seducir por los cantos de sirena o por el tintineo de las monedas. Ellos son, en especial el Gobierno de Menem, los que instrumentaron una política económica que ha arruinado al Estado argentino y ha conducido a su economía al mayor desastre. Claro que, como siempre, no todos los argentinos han terminado perdiendo, ni los beneficiados han sido únicamente las empresas extranjeras. Las élites nacionales se debieron de poner las botas. Uno de los elementos que ha desencadenado la catástrofe argentina ha sido la enorme evasión de capitales que el Estado nunca debió consentir.

Pero con todo, para mí, lo más sorprendente del encuentro de los empresarios con Kirchner se encuentra en la confesión que éste hizo de haber sacado fuera del país, como gobernador de la provincia de Santa Cruz, los 600 millones de dólares que pagó Repsol por los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). ¿Cómo no iba a hundirse la economía argentina?

20/7/2003

Genocidio sionista. Evidencias

Posted in: — @ 3:58 pm
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por de imc barcelona • Monday May 06, 2002 at 10:06 PM

Relato de un visitante que vio la devastación causada por Israel en jenin y la destrucción de toda memoria administrativa del estado palestino. Impedir la presencia de una comisión de NU es un crimen contra la humanidad. Israel-EEUU son una verguenza para el mundo

Título original: Amid the Ruins of Jenin The Grisly Evidence of a War Crime

Autor: Phil Reeves

Origen: The Independent, 16 de abril de 2002

Traducido por Francisco González y revisado por Germán Leyens

Entre las ruinas de Yenín: la terrible evidencia de un crimen de guerra

Phil Reeves

Yenín. Un monstruoso crimen de guerra que Israel ha intentado ocultar durante dos semanas ha sido por fin puesto al descubierto. Sus tropas han arrasado el centro del campo de refugiados de Yenín, adonde llegó ayer el diario The Independent y donde miles de personas están todavía viviendo entre las ruinas.

Un área residencial de unos 130.000 metros cuadrados, de aproximadamente 800 m de ancho, ha sido completamente demolida. Las excavadoras han amontonado escombros en pilas de hasta 10 metros de altura. El aire está impregnado del olor empalagoso y horrendo de la putrefacción de cadáveres, prueba de que estamos en una tumba humana. Los habitantes que pasaron varios días escondidos en sótanos –apretujados unos contra otros mientras explotaban las bombas– dicen que hay cientos de cadáveres enterrados bajo un campo de escombros entrecruzado por las huellas de los tanques.

En un edificio cercano, medio destruido y quemado, yace cubierto por una manta de tartán el cuerpo de un hombre arrojado allí por una explosión. En otro encontramos los restos de Ashraf Abu Hejar, de 23 años, detrás de las ruinas de una habitación ennegrecida por las llamas, que lo aplastó al recibir el impacto de un misil. Tiene la cabeza encogida y denegrida. En otro vemos cinco hombres cubiertos con mantas; llevan varios días muertos.

Un joven callado y de aspecto triste, llamado Kamal Anis, nos sirve de guía por este lugar arrasado, cubierto por los pedazos de lo que un día fueron casas, goma-espuma, jirones de ropa, zapatos, latas, juguetes. De pronto se detiene. “Esto”, dice señalando con el dedo, “es una tumba colectiva.”

Nos quedamos parados mirando la montaña de escombros. Nos dice que aquí vio como los soldados israelíes amontonaron 30 cadáveres detrás de una casa medio destruida. Una vez apilados los cuerpos, derribaron la casa con la excavadora para que quedaran enterrados bajo los escombros. A continuación apisonaron la zona con un tanque. No podíamos ver los cuerpos. Pero los olíamos.

Hace unos pocos días, tal vez no hubiéramos creído lo que nos cuenta Kamal Anis. Pero las descripciones que habían dado los numerosos refugiados huidos del campo de Yenín no eran exageraciones (como muchos temíamos y los israelíes nos querían hacer creer) sino todo lo contrario: aquellas descripciones se quedaban cortas, y no me habían preparado para lo que vi ayer. Ahora los creo.

Hasta hace dos semanas había varios centenares de casas pegadas unas a otras en este barrio llamado Hanat al-Hauashim. Hoy ya no existen.

Alrededor de las ruinas centrales hay muchos cientos de viviendas parcialmente destruidas. La mayor parte del campo -que albergaba a 15,000 palestinos refugiados de la guerra de 1948- se está derrumbando. Todas las paredes están quebradas y moteadas con los agujeros de balazos y metralla, testimonio del terrible poder destructivo de los helicópteros Cobra y Apache que atacaron este campo.

Un edificio tras otro han sido destrozados, con sus muebles baratos de madera falsa y sillas de plástico blanco esparcidos por la carretera. Cada dos edificios se ve la marca enorme y chamuscada del impacto de un misil de helicóptero. En la noche de ayer había aún muchas familias y niños llorando, viviendo entre las ruinas, aislados de la ayuda humanitaria. De manera inquietante, no vimos a ningún herido, aunque nos informaron que un hombre había sido rescatado de entre las ruinas una hora antes de que llegáramos.

Los que no huyeron del campo o no fueron detenidos por el ejército se refugiaron en los sótanos, donde soportaron el horror de los bombardeos un día tras otro. Los soldados entraban en las casas derribando los muros, y forzaban a algunos a meterse en otras habitaciones. Naciones Unidas indica que la mitad de los residentes del campo tenía menos de 18 años. Mientras caía sobre estos mataderos el silencio del fin de la tarde, oímos de pronto las voces de niños hablando unos con otros. Las mezquitas, antes tan bulliciosas en la hora del rezo, estaban calladas.

Israel estaba, aún ayer, tratando de ocultar este espectáculo. Durante casi una semana negó la entrada a las ambulancias de la Cruz Roja, en violación de la Convención de Ginebra. Ayer seguían todavía intentando mantenernos fuera del campo.

Yenín, en el extremo norte de la ocupada Cisjordania, seguía siendo una ‘zona militar cerrada’, rodeada por tanques Merkava, patrullas de jeeps del ejército y vehículos acorazados de transporte de personal. El día anterior, el ejército israelí seleccionó a algunos periodistas y los llevó a visitar zonas adecentadas del lugar. Nosotros sencillamente fuimos caminando campo a través, nos escabullimos con disimulo por un pequeño olivar que dos tanques israelíes no estaban vigilando en ese momento, y entramos en el campo

Nos fuimos guiando por manos que nos hacían señas desde las ventanas. Gente escondida, hablando en murmullos, nos señalaba el camino por callejones estrechos, por donde creían que no habría soldados. Cuando había soldados cerca, alguien levantaba un dedo de aviso, o nos hacía un gesto para que retrocediéramos. Gentes ansiosas por contar lo que había ocurrido nos daban la bienvenida. Hablaban de ejecuciones, excavadoras demoliendo casas con la gente todavía dentro. “Esto es una matanza de Ariel Sharon,” dijo Jamel Saleh, de 43 años. “Nuestro odio por Israel es más fuerte que nunca. Mire este muchacho”. Apoyó la mano en la cabeza despeinada de un niño pequeño, Mohamed, de ocho años, hijo de un amigo. “Él vio toda esta maldad. Se acordará de todo.” Y todos los demás se acordarán también, todos los que vieron el horror del campo de refugiados de Yenín. Los palestinos que entraron ayer en el campo estaban tan atónitos que apenas podían hablar.

Rajib Ahmed, del departamento de Energía de la Autoridad Palestina, vino a reparar las líneas de suministro eléctrico. Se estremecía de furia. “Esto es una matanza. Vine aquí para ayudar, pero lo único que he encontrado ha sido esta devastación. Mire y vea con sus ojos.” Todos tenían el mismo mensaje: “dígaselo al mundo”.

UN CADAVER ACUSA A BLAIR Y A BUSH

Posted in: — @ 3:57 pm
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LAS MENTIRAS PARA INVADIR IRAK

Por: Emilio J. Corbière (especial para ARGENPRESS.info) (Fecha publicación:18/07/2003)

El cadáver de David Kelly acusa a Tony Blair y a George W. Bush. ¿Asesinato? ¿Suicidio? ¿Suicidio inducido? ¿Muerte por la presión irresistible del Gobierno? De cualquier manera se trata de otro crimen de Estado, cualquiera sea la circunstancia. El experto en armas bacteriológicas fue acusado de pasar información a la BBC de Londres que cuestionaban las causas de la invasión a Irak que había sostenido Tony Blair.

Ver también:
‘HALLAN CADAVER’ DE ASESOR BRITANICO (del 18/07/2003)

Hay conmoción en Gran Bretaña. El inspector de armas de las Naciones Unidas, David Kelly, conocía minuciosamente la situación bélica iraquí. Estuvo en ese país 37 veces entre 1994 a 1999, como inspector, y siempre negó que Saddam Hussein tuviera, al mo