Por Vincenzo Vinciguerra
Ya lo hemos dicho y ya lo hemos escrito: las masacres del 12 de diciembre de 1969, aquella frustrada de Roma y la llevada a cabo en Milán, no habían sido suficientes para inducir al gobierno democristiano a plegarse a los deseos del presidente de la Republica Giuseppe Sagarat proclamando el “estado de emergencia”.
Las dos masacres debían preceder una manifestación nacional convocada en Roma por el MSI para el 14 de diciembre de 1969.
El qué hubiera sucedido, después de que los “rojos” hubieran sembrado la muerte en dos ciudades italianas, es fácilmente intuible. Si acaso no bastaban los ánimos excitados de los participantes, una atenta programación habría provocado otros incidentes y otros muertos. Un plan perfecto, porque si el gobierno hubiese prohibido por motivos de orden público la manifestación del 14 de diciembre, bastaba diferir todo para el 15, cuando se verifican, en Roma, los funerales porlos caídos.
Roma era la única ciudad italiana en la que la derecha podía contar con un “baluarte” suficientemente fuerte, hasta el punto de movilizar algunos millares de militantes y simpatizantes capaces de crear violentos incidentes tanto contra los adversarios políticos como contra las fuerzas de policía.
En Roma, se podía hacer aquello que no era posible realizaren Milán, donde la “calle” estaba ferreamente controlada por la izquierda. Pero, en la Capital , afortunadamente no hubo muertos, y el plan no prosperó.
La proclamación del “estado de emergencia” pasaba por tanto por los dos eventos conectados: las masacres y los incidentes callejeros, suficientemente sangrientos para tal fin. Un aviso preventivo para los promotores del “golpe de Estado”, es emitido el 13 de diciembre de 1969 por los servicios secretos británicos, desde siempre hostiles a Giuseppe Sagarat, que en el diario de Edimburgo “Scotsman” establecen la conexión entre la masacre acontecida en el interior de la Banca de Agricultura, el día antes, y la manifestación nacional convocada por el MSI el día después, 14 de diciembre.
Años luz tan alejada de la verdad, estaba la magistratura y, con ella, todos aquellos que se empeñaban en buscar la verdad sobre la masacre del 12 de diciembre de 1969, que algunos de los protagonistas de entonces se sintieron autorizados para reproponer el mismo esquema operativo en la primavera de 1973.
En el escenario de un nuevo “golpe”, el 24 de marzo de 1973 la federación del MSI de Milán imparte las directivas para una concentración nacional que deberá tener lugar en la capital lombarda el 12 de abril de 1973.
El 7 de abril de 1973, el missino Nico Azzi, tras haber paseado por los vagones del tren Turín-Roma con el periódico “Lotta continua” en la mano, se encierra en el baño del compartimento para detonar una bomba que deberá provocar la masacre. Por impericia, sin embargo, hace explotar el detonador que lo hiere, y la vida de los pasajeros queda a salvo.
El 12 de abril de 1973, se desarrolla en Milán la ya programada manifestación del MSI con bombas de mano a la consecución que provocan la muerte del agente de PS, Antonio Marino, por atribuir, como escribe “Il Secolo d’Italia” al día siguiente a “infiltrados” comunistas en el cortejo de los jóvenes misinos. Parece, ictu oculi, que el esquema operativo es el de diciembre de 1969: las masacres “anarquistas” el 12 de diciembre de 1969; la matanza “roja” en el tren Turín-Roma el 7 de Abril, la concentración nacional del MSI en Milán el 12 de abril de 1973.
La conexión es evidente, pero no basta, para encajar la pieza final tenemos como evidencia la presencia de Giancarlo Rognoni, ordinovista en diciembre de 1969, missino en abril de 1973. Es el mismo Giancarlo Rognoni que trabajaba en la Banca comercial de Milán el 12 de diciembre de 1969, cuando los amigos depositaron en su interior una bomba que no debía explotar, para justificarlo de toda sospecha.
Quien está detrás de Rognoni, es además de los misinos Franco Mario Servello, Gastone Nencioni e Ignazio La Russa , Carlo Maria Maggi, Pino Rauti, Delfo Zorzi, Paolo Signorelli, la élite de Ordine Nuovo y de los colaboradores de los servicios secretos y del cuerpo de carabineros. Se encontrarán juntos, algunos años más tarde, en el banco de los imputados, Giancarlo Rognoni, Delfo Zorzi y Carlo Maria Maggi, para responder por la participación en la matanza de plaza Fontana aunque, por increíble que pueda parecer, nadie notará que los mismos personajes habían representado, incluso por dos veces, un mismo esquema operativo – masacre y manifestación inmediatamente después- para llegar al “golpe de Estado”.
El Tribunal de Roma ha sido definido como el “puerto de la niebla” por la capacidad de sus magistrados de estancar toda investigación candente e incómoda para el poder político, definición igualmente adecuada para el de Milán, porque sus magistrados no se distinguen de los romanos en nada (si es que no son peores).
Mientras Gerardo D’Ambrosio está empeñado en circunscribir las indagaciones sobre la matanza de Plaza Fontana a la “célula negra” de Padua, sus otros colegas hacen por determinar una verdad procesal que vea como protagonistas de la masacre fallida del 7 de abril de 1973 en el tren Turín-Roma, solo a cuatro personas: Giancarlo Rognoni, Nico Azzi y los De Min y Marzorati, encasillados como componentes del grupo “La Fenice ” cuando, sin embargo, son ya a todos los efectos militantes del MSI.
Los magistrados milaneses impulsan su celo hasta el punto que cuando, el 13 de diciembre de 1973, en el garaje del padre de Pietro Battiston, la policía encuentra explosivo idéntico al usado para la masacre frustrada del 7 de abril de 1973, no solo no incrimina a la persona por participación, aunque esté también ligada a Giancarlo Rognoni y a los otros imputados, sino que la absolverá acogiendo la tesis de la defensa de que el explosivo, con relativas mechas y detonadores, había sido puesto en el garaje por adversarios políticos que querían hacerlo arrestar.
Ninguna investigación se realiza sobre las conexiones entre Giancarlo Rognoni, Carlo Maria Maggi y Pino Rauti. Ningún intento de comprender la lógica de un atentado que debería haber sembrado la muerte en un tren de pasajeros.
Así, entre despistes judiciales, incompetencia profesional, incapacidad humana y falta de inteligencia, la magistratura ha conseguido encubrir la verdad sobre la guerra civil italiana y, precisamente por esta razón, ser recubierta de meritos y de honores.
Sin embargo, aún permanece inalterable la verdad de los hechos: parte de los protagonistas de los sucesos de diciembre de 1969, en un similar contexto “golpista”, reproponen el mismo, idéntico esquema operativo en abril de 1973.
No se trata de opiniones o hipótesis formuladas sobre la base de indicios, sino de una lectura serena de los hechos históricamente comprobados y acaecidos, y en cuanto tales, no desmentibles ni interpretables.
-El 12 de diciembre de 1969, dos masacres (una frustrada y una llevada a cabo), el 14 de diciembre de 1969, la manifestación nacional del MSI en Roma;
-El 7 de abril de 1973, la masacre frustrada en un tren, el 12 de abril de 1973 la manifestación nacional del MSI en Milán:
El 12 de diciembre de 1969, los muertos fueron “pocos” y sólo en Milán, y la manifestación prohibida…
El 7 de abril de 1973, los muertos deberán ser en número mayor y la manifestación se hará, con el corolario de otros muertos.
¿Los protagonistas de los dos eventos?
Siempre los mismos, los hombres del Frente Nacional, Orden Nuevo, Movimiento Social, servicios secretos, oficiales de las Fuerzas Armadas, etc.
¿Cuándo se decide la matanza del tren “Turín-Roma”?
No puede haber dudas: el mismo día en el que los mandos nacionales y milaneses del MSI deciden convocar para el 12 de abril de 1973 la manifestación nacional en la capital lombarda.
¿Cuándo se decide la operación de masacre del 12 de diciembre de 1969, sino el mismo día en que los mandos nacionales del MSI decidieron convocar una manifestación nacional en Roma para el 14 de diciembre de 1969?
Todo vuelve al número de las conexiones que ignoran los hechos, para que se puedan contrastar con deseo de reconstruir una verdad no que sea diferente, sino diametralmente opuesta a la impuesta por el poder judicial concertado con los otros poderes del Estado.
La presencia en los funerales del terrorista frustrado Nico Azzi, de Ignazio La Russa , también él protagonista de aquellos sucesos como elemento destacado de la federación del MSI del Milán, nos confirma la unidad de intenciones y proyectos que existía – y que siempre ha existido – entre el MSI y la derecha extra-parlamentaria llamada a hacer aquello que los hombres del partido no podían hacer, por la subdivisión de roles y competencias que era funcional a la consecución de un objetivo común.
Hoy, “golpistas” y “terroristas” de ayer se sientan en los bancos del Senado y de la Cámara , junto con los jueces incompetentes o documentalmente ‘desorientados’, los unos y los otros empeñados en gobernar al pueblo italiano, bajo la mirada benévola de “papas”, Noemis ,etcétera.
Pobre Italia.
Trad: A. Muñoz



1 response so far ↓
1 ytafajigomu // Aug 22, 2009 at 1:47 pm
ytafajigomu…
Unviersity Of Toronto …
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