Vincenzo Vinciguerra
Lo hemos visto todos. Una masacre en directo en el corazón de Nueva York. Dos aviones de pasajeros lanzados, uno tras otro, contra las Torres gemelas símbolo del poder económico americano; un tercero estrellado contra el Pentágono; un cuarto abatido, probablemente, por cazas americanos en los alrededores de Pittsburgh. Lo hemos visto centenares de veces, y millares de veces más lo volveremos a ver porque el circulo mediático enfeudado a América considera que ha encontrado las imágenes del acontecimiento del siglo, sobre el que instituir la definitiva santificación de los Estados Unidos como madre del mundo, en torno a la cual los hijos se abrazarán en el momento del dolor y se volverán a unir para la inminente venganza contra aquellos que han osado desafiar al Imperio golpeándolo sobre su territorio, masacrando a sus ciudadanos, destruyendo sus símbolos. A las imágenes se acompañan las palabras. Millones de palabras. Chapoteamos en un océano de proclamas, discursos, conmemoraciones, incitaciones al odio y a la represalia. Sin embargo, no hemos oído una sola palabra sobre las motivaciones que determinado que un grupo sacrifique su propia vida junto a la de varios miles más, para atacar a los Estados Unidos de América. Ni una.
Por una vez, también el omnipresente (en las telepantallas italianas) cardenal Ersilio Tonini, ya consejero espiritual de Raul Gardini, ha arrojado la máscara de compasivo y tolerante a ultranza para pronunciar palabras que rezuman odio: “Deben pagarlo caro. Lo “pagarán caro, miles y miles de hombres inocentes.. Lo pagan caro millones y millones desde que los Estados Unidos de América iniciaron su marcha para conquistar la supremacía mundial. Pero para las hecatombes cometidas por los Estados Unidos y por sus aliados no existen imágenes ni palabras.




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